Opinión

'Democracy Index 2020': una noticia mala y otra buena para la economía española

Sánchez Calviño
Democracy Index 2020: una noticia mala y otra buena para la economía española.
L.I.

La Unidad de Inteligencia de la revista ‘The Economist’ es un instrumento perfecto para comprender la delgada línea que separa la economía de la política. A través de lo que denominan un "enfoque integrado de análisis macroeconómico", sus informes ayudan a comprender cómo los cambios políticos influyen en los planes estratégicos de empresas y, por extensión, en el conjunto de la economía mundial.

Esta semana liberaban uno de sus estudios anuales de referencia. Se trata del Democracy Index 2020 que analiza el punto concreto en el que se encuentran los indicadores democráticos de 165 estados en el mundo. Una vista general del documento ofrece un panorama desolador de los efectos que la pandemia ha causado en las democracias mundiales. El huracán es perceptible no solo en las más frágiles, también en las más robustas y que, tradicionalmente, estaban encabezando esta prestigiosa lista. A modo de ejemplo: Francia y Estados Unidos han pasado de ser consideradas "democracias plenas" a "democracias con imperfecciones". Un estatus muy inferior al que tradicionalmente ostentaban estas dos potencias.

La mala noticia

En el caso de España, la influencia de los acontecimientos políticos y económicos sobre el devenir democrático es evidente. Con respecto al curso pasado, hemos perdido seis puestos en la clasificación, consecuencia lógica del confinamiento estricto del segundo trimestre de 2020 y el descalabro producido en el PIB español durante todo el año.

La correlación entre PIB y democracia se pude observar desde el inicio de la serie histórica del informe. En 2006, España alcanzaba su mejor valoración, algo que igualábamos en 2008, con un 8,45 sobre 10. Era el inicio de la crisis económica que conllevó, en los años posteriores, el mayor recorte presupuestario de la historia de la democracia. 2013 supuso nuestro fondo valorativo particular. Llegamos al nivel más bajo del periodo estudiado por la publicación, cerrando el ejercicio con un 8,05.

Poco a poco nuestra economía conseguía sacar la cabeza del agujero. En 2015, con un crecimiento del PIB del 3,8%, España remontaba con fuerza la senda de la ‘recuperación democrática’ marcando un 8,30, mismo valor que en 2016, donde el incremento del PIB aún se encontraba por encima del 3%.

No todo podía ser tan bonito. El comienzo del llamado ‘suflé catalán’ comenzó a hacerse sentir sobre los apesadumbrados hombros de un país condenado a no entenderse. El PIB caía por debajo del 3%, acompañando el deterioro de los indicadores estudiados, alentados por un ataque furibundo a lo más profundo de los valores democráticos por parte del nacionalismo radical. Cuanto más aumentaba el sentimiento y la presión independentista, más puntos perdía España como democracia. Una paradoja perfecta para algunos, puesto que el pulso al Estado a su vez armaba los argumentos separatistas para justificar sus postulados en una inventada ausencia de democracia en el territorio español.

2017 y 2018 fueron los años más tensos en la concepción territorial y política del país. La nota conseguida durante este bienio apenas llegaba al 8,08, acompañado por un descenso del PIB hasta el 2%. Una cifra muy lejana del 3%, que se considera adecuado para que los indicadores de empleo abandonen el rojo. El PIB parecía estancado en este techo... hasta que llegó la pandemia y lo desmoronó hasta el -11%. Como no podía ser de otra manera, los indicadores democráticos cayeron durante 2020. España ha perdido seis centésimas en el conjunto de parámetros, algo que le ha llevado a situarse en el número 22 de las democracias más desarrolladas o ‘plenas’, como señala la Unidad de Inteligencia, a nivel mundial y la decimotercera en Europa.

Y aquí viene la buena

Y lo es. Las mejores notas las obtenemos en procesos electorales y pluralismo (9,58), cultura política (8,13) y libertades civiles (8,53). Son estos valores los que permiten a España obtener la calificación de "democracia plena", incluso en un contexto de restricciones de derechos como consecuencia de las medidas adoptadas para combatir la pandemia.

Todo en la vida necesita comparación y el índice democrático no iba a ser menos. Francia, Portugal, Italia o Bélgica, el paraíso y refugio democrático del independentismo, están por detrás en el ranking y son calificadas como "democracias imperfectas". A tiro de piedra de nuestro país se sitúan Austria, Reino Unido o la mismísima Alemania. Lejos quedan los países nórdicos, encabezados por Noruega, Islandia, Suecia o Finlandia, donde los efectos económicos del coronavirus han sido menos acusados que los sufridos en las grandes economías del continente y las restricciones han sido también de menor calado.

Ser calificado como "democracia plena" o "democracia imperfecta" no es una cuestión menor. Estar en el primer grupo de cabeza implica el respeto no sólo de "las libertades políticas y civiles, sino la existencia de una cultura política que favorece el discurrir de la democracia". En estos países, y España hasta el momento lo es, "el funcionamiento del Gobierno es satisfactorio. Los medios de comunicación son independientes y diversos y existe un sistema de controles y contrapesos al poder". El poder judicial también tiene un apartado digno de mención como parte de una democracia plena: "es independiente y sus resoluciones y sentencias se hacen cumplir". Todo un 'zasca' en la boca para aquellos que emplean más tiempo atacando la democracia española que en defenderla. El mismo estudio reconoce que, como en toda organización, hay problemas, pero "están limitados al normal funcionamiento de la democracia".

Francia, Portugal, Italia o Bélgica, el paraíso y refugio democrático del independentismo, son calificadas como ‘democracias imperfectas’

Continuar siendo una "democracia plena", validada por el que quizá es el grupo de estudios económicos y políticos más importante del mundo, es especialmente relevante y más en un año que valora los efectos de la pandemia en el conjunto de las restricciones impuestas en la gran mayoría de estados del mundo. El estudio tiene una especial atención a la situación en Estados Unidos, donde la pandemia, el movimiento Black Lives Matter y las controvertidas elecciones norteamericanas han protagonizado un convulso 2020.

También es conveniente ponerle datos a nuestro puesto en el ranking global. De acuerdo al estudio, solo el 8,4% de la población mundial vive en un país calificado como democracia plena. Casi tres puntos por encima del 5,7% conseguido en 2019 y que pone de manifiesto que el 90% de la población mundial vive en democracias menos consolidadas, en el mejor de los casos, cuando no en regímenes autoritarios o con un menosprecio sádico de los más fundamentales derechos humanos.

Hace unos meses, Omar Encarnación publicaba en Foreign Affairs una recensión sobre el libro 'Un pueblo traicionado' de Paul Preston. El autor la titulaba "el milagro español" y aludía a los continuos "éxitos" de España en materia democrática, ratificados por encuestas y estudios como los de la Freedom House y 'The Economist'. El autor aseguraba que "España goza de una de las mejores protecciones de los derechos civiles, políticos y humanos del mundo, incluso llegando a ser líderes en la expansión de derechos, libertades y ciudadanía".

Los elogios de 'The Economist', Freedom House y 'Foreign Affairs' son una gota de optimismo en un año que se está demostrando realmente complicado para la economía y la política española. A medida que los planes de vacunación mundiales se desarrollen en plenitud, las restricciones provocadas por la Covid-19 se irán suprimiendo. 2021 será, en principio y con todas las cautelas puestas, un año mucho mejor para la democracia en el mundo y, por lo tanto, para España, siempre que la economía también nos acompañe en el proceso.

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