Sábado, 17.08.2019 - 17:59 h
Alcaldesa de Logroño

¿Sabe qué es el mundo CO? Pues es clave para entender el siglo de las ciudades

Existe un cierto consenso entre los expertos respecto al nuevo rol de las ciudades en el mundo: el siglo XXI es el siglo de las ciudades. O lo que es lo mismo: el nuevo epicentro de la gobernabilidad, de la toma de decisiones y de la economía serán las ciudades frente a otros centros de poder como los
estados.

Dos son las razones que han llevado a marcar este liderazgo de las ciudades: la primera, que son las puntas de lanza de las economías
regionales o nacionales,
y, la segunda, que son claves en el cambio de
economías industriales a economías del conocimiento con gran componente tecnológico, como ecosistemas de innovación y talento.

Para este nuevo rol, un nuevo liderazgo. Un liderazgo capaz de comprender que los desafíos de una ciudad no se resuelven solamente desde la Administración, sino que requieren el impulso por una ciudad al servicio de la ciudadanía que la habita, transita o visita, con gran protagonismo de las energías ciudadanas que la mueven de manera activa. Hoy somos ciudades abiertas, multiculturales, cruces de caminos de lenguas, orígenes... Entre otras muchas cosas, esto obliga a una gran cooperación de lo público, de lo privado, de las instituciones, de la sociedad.

Las ciudades globales deben superar, por elevación, el principio “pensar
global y actuar local” de tiempos pasados
, por un ambicioso y necesario
“pensar local para actuar global”, para ganar tiempos futuros.

Como hemos visto, la gestión de las grandes ciudades se ha convertido en el elemento central de las políticas del futuro. Y del futuro de la política, que es más importante. Es más, si se fracasara en la sostenibilidad y viabilidad de las 750 grandes metrópolis del mundo se hipotecaría, definitivamente, el destino de la humanidad. Acertar, sin embargo, garantiza su esperanza.

La gestión local decide, por tanto, el horizonte global y es el desafío más
transcendente para los poderes políticos locales. Lo glocal (local y global) va mucho más allá de sus límites y periferias.

En mi opinión, existen tres nuevas dimensiones del poder político municipal. Retos y oportunidades sobre los que sustentar el diseño de nuevas alianzas por la gobernabilidad.

1. Un nuevo territorio. El poder político formal está limitado por su territorio; sin embargo, el poder político real será aquél capaz de actuar
sobre nuevas cartografías que no entienden de metros cuadrados sino de
relaciones exponenciales. Hoy los territorios urbanos ya no tienen
fronteras. La porosidad es total. No se puede gestionar la ciudad desde
los viejos mapas. Nuevas realidades, por debajo de lo evidente y por
encima de sus límites, nos abren campos de actuación nuevos y
creativos.

2. Las competencias políticas municipales van mas allá de las establecidas. Los alcaldes y las alcaldesas representan el poder de
proximidad más valorado y respetado. Los liderazgos locales saben muy bien que los ciudadanos no comprenden las limitaciones competenciales de sus administraciones. Y no entienden, ni quizá deben comprender, la enrevesada y compleja multiplicidad de administraciones que actúan sobre el territorio, ni sus penosas limitaciones presupuestarias. Los alcaldes del futuro deben de tener poder político más allá, y por encima, de sus competencias reguladas y sus recursos. Nadie se lo va a otorgar. Deben ‘ganarlo’ desde la autoritas. Esta visión holística del poder local sólo podrá ser liderada por políticos capaces de crear poderosas alianzas interinstitucionales, abiertas a la cooperación con empresas y ciudadanía.

3. Tejer redes urbanas de liderazgo compartido. El poder de lo público no
reside solo en las instituciones. Nadie niega que los alcaldes y alcaldesas
somos depositarios de poder legítimo y democrático. Pero no debemos
obviar que hay nuevas legitimidades y nuevas representaciones. La crisis de la intermediación política institucional como la única capaz de representar anhelos, derechos e intereses es un desafío que tenemos que afrontar con nuevas soluciones. Necesitamos forjar alianzas por lo público, por el bien común de una sociedad, en donde se compartan responsabilidades y protagonismos, liderazgos compartidos. Una concepción de democracia líquida, más flexible y abierta, capaz de acoger tanta participación como se requiera en cada proceso y tanta energía democrática y cívica como la sociedad sea capaz de generar. La nueva representación no es simple delegación, es movilizar caudales de energía, de poder por lo público.

Necesitamos alianzas público-privadas, institucionales-sociales para resolver, juntos, los grandes desafíos. La razón es sencilla: Por separado, nuestro poder, nuestros poderes, son limitados y fragmentados. Alianzas de talento compartido, de las multitudes inteligentes, en donde el mundo CO sea la ecuación ganadora: COmpartir, COdecidir, COlaborar, COcrear, COgestionar... que dibujen un nuevo itinerario de gobernabilidad democrática: la que permitirá a las ciudades liderar el siglo XXI que ya
estamos viviendo.

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