Sábado, 23.06.2018 - 20:05 h
Alcaldesa de Logroño

Robots en los que confiar: tecnología y humanismo

No es algo nuevo. Los últimos años vienen marcados por una afirmación cierta que se repite como un mantra en todos los foros: “Estamos inmersos en la cuarta revolución industrial”. Es una manera de destacar el cambio de paradigma que supone la digitalización. Esta revolución ha llevado a que en todas las estrategias de desarrollo económico de los territorios -desde el ámbito local, regional, nacional e incluso supranacional- haya entrado con fuerza la necesaria digitalización como instrumento de competitividad.

Con esta nueva revolución industrial que vivimos y protagonizamos, han llegado a todos los aspectos de nuestras vidas los algoritmos y con ellos la inteligencia artificial; concepto que causó gran impacto en la tecnología cuando fue enunciado por primera vez en 1956 por el informático estadounidense John McCarthy, referido a aquellos algoritmos materializados en programas informáticos que persiguen imitar el modo de funcionamiento del cerebro humano.

De momento la tecnología no ha llegado más allá de una inteligencia artificial especializada en una materia y nunca de manera general sustituyendo al ser humano. Pero la inteligencia artificial puede revolucionar las principales industrias en los campos de la energía, defensa, transporte, finanzas o la medicina, entre otras. Y lo está haciendo.

En el transporte, la transición hacia vehículos autónomos tiene la gran capacidad de reducir enormemente los accidentes de circulación, además de obtener sistemas esencialmente más eficientes, con menor congestión y menos contaminantes. Además, el sector de la automoción es estratégico en la competitividad de un país. Por ello, el objetivo de empresas fuertemente posicionadas en el sector del transporte pasa por un futuro que incorpora la inteligencia artificial y la creación de ecosistemas innovadores que lo impulsen mediante la creación de laboratorios científicos y centros de investigación, proyectos y financiación para startups y compañías.

En el ámbito de la salud, el rediseño de los sistemas para hacer frente a la abundancia de datos y replantear la medicina desde un punto de vista preventivo supone un paso fundamental en la transición a la modernidad. Un paso que, además, no tiene por qué terminar teniendo un coste más elevado que el actual. De hecho, es perfectamente posible plantear que un sistema de salud orientado a la prevención pueda tener costes inferiores derivados, entre otras cosas, de la posibilidad de tratar dolencias graves cuando se encuentran aún en fases tempranas. Además de una mayor eficiencia, el enfoque a la prevención puede redundar, lógicamente, en los infinitos beneficios que supone una ciudadanía más saludable. Es una aproximación que, por el momento, únicamente China, que está lanzada a marcar la hegemonía de la inteligencia artificial, parece estar tomando.

Son dos ámbitos, el transporte y la salud, que claramente nos sitúan ante un escenario que ya es el presente y ante el cual el bloqueo a los cambios no es la respuesta correcta. Es una oportunidad que debemos aprovechar como sociedad porque de ella depende nuestra prosperidad y riqueza futura. Sin embargo, hay que garantizar que la gente confíe en ella, que no rechace este ámbito de innovación tecnológica. Surge en este sentido un aspecto de gran relevancia que hay que afrontar: la inteligencia artificial plantea una gran cantidad de cuestiones en materia de ética, de moral y de política. Y debemos plantearlo desde la relación entre tecnología y humanismo, porque para generar la confianza que una sociedad necesita en los algoritmos como elemento de revolución social no debe existir ninguna diferencia entre ingeniería y humanidades.

Uno no puede diseñar nada sin pensar en el usuario, sin tener en cuenta tanto su condición como la sociedad en la que se desenvuelve. Un buen ingeniero ha de ser también buen sociólogo y humanista. En la ciencia se puede ser especulativo, pero quien fabrique un coche autónomo debe pensar quién va en su interior, en la persona. Por ello la ingeniería contemporánea requiere de un diagnóstico previo de cómo somos. Evidentemente cuando hablamos de inteligencia artificial nos movemos en un entorno masivamente técnico; pero los artefactos no van a tomar el poder de nada, el algoritmo, los robots, no podrán someternos a sus dictados. Su desarrollo depende de la gestión que hagamos de ellos, por eso es tan importante la ética, la moral, la ciencia y la política.

Para ello como ciudadanos necesitamos nuevas leyes para un nuevo parque técnico, para comenzar a legislar cómo no queremos que sean las máquinas. Un nuevo Derecho que respete los principios estructurales de dignidad, libertad e igualdad en el marco del mantenimiento de la democraticidad total de los sistemas robóticos y de inteligencia artificial.

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