Lunes, 10.12.2018 - 10:31 h
Tabula Rasa
Analista político y socio de MAS ConsultingGroup

Crisis en Irán o cómo el aleteo de una mariposa nos puede afectar a todos

Donald Trump en un acto de la Asociación Nacional del Rifle en Dallas
Donald Trump en un acto de la Asociación Nacional del Rifle en Dallas / EFE

La superada generación X creció ensimismada con aquello del efecto mariposa. Básicamente consistía en una explicación, más o menos científica, de cómo el pequeño aleteo de una mariposa en Tokio podría suponer un huracán en cualquier otra parte del mundo. La causa en sí simplemente se produciría por una concatenación de hechos, en principio inofensivos, tomados de manera aislada, pero que unidos marcaban la diferencia entre la vida y la muerte. La injustamente tratada 'Babel', la película de Alejandro González, es un ejemplo magistral de ello con implicaciones en la Historia y también en nuestra historia.

Pues parece que este aleteo se vuelve a producir, pero no en Tokio sino en el peor de los escenarios posibles: Oriente Medio. El martes, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, decidió unilateralmente dar por roto el acuerdo nuclear con Irán, casi tres años después de su firma.

Las consecuencias para Europa, y España en particular, son muy importantes y también lo son para nosotros, los ciudadanos, que inexorablemente siempre aparecemos en la lista de damnificados. En primer lugar, es importante para el continente europeo, puesto que los esfuerzos diplomáticos lanzados por la UE de manera conjunta y Reino Unido, Francia y Alemania en particular han resultado un fracaso absoluto. Su empeño no ha supuesto un freno a una decisión unilateral de la principal potencia mundial, que pone en riesgo una zona caracterizada por el conflicto permanente y continuo entre todos los actores presentes sobre el terreno.

Como no podía ser de otra manera, los tres países líderes han reaccionado solicitando a EE. UU. que no obstaculice de ninguna otra forma la implementación del acuerdo. Es importante señalar que esta acción diplomática se produce al margen de la UE, mucho más comedida en este aspecto, y que únicamente constata su intención de trabajar con la Comunidad Internacional para preservar el texto.

La auténtica línea roja que parece haber marcado Bruselas es la de las represalias hacia las empresas europeas que puedan mantener negocios en Teherán y que el Ejecutivo comunitario podría utilizar para enterrar definitivamente el, a partes iguales, odiado y ansiado tratado de libre comercio con América del Norte.

Es especialmente relevante el papel jugado por Francia y Alemania. Las visitas de Macron y Merkel a Washington tenían, entre otros objetivos, manifestar en persona que una decisión como la tomada por Donald Trump no sería bien vista a ojos de París y Berlín. Pese a las buenas palabras iniciales, sobre todo con el presidente francés, Trump ha optado por cumplir su palabra, que no olvidemos, es por la que fue elegido por el pueblo estadounidense.

Macron incluso llegó a ofrecer a Trump la posibilidad de renegociar el acuerdo para evitar la ruptura del mismo, pero ni eso hizo dudar al presidente americano que parece dispuesto a ejecutar su voluntad, pase lo que pase y pese a quien pese. No olvidemos que al final los países con botas sobre el terreno son los que mandan, y Estados Unidos las tiene en prácticamente todo el mundo.

La única nación que parece dispuesta a aplaudir la decisión americana es Israel, y en menor medida Arabia Saudí, que contempla con gozo como una decisión de un adversario intelectual puede poner en un brete a su enemigo político - y religioso - por excelencia.

A Israel no le gusta en modo alguno tener a las tropas iraníes en el teatro de operaciones sirio, a escasos metros de la frontera de los Altos del Golán. Por esto, el gobierno de Benjamín Netanyahu considera que la decisión americana puede favorecerle, al cortar de raíz las expectativas geopolíticas persas y suponer un alivio que pudiera alejar a los aliados de Bashar al Assad.

Para España la situación es peor. Independientemente de las cuestiones diplomáticas, en las que estamos desaparecidos, nuestro país tendrá que tomar una decisión que afectará directamente a nuestro bolsillo. Seguir comprando petróleo a Irán o no. Tras el acuerdo nuclear, España importó de este país casi el 6,7% del total de barriles que adquirimos en el mercado internacional.

Ya en 2016, nuestro país cambió de socio energético al dejar de comprar crudo a Venezuela, para retomar la compra del petróleo iraní. Venezuela puede ser de rebote el gran beneficiado de esta operación de nuevo, en un momento en el que nuestras relaciones con el gobierno de Maduro no pasan por su mejor momento, pero, aun así, al que hasta hace poco era el país con las mayores reservas de hidrocarburos probadas del mundo puede haberle venido Trump a ver.

En este mismo año, tanto Repsol como Cepsa se lanzaron a comprar petróleo iraní por varias razones. En primer lugar, por su mayor calidad frente al oro negro venezolano y en segundo lugar por sus facilidades de pago, lejos de las condiciones leoninas del país caribeño.

Irán no es el mayor proveedor de petróleo de España, pero su aportación a la lista de los 10 países a los que más crudo compramos es importante. Con datos de 2017, Irán es el sexto proveedor de petróleo para nuestro país, por delante de Irak, Brasil, Noruega y Angola y por detrás por escaso margen de Kazajistán y Libia, y a años luz de México o Nigeria que alcanzan cuotas por encima de los 10 millones de toneladas de crudo.

En cualquier caso, España ha sido históricamente uno de los grandes compradores de petróleo iraní, alcanzando en 2017 los 4,38 millones de toneladas con un incremento con respecto a 2016 de un 74%, fecha del fin de las sanciones impuestas por Estados Unidos a aquellos países que compraban producto iraní.

Evolución del Brent
Evolución del Brent

Por último, no se nos puede olvidar el damnificado, antes llamado paganini, que puede ver como el precio del petróleo alcanza valores por encima de los 80 dólares en días, que se trasladará de manera casi inmediata a nuestro depósito de combustible y que entorpecerá el ajuste de nuestra balanza comercial, tan necesario para equilibrar nuestras cuentas.

Irán, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania, Israel, Arabia Saudí, Venezuela… nunca el viento que produce el aleteo de una mariposa viajó tanto y tan rápido.

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