Viernes, 19.07.2019 - 15:03 h
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Técnica china para provocar amnesia en Occidente usando su poderío económico

Los informativos de televisión mostraron en días pasados las cualidades de la esposa del presidente chino durante la visita oficial de ambos a España. Peng Liyuan es una destacada cantante de música folklórica de su país, que además mantiene su grado de mayor general en el Ejército Popular de la República de China. En su visita a España, Peng Liyuan, regaló uno de sus discos a la reina Letizia.

Daba la impresión de que las mujeres ocupan un lugar destacado en la vida política china. Pero no es así. No hay ninguna mujer en el Politburó, el órgano más importante del gobierno, y solo una cuarta parte de su asamblea popular está compuesta de mujeres. En España más del 40%.

Los informativos tampoco hablaron de que el Ejército Popular de Liberación de China, del que forma parte al esposa del presidente, se llama así después de ganar una guerra civil en 1949, muy parecida pero en mayor escala, a la guerra civil española. Allí fue al revés: ganaron los comunistas, que desde entonces, mantienen el poder mediante el supremo mando del Partido Comunista Chino, cuyo primer líder fue Mao Zedong.

Durante la última fase de la guerra civil, Mao, el Ejército de Liberación, y el Partido Comunista Chino eliminaron a aproximadamente 30 millones de propietarios de tierras, para repartirlas entre campesinos o comunas. Fueron ejecutados. Entre 1958 y 1962 Mao inició el llamado Gran Salto Adelante, consistente en convertir al país en una potencia socialista transformando la agricultura y la industria. Aplanó pueblos enteros para crear regadíos y mover millones de toneladas de tierra, pero la falta de experiencia desembocó en una producción muy baja y en la muerte de millones de campesinos por hambre.

Además, Mao convirtió en trabajadores del estado a millones de chinos, a los que movilizó a la fuerza para producir acero, desde grandes factorías hasta pequeñas de campo. El acero de este último era de tan mala calidad que no se podía usar. Como producto del fracaso agrícola, y de la gran demanda de alimentos por los nuevos asalariados, se produjo una enorme hambruna que desembocó en, se calcula, la muerte de 18 a 55 millones.

A finales de la década de los 60, Mao y el Partido Comunista promovieron la Revolución Cultural, para perseguir y eliminar a aquellos que dudasen de la verdad del régimen comunista. Los altos mandos del partido, del ejército, del sistema educativo, así como intelectuales y profesores fueron apartados de sus cargos, y muchos de ellos ejecutados. Los guardias rojos, los comités de trabajadores y de estudiantes mataron a unos dos millones de personas.

En China no hay elecciones libres, se persigue a los disidentes, y es el país del mundo que ejecuta a más prisioneros con la pena de muerte: oficialmente unos 2.500 al año, aunque extraoficialmente las organizaciones de derechos humanos calculan que de 10.000 al año. China reconoció en 2009 que el estado comercia con los órganos de los ejecutados.

No hay prensa libre, están prohibidas unas 10.000 webs desde Google hasta Instagram, y se sigue persiguiendo y encarcelando a los intelectuales disidentes. El Premio Nobel Liu Xiaobo murió en julio del año pasado tras pasar once años en una cárcel. Su delito era querer la libertad en su país. China es el país que más contamina del mundo. Casi el 30% de las emisiones mundiales de CO2 proceden de China, según la base de datos de la Comisión Europea.

Las emisiones proceden de las fábricas que trabajan día y noche para inundar a todo el planeta de productos baratos. La avanzadilla que distribuye esos productos se compone de millones de chinos que penetran en los tejidos comerciales de Occidente aprovechando agujeros legales.

Transportan a Europa millones de contenedores, pero durante el trayecto, cambian en las facturas los precios y la cantidad para pagar menos impuestos. Luego los llevan a almacenes como Cobo Calleja, en Madrid, el mayor polígono de almacenes de productos chinos en Europa. Y de ahí, a miles de "tiendas de chinos" o de cualquiera que desee comprar barato. Nadie se resiste a sus precios.

Pero nadie pregunta tampoco por las condiciones laborales de millones de chinos que fabrican esos productos. No tienen los horarios laborales europeos, ni las inspecciones, ni las directivas sobre condiciones de trabajo, ni las ventajas sociales, ni seguridad social ni conciliación. Las compañías chinas no saben lo que es la sostenibilidad. Y desde luego, no saben lo que es el copyright pues China es el país que copia todo sin pagar royalties.

Con ello el estado chino consigue un superávit en cuenta corriente que utiliza para financiar proyectos a gran escala en el extranjero e ir conquistado el mundo, como revelaban Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo en su libro 'La silenciosa conquista china'. Con ese superávit, además, están comprando empresas occidentales y penetrando en el tejido. “Tienen participaciones en el sector de satélites francés, imagínate lo estratégico que es eso, y hasta concesiones como el puerto de El Pireo en Atenas por 35 años. Los británicos les han dado luz verde para que fabriquen, financien y gestionen centrales nucleares nada menos. Tienen participaciones en Heathrow, tienen participaciones en Thames Water, han comprado las dos principales empresa eléctricas de Portugal, están comprando tecnología al sector privado alemán”, decían los periodistas a La Información en una entrevista en 2016, a propósito de su nuevo libro 'El imperio invisible'.

Puesto que China tiene una gran necesidad de materia prima y productos agrícolas, usa a millones de trabajadores para construir autopistas en África o América del Sur a cambio de materia prima, desde madera hasta soja o petróleo. No dudan en pagar comisiones o extorsionar a los dirigentes de cualquier país. Esta semana 'El País' publicó que empresas chinas pagaron 176 millones de euros en sobornos para conseguir contratos petroleros en Venezuela.

La brutal fuerza china procede de su demografía: con 1.300 millones de habitantes, son capaces de producir cualquier cosa a precios bajos, y también de consumir. En el intercambio, ellos ganan: tienen un superávit comercial de 373.054,8 millones de euros, según datosmacro.com, China es el mayor socio comercial de la UE. Es el primer país del que importamos productos, y el segundo al que más exportamos, según la estadísticas de la UE. La balanza comercial de la UE con ellos es negativa en 180.000 millones de euros.

En España tenemos un déficit crónico con ellos, pues importamos por valor de 25.662 millones de euros. Afortunadamente, las exportaciones españolas han aumentado un 30% en 2017, hasta los 6.258 millones de euros, según el ICEX, lo cual ha animado a muchas empresas españolas y al gobierno.

Esa es la razón por la cual el presidente chino Xi Jinping y su mujer han sido tan bien recibidos en España. El dinero hace que la diplomacia mundial sufra amnesia y se incline ante este cliente poderoso, a pesar de su historial de abusos, persecuciones, matanzas, represión, contaminación e infracciones a las leyes internacionales de derechos humanos o normas laborales. Muy pocos critican a China porque, como decía George Orwell, “cuanto más se aleja una sociedad de la verdad, más odia a quienes la defienden”.

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