Lunes, 23.09.2019 - 18:46 h
Patrona de la Fundación Renovables

Urge acelerar la transición energética en España

Cada día son más frecuentes e intensas las señales que recibimos denunciando que ni el alcance ni la velocidad con la que abordamos la irreversible transición energética son suficientes:

Desde el punto de vista social, el mundo entero se está movilizando masivamente frente al cambio climático, millones de jóvenes de más de 1000 ciudades pertenecientes a más de 100 países de todo el mundo salen a las calles cada viernes reclamándonos una acción climática urgente e instando a que se promulguen declaraciones de emergencia climática para hacer del cambio climático una prioridad para todos. Estas manifestaciones que nos acusan directamente de robarles su futuro sobre el que no tenemos ningún derecho, ponen de manifiesto la gran responsabilidad que tenemos y apelan directamente a la ética de todos nosotros.

Difícilmente cabe imaginar cualquier otro motivo que pudiera ser objeto de movilizaciones generacionales globales como las que estamos viviendo diferente a la preocupación por salvar nuestro planeta. Esta es la respuesta a las cada día mas contundentes evidencias científicas de los sucesivos récords históricos de concentración atmosférica de CO2, principal gas de efecto invernadero causante del cambio climático. Nunca antes el ser humano había soportado tanto dióxido de carbono como en la actualidad, magnificando los riesgos hacia un mundo más inestable que está provocando acontecimientos climáticos sin precedentes como las olas de calor que sufrió Europa el pasado verano o los incendios abrasadores -hasta en el Círculo Polar Ártico- y que, según los científicos, son la antesala de futuros cambios climáticos.

En un contexto global, según el reciente informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE) '2019 Tracking SDG7 Report', se han logrado avances notables en el acceso a la energía en los últimos años. Así, a lo largo de la última década, el número de personas que ha tenido acceso a la electricidad cada año ha sido de 153 millones, alcanzando una tasa de electrificación global del 89%, lo que significa que todavía unos 840 millones, un 11% de la población mundial, viven en la oscuridad.

La necesidad de asegurar una energía asequible y sostenible para todos en el 2030 de acuerdo con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 (ODS 7) de Naciones Unidas requiere de esfuerzos más sostenidos, especialmente por parte de los países desarrollados.

A pesar de la necesidad de descarbonizar la economía mundial, los últimos datos publicados nos señalan que ni vamos en la dirección correcta ni la intensidad es la requerida para asumir los compromisos de Desarrollo Sostenible comprometidos pero, según parece, no asumidos:

• Según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la inversión en eficiencia energética y renovables se estancó en 2018, siendo cada vez mayor el desajuste entre las tendencias reales y lo que se debería invertir para cumplir con el Acuerdo de París.

• En paralelo, y según los datos aportados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), los subsidios mundiales a los combustibles fósiles continúan creciendo y ya alcanzan los 5,2 billones de dólares, lo que representa el 6,5% del PIB mundial, a pesar de que países como China e India están trabajando en los últimos años para abordar los crecientes impactos de la contaminación del aire.

En el ámbito nacional, si tomamos como referencia el nivel de implantación en energía fotovoltaica en nuestro país como una de las principales herramientas para promover la transición energética, vemos que, a pesar de tener uno de los mayores niveles de insolación de toda la Unión Europea, hoy en día estamos a la cola de Europa, muy por detrás de países como Alemania, Dinamarca o Reino Unido. Esta situación, consecuencia directa de la política abiertamente contraria a las energías renovables del anterior gobierno del Partido Popular, nos obliga a intensificar nuestro ritmo de adaptación en la dirección adecuada dentro de nuestro mapa de ruta para luchar contra el cambio climático.

La UE debe promover la adopción mundial de políticas y acciones para revertir la trayectoria de emisiones actualmente insostenible liderando una transición socialmente justa que promueva una electrificación baja en carbono a nivel mundial y el fomento de la cooperación multilateral.

Haciéndose eco de este objetivo, y de las cada día mayores voces que claman un aumento de nuestras ambiciones climáticas al 2030 y un acuerdo para alcanzar cero emisiones al 2050, la Comisión Europea ha presentado su comunicación 'Un planeta limpio para todos' en la que aporta una visión de cómo la UE puede abrir el camino para alcanzar esta neutralidad para 2050 con beneficios económicos y sociales.

El documento hace hincapié en que el alcance de este compromiso afecta a las personas y a su vida cotidiana: solo si cambiamos nuestra forma de vivir podremos alcanzar estos objetivos, lo que implica que todos los ciudadanos aceptemos el cambio y nos comprometamos y lo experimentemos como algo beneficioso para nuestras vidas y las de nuestros hijos. Las elecciones personales de estilo de vida que van desde nuestra participación en actividades sostenibles hasta la elección de comprar una casa, un vehículo o un electrodoméstico, pueden marcar una gran diferencia al tiempo que mejoran la calidad de vida.

De ahí la importancia de las ciudades en esta transición y el hecho de que se estén convirtiendo cada día en mayor medida en laboratorios de soluciones transformadoras y sostenibles. La renovación de la ciudad y una mejor planificación espacial, incluidos los espacios verdes, pueden ser los principales impulsores para renovar casas y atraer a las personas a vivir cerca del trabajo, mejorar las condiciones de vida, reducir el tiempo de viaje y el estrés asociado.

Dado el alcance de estas medidas es importante que desde todos los estamentos políticos y sociales se trabaje en la misma dirección situando la acción climática en el top de sus prioridades. En esta línea esperemos que se pronuncien los líderes de la UE en el Consejo Europeo que se celebrará los próximos días 20 y 21 de junio y en el que se abordará el cambio climático antes de la Cumbre del Clima organizada por el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, para septiembre y en la que los países discutirán sus compromisos climáticos.

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