Viernes, 19.10.2018 - 00:56 h
Libertad sin cargas

El síndrome de las 'vices' y la vuelta de la publicidad a TVE

Corría el mes de abril de 2011. María Dolores de Cospedal, entonces secretaria general del PP, preparaba ya el desembarco del Partido Popular en el Gobierno en los estertores de la era Zapatero. Y una de las principales palancas que los ‘populares’ querían tener atada y bien atada, incluso antes de tomar posesión, era la televisión pública. Para ello, se constituyeron casi en la clandestinidad una decena de grupos de trabajo formados por profesionales de la casa afines al partido, con la intención de diseñar el futuro de una Corporación post Fran Llorente en diferentes áreas clave. Más allá de que, cuando llegó el día D, fue Soraya Sáenz de Santamaría quien lideró la relación con los medios de comunicación y los nombramientos en RTVE -hasta el punto de que muchos de los que participaron en aquel proyecto secreto se sintieron despreciados y hasta utilizados-, lo cierto es que una de las principales conclusiones de aquellos trabajos es que el Ejecutivo en ciernes debía recuperar la publicidad como vía de financiación para la Casa, ya fuera de forma total o, preferiblemente, bajo el arbitrio de fórmulas mixtas.

El resto es historia. Sáenz de Santamaría, número dos de un presidente que siempre se sintió incomodo en las cuestiones que afectaban a los medios de comunicación y que prefirió delegarlas casi en su totalidad, jamás se atrevió siquiera a plantear una medida que golpeaba directamente la línea de flotación de los dos grandes grupos privados televisivos, que gracias a esa inyección económica lograron transitar por la crisis económica más devastadora en décadas sin entrar en números rojos ni un solo año. Para ser justos, la vicepresidenta de Rajoy solo evitó meterse en un jardín que había regado con amor otra vicepresidenta, véase María Teresa Fernández de la Vega. Fue ella quien, allá por el año 2010, había accedido a eliminar los anuncios la Corporación, pasando a ser un figura casi idolatrada por los grandes ‘popes’ de la televisión. Jamás soñaron con tanto. ¿Dónde iba a ir el dinero que dejaba de ingresar RTVE, que además competía a la baja en precio? A sus balances.

Pues bien, ocho años después de aquella vuelta de tuerca, el regreso de los anuncios a la televisión pública vuelve a estar sobre la mesa. No en vano, y como publicaba esta semana Fernando H. Valls en estas mismas páginas, una amplia mayoría de los 92 candidatos a presidir RTVE plantean recuperar la publicidad en sus parrillas. De hecho, los proyectos de gestión que han presentado los aspirantes y que están siendo evaluados por un comité de expertos abogan en muchos casos por combinar la financiación externa con los fondos procedentes de los Presupuestos Generales del Estado. Actualmente, y además de la dotación pública pertinente, Radio Televisión Española se financia con la tasa sobre el espectro radioeléctrico, pagada por las empresas de telecomunicaciones, que a su vez ven cómo se detrae un porcentaje de su facturación anual para el mismo fin. Un rejón notable, que también afrontan -con algo de mejor cara- las televisiones privadas. No obstante, y pese a estar avalado por el Supremo, el modelo no ha servido para dotar de estabilidad a la Corporación, siempre pendiente de los procedimientos judiciales abiertos por los reticentes pagadores para minorar las facturas.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) avalaba recientemente la inquietud por la financiación de RTVE que muestran los ‘presidenciables', en un informe publicado en marzo y que no puede ser más comprometedor. “CRTVE se ha visto sometida a una inseguridad económica que no le ha permitido disponer de una previsión certera y a largo plazo de sus ingresos. Dicha inestabilidad tiene su origen, principalmente, en la ‘aportación’ que deben sufragar los operadores de telecomunicaciones y los prestadores de servicios de comunicación audiovisual dado que en cada ejercicio se recauda una cantidad distinta y no segura”, expone el documento. Y remacha: “Teniendo en cuenta que CRTVE debe hacer inversiones plurianuales, sería deseable que pudiese contar con una seguridad financiera en un corto-medio plazo. La disponibilidad del Estado, vía Presupuestos Generales, para ir modificando la cuantía de la compensación de servicio público no favorece la estabilidad financiera (…), dado que ejercicio a ejercicio se enfrenta. Una expectativa de crédito inestable”. Difícil ser más duro.

La pregunta es, ¿se atreverá Carmen Calvo a entrar como cuchillo en mantequilla en el problema, a sabiendas de que eso supondría ganarse la animadversión eterna de las televisiones, con la potencia de fuego que atesoran? ¿O sucumbirá al síndrome de las ‘vices’ y pasará el trago en silencio, acomodada en sus cuarteles de invierno? Lo cierto es que, sin que la sangre llegue al río, hay maneras de diseñar estructuras de financiación mixtas, que incorporen de pleno derecho y den transparencia a los patrocinios culturales que actualmente RTVE ya utiliza en el límite de la legalidad, como cada año señalan las auditorías de la Intervención del Estado. Nada muy diferente de lo que hace siete años conspicuos conocedores de la Corporación -de los que ya no quedan- plantearon a Cospedal. Hasta 240 millones podían recaudarse por esa vía, sin recuperar los bloques publicitarios y solo con anuncios de salida y entrada de algunos programas, lógicamente mejor pagados. Al menos así se constaba en algunos de los informes que se manejaron. Suficiente para aligerar la carga presupuestaria e impositiva que se afronta cada año para financiar la sociedad.

Claro que ese es un problema real, de fondo. Y acometerlo parece complejo cuando la mayor preocupación de quienes mandan es la ‘purga’ de los disidentes. No resulta baladí que, en esta línea, el Tribunal de Cuentas denunciara recientemente hasta la ausencia de contrato-programa en la compañía, una suerte de plan estratégico aprobado por las Cortes, tal y como recoge la ley de la Corporación. El organismo fiscalizador incluso alerta de que la falta de ese compromiso político tiene implicaciones de gestión, provoca debilidades en la estructura interna y tiene impacto económico. El clamor en torno a la falta de modelo en RTVE lo ve cualquiera que se acerca a la cuestión sin intereses y apriorismos. Pero, desde luego, entre ellos no está ninguno de los últimos inquilinos de La Moncloa, en apariencia solo preocupados por controlar el 'agitprop' en los telediarios. Como Cataluña en muchas comidas de negocios, el fracaso político con RTVE es otro elefante en la habitación.

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