Sábado, 30.05.2020 - 18:05 h
Libertad sin cargas

La reforma laboral no era tan mala... y Sánchez lo sabe

Más vale tarde que nunca. El Partido Popular de Pablo Casado ha aprendido al final algunas lecciones que había dejado para septiembre. O al menos eso ha escenificado en la convención celebrada este fin de semana en Córdoba. Por ejemplo, al final parece haber entendido que gran parte de su fuerza está en el discurso económico. Más cuando la ministra de Economía, Nadia Calviño, ya habla abiertamente de enfriamiento económico. No es casualidad que el líder conservador utilizara como una idea fuerza la necesidad de que, si viene una crisis económica, mejor que el PP, y no Sánchez, ocupe el Gobierno. Constata ese esfuerzo el papel que se ha querido dar en el cónclave a Manuel Pizarro, que siempre podrá presumir de haber avanzado una crisis que el PSOE no quería reconocer. Aunque el llamamiento y la implicación del expresidente de Endesa será puntual, y en gran medida enlaza con la amistad que mantiene desde siempre con el secretario general, su mera presencia transmite un mensaje reconocible en el PP.

Además, el partido también parece resuelto a asumir que, aunque abrir una etapa nueva en el partido era necesario, tampoco todos los que abrigaron responsabilidades en anteriores gabinetes merecen ser orillados sin remedio. Casado, objeto durante estos meses de duras críticas entre bambalinas por las huestes de quienes salieron derrotados de las primarias del partido, parece decidido a dulcificar el discurso. La presencia en el foro de figuras como Elvira Rodríguez o Alberto Nadal así lo sugiere, sin contar con que, como publicaba esta semana La Información, su intención es recuperar a algunos de los grandes activos que ha tenido el partido en materia económica. “El éxito -explicaba en estos días un veterano dirigente de la formación- ha pasado siempre por concentrar sensibilidades que van desde el centro a la derecha más dura, pasando por el pensamiento económico liberal. Hay que volver a eso”.

Precisamente, en este nuevo escenario y con el foco puesto en la economía, la reforma laboral lanzada allá en 2012 por Fátima Báñez -uno de aquellos viejos roqueros- debería ser un importante objeto de debate en la ‘minicampaña’ que se avecina. ¿O no? Llama la atención que Pedro Sánchez, que en otro tiempo se atrincheró en la idea de derogar la norma, ahora prefiera pasar por la misma de puntillas. De hecho, en su reciente documento de 370 medidas de ‘Programa común progresista’ para la formación de Gobierno, el PSOE advertía de su intención de modificar los “aspectos más lesivos” de la reforma laboral, pero evitaba entrar en cuestiones concretas reclamadas durante largo tiempo por sindicatos y partidos como Podemos, como por ejemplo la prevalencia del convenio de empresa sobre los sectoriales. ¿Acaso puede darse el caso de que la reforma en cuestión haya introducido alguna flexibilidad en el mercado laboral y tenido algunas bondades que es mejor reconocer -si es que no hay más remedio- de tapadillo?

Lo cierto es que los últimos datos de afiliación a la Seguridad Social invitan a la reflexión. Y es que traducidos como un claro parón del empleo al sumarse solo 3.224 cotizantes -el menor incremento en el mes de septiembre desde el año 2013-, lo cierto es que ampliar el periodo de estudio permite dar más foco al análisis. No en vano, en los últimos doce meses el sistema ha sumado de media 460.739 trabajadores, lo que supone un incremento del 2,44%. Aunque se trata de una tasa menguante, es motivo de celebración que la economía española siga generando puestos de trabajo a ese ritmo pese a la desaceleración de la que habla la ministra de Economía. Dicho de otro modo, un crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) en el entorno del 2% como el que ahora refleja el INE era sinónimo de incapacidad para generar empleo hace no demasiado tiempo. Al punto de ser un mantra repetido sin ambages por la mayoría de economistas. Algo ha cambiado cuando hoy, con mucho menos crecimiento, se genera más empleo.

La cuestión, empero, no es sorprendente para los iniciados, que ya advirtieron lo que estaba sucediendo. Daniel Fernández Kranz, doctor en Economía por la Universidad de Chicago y profesor del IE Business School, publicó en julio de 2016 un artículo que tuvo amplia repercusión en prensa. En aquel informe, titulado ‘El umbral de crecimiento para la creación de empleo en España: ¿qué sabemos y qué nos dicen los datos más recientes?’, se concluía que la economía española podría crear empleo a partir de tasas de crecimiento del PIB cercanas al 1%. ¿Gracias a la reforma ‘popular’ de 2012? “Se desconocen en gran medida cuáles son los mecanismos que hay detrás de esta reducción en el umbral de crecimiento para la creación de empleo -exponía el documento-. Sin embargo, los datos son consistentes con la hipótesis que relaciona este proceso con la moderación salarial observada tras la reforma de 2012, al concentrarse los beneficios en la industria y para los contratos temporales en períodos de bajo crecimiento económico”.

No obstante, además de la apuesta por la economía y el legado económico del partido, los más fieles a Casado también tienen claro que es imprescindible revisar de arriba a abajo la campaña electoral, después del último fiasco. Al punto que, junto al giro moderado en marcha y según confesaba esta misma semana uno de los más próximos dirigentes al líder del PP, Génova anda aplicada en el estudio del sistema D’Hont y del ‘método Redondo’ para concentrar los esfuerzos en aquellos enclaves donde estén en juego escaños y donde los votos se puedan traducir en representación parlamentaria. Dos fueron las principales críticas internas a la campaña electoral del PP el 28-A. La primera, que en toda el proceso no hubo un ‘estado mayor’ capaz de modular y adaptar el discurso en función de las circunstancias. La segunda, dejar la elección de un responsable en economía para después de las autonómicas. Ahora, queda claro que hay un diagnóstico y un mensaje. También que, al menos durante estas semanas, el gurú económico es Casado.

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