Miércoles, 17.07.2019 - 05:37 h
Enviado espacial

El 'pedrosanchismo' y el gobierno del 'mindfulness'

A España le ha llegado al mismo tiempo el calor asfáltico y la crisis de los 40 años de democracia. Eso le puede ocurrir a cualquiera. Yo mismo me compré un longboard cuando me vino aquello. Uno se levanta un día de la cama y se da cuenta de que el personaje está hecho y entonces se pone a hacerle variaciones. Esto le ha ocurrido a la España del ‘pedrosanchismo’, que estaba ya parida en los PGE de Rajoy y de pronto no quiso ser quien era. Ahí vinieron los cambios. ‘El cambio’, en singular, que es como se llama ahora. Esto pasa mucho. Hasta le ha sucedido con 34 años a Íñigo Errejón, que siempre fue un chico muy adelantado, y ha aparecido en ‘Esquire’ vestido como de James Dean de Pozuelo de Alarcón.

En este clima, se ha venido arriba el gobierno pensando, como hemos pensado todos alguna vez, que dando un par de toques aquí y allá la cosa no era tan grave, y que seguíamos siendo unos chavales y que la edad es un estado de ánimo. En su primer Consejo de Ministros y de Ministras -o era al revés-, que resultó un episodio de lo más tropical, la portavoz del Gobierno vino a llamar a todo esto: “Una emoción política”.

Viene Pedro Sánchez preso de esos pequeños cambios de la crisis de los cuarenta estatales y está bien porque los pequeños cambios son más prudentes que los grandes. El Gobierno socialista está en esa onda de microrrevoluciones que uno constata cuando se encuentra a un amigo cuarentón y le dice que qué buena cara tiene y este le suelta un speech insalvable sobre cosas que ha cambiado en una nueva vida que por supuesto tú también deberías adoptar: mucha proteína, que si venga atún, que si nadar una hora a las cinco de la mañana, que si la comida sin procesar, el exceso de azúcar, las magdalenas BIO, el yoga, el mindfulness y venga cucharadas de semillas de chía. En realidad, sigue siendo un tipo que trabaja doce horas y sigue en su casa haciendo lo que ha hecho siempre, pero come ocho claras de huevo diarias y practica danza aérea. Así se cree otro y aunque sea el mismo con tres kilos menos, pues se siente otro, que es de lo que se trata a estas edades.

La España de Pedro Sánchez es la de Rajoy y lo que puedan hacer 84 diputados, pero le ha dado una vueltecita holística. A este país, el presidente le enciende cada noche una barrita de incienso, pues confiesa que le gusta el olor. Quizás quiera eliminar de las cortinas de Moncloa el aroma a habano de Rajoy. Ahora traiga usted ese barco, una carrerita por Moncloa pero en frecuencia cardíaca de ejercicio aeróbico, me pongo las gafas de sol en el Pedro Force One, unas caricias a la perrita Turca, un huerto urbano en el Valle de los Caídos, una bronca a los jueces por aquí, eutanasia gratuita en dos años por allá y cuatro etiquetas para Cataluña que valen para todos los obstáculos insalvables que se encuentra uno en la vida y que son muchos: hay que decir que es importante acercar posiciones, no agravar el conflicto, ofrecer generosidad, esfuerzo y cambio, esto es: venga semillas de chía y leche de almendras. Refundar la democracia era otra cosa, pero no me digan que no huele rico a sándalo.

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