Jueves, 02.04.2020 - 03:01 h
Libertad sin cargas

Todos los hombres de Sánchez (versión florentina)

“En las acciones de todos los hombres, especialmente de los príncipes, donde no hay tribunal al que apelar, se atiende al resultado. Procure pues el príncipe ganar y conservar el estado: los medios serán siempre juzgados honorables y alabados por todos, ya que el vulgo se deja cautivar por la apariencia y el éxito”. La conocida cita -lo más parecido que aparece en ‘El Príncipe’ de Nicolás Maquiavelo al célebre aforismo por el cual el fin justificaría siempre los medios- parece haber guiado los pasos del presidente del Gobierno ‘de facto’, Pedro Sánchez, en la primera parte del debate de investidura escenificado este fin de semana de Reyes. Porque, en esencia, lo que ha mostrado el político madrileño en estos días es un afán indestructible por retener el poder a cualquier precio, por encima de cualquier principio o de visión a medio plazo. El relativismo moral del funcionario florentino hecho carne.

Sánchez, que durante tanto tiempo renegó sin ambages de los pactos con el soberanismo, se deshizo en lisonjas este sábado con el portavoz de ERC, Gabriel Rufián. Al punto de provocar, por momentos, vergüenza ajena. Mesas bilaterales entre gobiernos, federalismo, nacionalidades, reconocimiento de identidades... Mientras el presidente del Gobierno se entregaba al halago fácil en Madrid, Torra y sus socios republicanos en Barcelona aprobaban una moción en la que consideraban un “golpe de Estado” la decisión de la Junta Electoral que inhabilitaba al presidente de la Generalitat. Ya lo decía Maquiavelo: “Todos sabemos cuán loable es en un príncipe mantener la palabra dada y vivir con integridad y no con astucia; sin embargo, se ve por experiencia en nuestros días cómo aquellos que han tenido muy poco en cuenta la palabra dada y han sabido burlar con astucia el ingenio de los hombres, han hecho grandes cosas superando al final a aquéllos que se han basado en la lealtad”.

Planteamiento similar cabe en relación a Podemos, con quien Sánchez formará gobierno de coalición -notable su abrazo con Pablo Iglesias tras su alocución en el Congreso- después de asegurar hace apenas semanas que, como el 95% de los españoles, no hubiese podido conciliar el sueño de aceptar sus condiciones para compartir mesa en La Moncloa. Este sábado, mientras el presidente miraba para otro lado, el líder morado agradecía a los independentistas “en prisión y en el exilio” su trabajo para sacar adelante la investidura. “Jamás le han faltado a un príncipe motivos legítimos con los que disimular su inobservancia -justifica Maquiavelo-. Sobre esto se podrían aducir infinidad de ejemplos modernos y mostrar cuántas paces, cuántas promesas se han revelado vanas y sin efecto, por la infidelidad de los príncipes; y el que mejor ha sabido imitar a la zorra ha salido mejor librado. Pero hay que saber (…) ser un gran simulador y disimulador; y los hombres son tan crédulos, y tan sumisos a las necesidades del momento, que el que engaña encontrará siempre quién se deje engañar”.

Ante la intervención de EH Bildu, la última marca de Batasuna, el que será presidente del Gobierno dejó claro que debatirá en los próximos años sobre el modelo territorial. Es más, insistió en que la Constitución no es “una cárcel”. Obviamente, también necesita su abstención para resistir en Moncloa. La oposición, por boca de PP y Ciudadanos, pidió la palabra para clamar contra la portavoz de los nacionalistas vascos, Mertxe Aizpurua, por haber tildado a España de país autoritario e insistir en que una expresión de ese autoritarismo fue el discurso del Rey en octubre de 2017, tras el referéndum en Cataluña. Sánchez, silente, también podía tirar del manual florentino: “El príncipe, y máxime uno nuevo, no puede observar todo lo que hace que los hombres sean tenidos por buenos, ya que a menudo se ve forzado para conservar el estado a obrar contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad, contra la religión. Por eso tiene que contar con un ánimo dispuesto a moverse según los vientos de la fortuna y la variación de las circunstancias se lo exijan, y no alejarse del bien, si es posible, pero sabiendo entrar en el mal si es necesario”.

Aunque la rabiosa modernidad de la obra, sometida a interpretaciones y relecturas recurrentes, explica que, como apuntaba José Antonio Maravall, se haya “acentuado el maquiavelismo más allá del nivel de Maquiavelo”, lo cierto es los españoles no se merecen este modelo de político ‘veleta’, capaz de cambiar de idea en función de sus intereses en espacio de cinco minutos… y defender con la misma vehemencia cualquiera de las dos posturas. Como exponía Baltasar Gracián, en su defensa de Fernando el Católico y en velada crítica a los postulados del nacido en Florencia allá por mayo de 1469, “no es saber aquél de quien degeneran los efectos. Son las obras prueba real del buen discurso. Política inútil la que se resolvió toda en fantásticas sutilezas y, comúnmente, cuantos afectaron artificio, fueron reyes de mucha quimera y de ningún provecho”.

Más cercano a los tiempos actuales, Robert Penn Warren publicó y consiguió el Pulitzer en 1946 con ‘All the King’s Men’ (Todos los hombres del Rey, Anagrama). El relato -llevado al cine por Robert Rossen con un Broderick Crawford magistral- cuenta la historia de Willie Stark, un político sin escrúpulos, demagogo y populista, capaz de todo por conseguir sus objetivos. En un momento, Jack Burden -narrador de la historia y mano derecha de Stark- reflexiona con el juez Irwin -al que pretende coaccionar- sobre la vida pública: “La política es siempre cosa de elección y el hombre no establece él mismo lo que ha de elegir. Y siempre se paga un precio por elegir. Bien lo sabes. Tú has elegido y sabes lo que te ha costado. Siempre se paga algo”. En efecto, Sánchez podrá encontrar consuelo en las circunstancias y en la aritmética, pero sin duda pagará un precio por los socios elegidos en estos días de enero. También afrontará una onerosa factura el Partido Socialista cuando llegue el momento. Se acercan tiempos de maleza.

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