Viernes, 19.10.2018 - 09:31 h
Libertad sin cargas

¿Castigará Nadal a Albella por el pulso de Abertis? Ojo a la reforma de la CNMV

La batalla por Abertis no solo ha dejado ganadores y perdedores. También tendrá efectos colaterales para alguno de los principales actores económicos del país. Entre los que pueden cantar victoria, sobresale la proverbial perspicacia de Florentino Pérez para imbricar los intereses empresariales y políticos. Al punto que, atisbando la debilidad del Gobierno, supo hacerse necesario y redimirse de 'castores' pasados. Sinuoso y astuto, anticipó que el Ejecutivo no aceptaría una solución exclusivamente italiana para la concesionaria de autopistas y se ofreció como el caballero blanco que necesitaba el Ejecutivo tras fracasar el 'plan Vargas-Aena' . Cuando la guerra de opas amenazaba con disparar el precio de la compra y hacer inútil el esfuerzo, el empresario entendió que debía virar hacia el pacto como vía intermedia y mejor solución a corto. A medio plazo, el troceo de Abertis se antoja inevitable. Y el imperio de ACS, con las concesiones clave de Abertis renovadas por la gracia del PP, en cuarto creciente.

Entre quienes han conseguido salvar el trance sin hincar del todo la rodilla y pueden presumir de una retirada honrosa, figura en primer lugar el ministro de Energía, Álvaro Nadal. Tras pasar de explícito a locuaz en sus críticas a la 'opción italiana' y convertir el libre mercado en una mera abstracción, al menos puede presumir de que logró su objetivo. Quién sabe si mediatizado por el fracaso en otro tiempo del 'menage a trois' entre Endesa-Enel y Acciona o si alentado por superiores intereses monclovitas, su frontal rechazo a un triunfo de Atlantia fue entendido por los aspirantes a tomar la compañía, que concedieron la puesta en marcha de una 'newco' conjunta. Prueba superada. Del mismo modo, el imperio Caixa pierde su posición -que parecía eterna- en Abertis, pero logra 4.000 millones para reinventarse. Y las penas con pan...

Cuestión diferente es la de la CNMV y su presidente, Sebastián Albella, que definitivamente apostó por caballo perdedor y él y la institución podrían pagar las consecuencias. "Hacemos lo que tenemos que hacer sin dejarnos interferir", lanzaba el ejecutivo en enero, tras mantener el permiso concedido a la opa de Atlantia sobre Abertis pese a que tanto los ministerios de Energía como de Fomento le habían pedido que revocara su luz verde al entender que ésta precisaba de un permiso previo del Ejecutivo. En roman paladino, el planteamiento del presidente del supervisor, defendible -y puede que hasta loable-, se interponía en el cada vez más explícito afán del Gobierno por dificultar la embestida del grupo italiano. Que Atlantia acabara entrando por el aro y el pacto final rubricado con Florentino han terminado por dejar en posición delicada a Albella, un remedo del renegado sureño que sigue pegando tiros cuando el armisticio ya se ha firmado. Y lo peor, cuando el humo de los disparos se ha disipado, se ha visto en el punto de mira del ejército contrario.

La llegada de 'Tano' Albella a la CNMV tuvo sus pormenores. Capaz y, a la vista de su curriculum, un profundo conocedor de los mercados de capitales y valores, su competencia estaba fuera de toda duda. No lo estaba tanto su independencia. No en vano, desde su último desempeño en una firma como Linklaters asesoró en alguna de las principales operaciones corporativas de los últimos tiempos. No es casualidad que tuviera que abstenerse en el dictamen del supervisor sobre la fusión entre Siemens y Gamesa, primera gran integración sobre la que se pronunció el organismo durante su mandato, ya que él mismo la había asesorado previamente desde el sector privado. "[Albella] es un conflicto de interés probablemente permanente, andante -lanzó a Luis de Guindos el diputado socialista Pedro Saura-. Es una puerta giratoria al revés". Prohibir los cortos en Liberbank, cuando la CNMV había evitado hacerlo en Popular, terminó de sembrar las dudas sobre la unidad de criterio de la institución... hasta el 'affaire' de Abertis.

En ese episodio, su beligerancia y su posición contraria al Gobierno han disparado las especulaciones entre las empresas del Ibex y en los propios organismos supervisores sobre una posible 'vendetta' en forma de limitación de competencias. Un argumentario alentado desde el propio Ejecutivo. La cuestión no es baladí si se tiene en cuenta que éste aún tiene pendiente el proyecto de ley para reformar la estructura de los reguladores. El último diseño de Economía pasaba por dividir en dos la CNMC, con una autoridad de competencia y otra de supervisión y regulación, así como por integrar en la CNMV el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC). También está pendiente saber si los especialistas del supervisor de los mercados se integran en la nueva autoridad independiente de reclamaciones y el protocolo de coordinación que se establece. En suma, demasiados frentes abiertos como para quedarse sin amigos entre quienes van a decidir.

La puesta en marcha del nuevo modelo, uno de los retos que afronta Román Escolano y que es víctima del atasco legislativo que vive el Congreso, debería acometerse a mediados del presente ejercicio, no sin antes contar con las aportaciones y el acuerdo de diferentes grupos políticos. Un trámite pintiparado para introducir modificaciones que pueden no resultar del gusto de todos. Marín Quemada y su CNMC, que parecían la diana de todos los dardos en esa reforma, pueden dejar paso a un nuevo 'punching ball'. Tal vez la postrera negativa de la CNMV a reunirse con los fondos de inversión que esperaban sacar rédito de la guerra de opas ayude a apaciguar unas aguas que venían más que revueltas. Viendo todo el proceso, el papelón es de época.

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