Domingo, 21.07.2019 - 03:05 h
Alcaldesa de Logroño

El desarrollo sostenible también es cosa de los ciudadanos

En septiembre del año 2000 comenzaba un milenio y un nuevo camino. Líderes de 189 países, reunidos en la sede central de las Naciones Unidas, firmaban la Declaración del Milenio; un documento histórico por el que se comprometieron a alcanzar, antes de 2015, un conjunto de ocho objetivos cuantificables, como la reducción de la pobreza extrema y el hambre a la mitad, la promoción de la igualdad de género o la reducción de la mortalidad infantil.

Los ODM marcaron un hito histórico por ser un discurso común, la primera agenda global de desarrollo que establecía compromisos concretos y metas medibles. Los ocho objetivos eran realistas, fáciles de comunicar y contaban, además, con un mecanismo claro para su cuantificación y seguimiento. Aun tratándose de una normativa blanda (de cumplimiento voluntario) los objetivos han demostrado ser útiles para crear una narrativa compartida –con distintas intensidades y acentos, cierto es– sobre el desarrollo.

Tras quince años de ODM, muchas han sido las lecciones aprendidas en cuanto a su diseño, alcance, implementación y resultados. Durante los 15 años de compromisos en el marco de la Declaración del Milenio se lograron los objetivos marcados: 700 millones de personas han salido de la pobreza, se ha salvado la vida de 48 millones de niños menores de 5 años y 5,9 millones de niños han escapado de las garras de la malaria. Y buena parte de estos aprendizajes han logrado cristalizar y optimizar la nueva versión de la agenda para 2030.

Tras quince años de ODM, muchas han sido las lecciones aprendidas
Tras quince años de ODM, muchas han sido las lecciones aprendidas. / Efe

El 25 de septiembre de 2015, en el marco de la 70 edición de la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, todos los países del mundo adoptaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, el documento marco que regirá las actividades para el bienestar de las personas y el cuidado del planeta por los próximos 15 años.

No se trató solo de un cambio de nombre, el paso de los ODM a los ODS conlleva cambios significativos para la agenda de desarrollo de aquí al 2030.

Universalidad. Las metas no solo se trabajan en los países en desarrollo, se asume que todos los problemas están interconectados y hay que abordarlos desde todos los países.

Compromiso. A diferencia de los ODM, los ODS comprometen por primera vez a todos los países del mundo. Esto significa que España tiene que aplicar la Agenda 2030 en sus políticas internas, lo que supone un cambio sustancial con respecto a los ODS y la necesidad de implementarlo a todos los niveles, desde lo local hasta lo nacional.

Sostenibilidad. Si queremos garantizar la vida y los derechos de las personas y el planeta tierra, el modelo a seguir tiene que ser sostenible, abordando como punto de partida que el modelo del que venimos es insostenible.

Equidad. Los ODM se basaban solo en promedios nacionales, sin contar con la realidad de las comunidades más vulnerables y alejadas. Sin embargo los ODS incluyen un enfoque en el que se tiene en cuenta más parámetros que reflejan mejor la realidad para poder trabajar con ella.

Alcance. Frente a los 8 ODM, ahora tenemos 17 ODS con 169 metas que hay que alcanzar. Aunque pueda parecer ambiciosa, la nueva Agenda no ha querido dejar de lado cuestiones que considera fundamentales como el empleo digno o el cambio climático.

Desde 2015 comenzamos a trabajar por el reto de alcanzar el desarrollo para todas las personas y hacerlo de forma sostenible. Los resultados tendrán un impacto directo en todos los gobiernos, ciudades y ámbitos de nuestra vida. Uno de los rasgos singulares de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es que alienta procesos nacionales de adopción y de adaptación de lo acordado a las circunstancias de cada país.

De ahí el acierto y la necesidad de una estrategia de Estado, como impulsamos en nuestro país para que España cumpla los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y de hacerlo implicando a todos los niveles de la administración, las ONG y el sector privado, y en el que es necesario involucrar directamente al ciudadano.

España tiene ante ella la labor de construir una buena estrategia, capaz de activar las energías del Gobierno y de los actores sociales, alineando los esfuerzos respectivos con los propósitos de la Agenda.

Ahora en Portada 

Comentarios