Sábado, 23.03.2019 - 14:44 h
Tabula Rasa
Analista político y socio de MAS ConsultingGroup

Ante la amenaza de Trump... Europa debe responsabilizarse de sus terroristas

Las guerras han cambiado. La experiencia pone de manifiesto que para la consecución de los objetivos militares, ya no es necesario desplegar cientos de miles de efectivos sobre el terreno. Basta un uso efectivo de la inteligencia y la ejecución de acciones operativas por parte de un reducido contingente especializado.

Con base en este planteamiento, Estados Unidos da por concluida su intervención en Siria. Las críticas no se han hecho esperar. El régimen de Bashar al-Asad sale como ganador en esta guerra que lleva más de nueve años asolando el país, pero los Estados Unidos consiguen apuntarse el tanto del fin del ISIS en Siria.

¿Realmente Estados Unidos ha conseguido sus objetivos? Todo pasa por saber cuales eran. El objetivo fundamental de esta intervención iniciada en 2014 junto a otros aliados como Reino Unido, Francia, Jordania, Turquía, Canadá y Australia era derrotar al ISIS y al Frente al - Nusra. Ambos pretendían extender su mal llamado Califato derrocando al Gobierno sirio. Para ello se aprovecharían de la guerra civil en la que estaba sumida el país desde 2011.

Hasta enero de 2017, Estados Unidos centraba su acción en este objetivo, sin embargo, en esta fecha encontramos los primeros bombardeos directos contra el régimen de al-

Asad. Era el intento retrasar la victoria ruso - siria en lo que recomponía tácticamente el teatro de operaciones en Oriente Medio.

Estados Unidos pone fin así a una guerra en la que ha desplegado a un número relativamente pequeño de fuerzas de operaciones especiales, aviones, buques e inteligencia para acabar con el sueño de los terroristas islámicos.

Ahora es momento de plantear las consecuencias de la intervención aliada. La primera de ellas es pensar qué hacer con los combatientes que restan sobre el terreno. Es complicado afirmar con rotundidad cuantos integrantes del ISIS quedan en Siria, pero sí existe un hecho cierto y constatado. El dato lo ofrecen los terroristas capturados, fundamentalmente por las Fuerzas Democráticas Sirias, principalmente integradas por minorías kurdas.

Los detenidos sumarían más de 1.200 personas de más de 45 países a los que hay que sumar aquellas mujeres, se estiman más de 500, que también se sumaron a la búsqueda del delirio en forma de la violencia y el terror más extremo. Añadan los hijos nacidos de estas uniones y comprobarán que el problema jurídico y de seguridad no es menor.

Un alto porcentaje de estos terroristas provienen de nuestra añorada y a menudo pusilánime Europa. Donald Trump, a través de su canal de comunicación oficial con el exterior, Twitter, animó a los países europeos a hacerse responsables de sus nacionales capturados.

El carácter del presidente americano se nota desde el primer momento. Si en el pasado el fantasma de Guantánamo reinaba sobre aquellos sospechosos de estar implicados en actividades terroristas contra EEUU en lo que se determinaba su nacionalidad, Trump aboga por el pragmatismo y amenaza con liberarlos en caso de que no se exista ningún Estado que se responsabilice de sus nacionales.

Si podemos criticar la forma, no podemos olvidar que la principal misión de un Estado, al menos en su concepción clásica, es la de ejercer el monopolio de la violencia y castigo contra sus ciudadanos en caso de que estos sean responsables penales de sus actos, sean estos de terrorismo, sabotaje o incluso rebelión.

El presidente de los Estados Unidos tiene razón. Europa debe responsabilizarse de sus terroristas antes de criticar cualquier tipo de acción que los Estados Unidos o cualquier otro país implicado directamente en esta guerra contra el terrorismo pudiera tomar. Dicho en Román paladín, no podemos estar en misa y replicando. Tampoco podemos olvidar que el Estado debe ser responsable de los actos de sus conciudadanos.

La posición de Reino Unido, Francia y Alemania es complicada. Estamos ante un nuevo ejemplo de la distancia que separa a la Unión Europea de sus propios Estados. Reino Unido se empeña en destacar la complejidad legal del asunto. Se escuda en la imposibilidad de repatriar a sus ciudadanos bajo sospecha debido a la inexistencia de un consulado en Siria… A menudo nuestro proteccionismo penal y el reforzamiento del principio in dubio pro reo obligaría a poner en libertad a aquellos europeos sobre los que no se pudiera demostrar la perpetración de delitos punibles. A la complejidad legal se une la problemática mediática, que originaría llevar a territorio propio a terroristas que han operado en el exterior.

Pese al hecho cierto de haberse desplazado hasta Siria, cobijarse en un terreno controlado por una organización criminal para, vayan ustedes a saber qué cosas, a ojos de la ley da igual si no se puede demostrar su culpabilidad, por lo que quedarían en absoluta libertad.

Alemania es el país más afectado. Se estima que más de mil terroristas han viajado desde Alemania dirección Siria en los últimos años. La reacción a la amenaza - anuncio de Trump no se ha hecho esperar.

Siguiendo las pautas de la sibilina diplomacia, Berlín admitió que repatriará a todos los ciudadanos alemanes y a sus familias que estuvieran en Siria, siempre que pudieran identificar previamente y sin ningún tipo de duda la nacionalidad de los mismos. Un requisito que sobre el terreno implicaría desplegar una fuerza de investigadores para identificar a los afectados y realizar pruebas de ADN que pudieran vincular a los niños nacidos durante este tiempo en Siria y que fueran alemanes. La ley alemana contempla que los niños nacidos de un padre alemán, incluso fuera del país, pueden optar a la ciudadanía germana.

Por último, Francia, quizá la más concienciada con respecto a la responsabilidad que le toca ejercer en esta esquina del mundo, asume que, siendo cierto el revuelo político y mediático que pudiera ocasionar la repatriación de sus ciudadanos terroristas en un ya de por sí complicado panorama penitenciario, asumiría que corresponde a París, juzgar y encarcelar a sus nacionales. Con la misma contundencia asumió la repatriación de 130 detenidos en Siria, pero, de momento, su acción se ciñe a las mujeres y los menores nacidos durante este tiempo.

No podemos descartar, ni mucho menos que entre los detenidos haya ciudadanos españoles que se sumaron al ISIS en su momento.

Nuestro derecho penal se extiende más allá de nuestras fronteras. A los evidentes delitos de pertenencia a organización terrorista y participación en un conflicto armado sin la autorización del Estado, se unirían previsiblemente los de tenencia ilícita de explosivos, torturas, secuestro, amén de poner en grave riesgo nuestros intereses nacionales.

El derecho español tiene respuesta y también la tiene nuestra infraestructura carcelaria. España es ejemplo en la aplicación de la denominada inteligencia penitenciaria, es decir, la posibilidad de utilizar información y datos del comportamiento de estos presos en prisión para estudiar, conocer, interpretar y producir inteligencia en aras de la lucha contra el terrorismo fundamentalista. Nuestro país, por desgracia, ha sido en más de una ocasión destinatario directo de su acción.

Baste recordar la operación en 17 cárceles españolas contra redes de radicalización y captación cuyo resultado fue la captura de 25 presos con el objetivo de atraer al universo del terror a nuevos combatientes.

Siempre nos acordamos de criticar la acción exterior americana pero cuando nos afecta directamente no podemos volver a esconder la cabeza en el agujero. Europa debe tomar partido y responsabilizarse de no permitir nuevos 'Guantánamos' por su inacción e irresponsabilidad, amén de mantener a buen recaudo a aquellos nacionales que optaron por el terror y la tiranía en lugar de la democracia.

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