Jueves, 21.03.2019 - 11:47 h
Libertad sin cargas

Calviño, los intereses de Moncloa y el 'síndrome de Sacyr'

Corría el mes de diciembre del año 2013. El exministro de Industria y durante años cabeza visible de la Oficina Económica de Presidencia, Miguel Sebastián, se despachaba a gusto contra Pedro Solbes. “Ha sido vicepresidente y es consejero de Enel y Barclays, no sé muy bien de que se queja”, arreciaba, después de que el economista de Pinoso defendiera en un polémico libro que él había “vislumbrado” la rapidez con la que podía deteriorarse la situación económica y que incluso había presentado un plan de ajuste del gasto. Unos argumentos de difícil encaje tras su famoso debate electoral de 2008 con el candidato del PP a las generales, Manuel Pizarro, y que soliviantaron al ‘minesoto’. Aquel ‘round’ Solbes-Sebastián fue el epílogo a un enfrentamiento larvado que recorrió toda la era Zapatero y que era de sobra conocido por el mundo periodístico y empresarial. No faltó incluso quien, años después, apuntó que el Ibex iba a plantear sus inquietudes a Moncloa si no encontraban abrigo en la Vicepresidencia Económica -¿les suena de algo el ‘affaire Sacyr-BBVA?-. En todo caso, el desbarajuste ilustra bien el tradicional choque de trenes vivido en las áreas económicas de los gobiernos.

El Partido Popular y sus años al frente del Ejecutivo no han sido una excepción. Tampoco era raro desayunarse durante esa época con una llamada telefónica de un partidario de Cristóbal Montoro o Luis de Guindos que aprovechara para poner de vuelta y media al adversario político. El ‘clan’ de los Montoro, Báñez y los Nadal -con Álvaro también durante mucho tiempo al frente de la Oficina Económica del Gobierno- siempre se sintieron guardianes de las esencias ‘populares’ en tanto ellos habían sobrellevado la travesía del desierto de la oposición mientras Guindos se hacía de oro en el sector privado, ya fuera en Lehman o PwC. El actual vicepresidente del BCE, más dado que el jienense a las cenas con periodistas y a la crónica rosa empresarial, aprovechó para tomarse cumplida ‘vendetta’ y colgarse la medalla de la recuperación en su libro ‘España amenazada, de cómo evitamos el rescate y la economía recuperó el crecimiento’. Por el camino, las renovables, el ‘caso Bankia’, los nombramientos para el Banco Mundial -Soria vs. Nadal- y tantas guerras compartidas. En suma, otros enemigos íntimos.

Visto lo visto, en el caso del periplo de Pedro Sánchez las contiendas en materia económica se han mostrado en apariencia bastante contenidas, tal vez porque lo efímero del mandato ha impedido que estallen en toda su crudeza. Con los diferentes frentes repartidos entre cuatro ministras -Nadia Calviño, María Jesús Montero, Reyes Maroto y Magdalena Valerio-, el presidente del Ejecutivo convirtió a la titular de Economía en ‘primus inter pares’, al situarla al frente de la Comisión Delegada. Todo un espaldarazo para un fichaje ojeado en las entrañas de la UE y de reputación a prueba de bomba en las instituciones comunitarias. Como balance, puede decirse que Calviño ha tenido la suficiente habilidad como para mostrarse alejada de las operaciones empresariales con mayor tinte político y que, una vez zanjadas, parecen llevar todo el sello de Moncloa. “Ni cogía el teléfono para estas cuestiones”, explica una fuente conocedora de estos procesos, que revelan cómo estos meses tampoco han sido una balsa de aceite para los nuevos inquilinos de La Moncloa.

Es el caso, por ejemplo, de la no suficientemente analizada compra de Hispasat por parte de Red Eléctrica (REE), después de certificar al llegar al cargo su actual presidente, Jordi Sevilla, que no se trataba de un movimiento prioritario para la casa. El calendario marcaba el 1 de octubre. Hace apenas días, el exiministro decía Diego… y abrazaba la adquisición. ¿Beneficiados? El vendedor es Abertis, en manos de la italiana Atlantia y la ACS de Florentino Pérez. Los ingresos para la compañía, cercanos a los 1.000 millones de euros, servirán para que cumpla sus compromisos con la banca, con vencimientos de infarto en el mes de noviembre. Todo un alivio tras el temor a que unas elecciones anticipadas y un arco parlamentario fragmentado demorarán la formación de gobierno y las decisiones en REE, donde el Ejecutivo de turno tiene la voz de mando. Siempre queda la duda de por qué el Gobierno aceleró con esa operación cuando ya había bajado las persianas de su mandato. Es imposible pensar que el núcleo duro de Moncloa no tuvó la última palabra en un pronunciamiento de tal envergadura.

Tampoco debe pasar inadvertido que Sánchez haya escogido a María Jesús Montero -junto a Manuel de la Rocha- para que elabore el programa económico del PSOE con la vista puesta en las próximas elecciones del 28-A. La sevillana, médico de profesión, que desde su defensa en el Congreso de los Presupuestos ha ganado inusitada relevancia en el seno de partido, es ‘vendida' ahora por muchos como la ‘gurú’ económica de Ferraz. Todo después de una reforma fiscal ‘interruptus’ y de contribuir con ahínco a los numerosos globos sonda que en materia tributaria ha deslizado el Ejecutivo. También llama la atención que el tándem Sánchez-Montero apueste por fulminar de la hoja de ruta socialista la denominada ‘mochila austriaca’ para las pensiones, una de las propuesta clave incluida por el Ministerio de Economía para la Agenda del Cambio con la idea de implantarla a partir de 2020. Esa hucha individual, que los trabajadores podrían llevar consigo en cambio de compañía y que serviría como indemnización por despido o como complemento a la pensión, ha sido defendida sin ambages por Calviño, finalmente derrotada por los intereses de Valerio, patronal y sindicatos, unidos en el tristemente llamado diálogo social, una suerte de coartada para solo llevar a cabo aquellos cambios que permitan que todo siga igual.

Nadia Calviño, que ha desempeñado su cargo con indudable contención y sensatez, continuará con toda probabilidad su trayectoria en el marco europeo, tras añadir a su curriculum el desempeño en el Ministerio de Economía de España, un baldón no menor. Ojalá pudiera pronosticarse que, con un nuevo gobierno, en la piel de toro se acabará con oscuras operaciones empresariales en las que siempre hay que tirar del ‘cui prodest’ y buscar el verdadero poder detrás del trono. También sería un avance notable pensar que el nuevo Ejecutivo va a dedicarse a la gestión de lo público, sin inmiscuirse ni atender a las problemáticas empresariales privadas. Un anhelo que para muchos, tras décadas como observadores privilegiados, se ahoga en una España que por momentos entronca con un infierno como el de Dante y la inscripción a sus puertas: “Abandonad toda esperanza, quienes aquí entráis”.

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