Viernes, 29.05.2020 - 13:30 h
Tabula Rasa
Analista político

La energía será de color púrpura 

En el pasado el color púrpura estaba reservado para los grandes próceres de la historia. Emperadores y cardenales, Iglesia y Estado, rivalizaban por portar este color derivado de la fusión íntima entre el rojo y el morado. El púrpura se reservaba así para las grandes ocasiones, para aquellos momentos en los que era más importante el boato que el argumento.

Parece que el año nuevo nos ha traído nuevas energías en forma de compromisos legislativos. El horizonte de un futuro gobierno surgido de la tradicional rosa carmesí socialista y el nuevo tono violáceo de Unidas Podemos está en el ambiente. Son dos tonalidades cromáticas llamadas a entenderse y protagonizar una legislatura en la que el púrpura dominará la escena.

Como en todo diseño industrial, la mayor o menor proporción de cada uno de los colores determinará el producto final. Dependiendo de que la balanza se incline a uno u otro lado, el púrpura pasará a convertirse en escarlata o, si invertimos los términos, el púrpura mutará en granate.

Una de las zonas en las que el púrpura está en peligro es la energía. Las 16 medidas presentadas en este campo el pasado 27 de diciembre fusionan los planteamientos ideológicos de PSOE y Unidas Podemos. El color púrpura parece haberse hecho un hueco importante.

El rojo socialista muestra una importancia con marcado carácter continuista. La aprobación de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, aporta, aunque pueda parecer paradójico, un halo de estabilidad en un escenario de incertidumbre política.

Esta ley debió ser aprobada hace ya más de un año. Todos los actores conocen sus disposiciones. Ha pasado por trámite de audiencia pública en más de una ocasión. Contiene importantes observaciones y enmiendas de la sociedad civil y, aunque es lógico que no agrade a todo el mundo, gran parte de sus efectos negativos hacia los sectores

implicados ya han sido amortizados. No olvidemos que la espada de Damocles de su aprobación ha estado pendiendo de sus cabezas tras más de 18 meses de espera.

Íntimamente ligado con el punto anterior está la aprobación del Plan nacional integrado de Energía y Clima. Un texto que ya fue enviado a Bruselas, valorado positivamente por la Comisión y que necesitará de la mencionada ley para que sea efectivo. De una vez, el Reino de España podrá cumplir sus obligaciones internacionales.

El nudo gordiano de las medidas energéticas se sitúa en la reforma del mercado y el objetivo de la bajada universal de la factura eléctrica. Leyendo con detenimiento el documento y depurando las numerosas vaguedades lingüísticas políticas que contiene en los “elaboraremos”, “impulsaremos” o “revisaremos”, encontramos una estratégica influencia morada en su concepción.

La reducción progresiva del coste de las energías renovables, siendo cierta, obvia que en parte es así gracias a la aportación de las energías convencionales, principalmente el gas, en la determinación de la factura. Este es una explicación que encuentra un rechazo comprensible entre la comunidad morada, pero que realmente no aguanta el más mínimo argumento en contra. Por el momento, el gas es el sustituto de la energía térmica, principalmente carbón. Además, cuenta con el consenso político para ser sustituido. Si en el pasado los ciclos combinados estaban aparcados en la esquina de nuestro mix energético, hoy tienden a situarse como la principal y paradójica herramienta para la descarbonización de la economía y como instrumento fundamental en el apoyo a la generación renovable.

El rojo tendrá que imponerse al morado en esta ocasión para poner algo de sentido en la aspiración de tener una factura de la luz asequible, con un mix renovable y con una seguridad de abastecimiento que acompañe a la economía, tanto doméstica como industrial.

Hay un elemento que, legislatura tras legislatura, aparece y que toma su nombre de la influencia anglosajona en nuestro sistema energético. Los “windfall profit”, los beneficios caídos del cielo o, dicho de una manera compresible, los ingresos que se reciben por instalaciones ya amortizadas, también encuentran espacio en el documento. Es una reivindicación morada que, junto a la revisión de los pagos por capacidad, comparte gran parte del electorado rojo y que, salvo catástrofe, será uno de los puntos en los que Unidas Podemos hará un especial seguimiento durante la legislatura.

Las políticas de ahorro y eficiencia energética surgen en el espíritu del texto. Su plasmación no es otra que la creación de un factor corrector progresivo contra aquellos consumidores que más energía gasten. Si ya era complicado resolver las ecuaciones que nos obligan a consultar cada hora de nuestro consumo energético, ahora tendremos que introducir la variable del consumo progresivo para evitar pagar más y que la factura se nos dispare si no hemos planificado correctamente nuestro devenir eléctrico diario.

Tras el ahorro y la eficiencia aparece el bono social. Un elemento que hay que recordar que fue diseñado para evitar subidas abusivas del precio de la luz a colectivos especialmente vulnerables. Hoy en día se confunde con sufragar la deuda contraída por particulares, independientemente de su condición económica. El criterio de renta y la determinación del umbral del 10% de los ingresos destinados a pagar la factura energética de las familias puede ser el bálsamo que revitalice la eficacia real del bono social. De nuevo la influencia morada se nota cuando señala a los pagadores del mismo, que no serán otras que las comercializadoras, obligadas ahora a garantizar un consumo mínimo - y quizá exento de pago - de energía por unidad doméstica.

El vehículo eléctrico, a medio camino entre el campo energético y el industrial, es una auténtica encarnación del color púrpura. Ambos partidos parecen abrazar su desarrollo. Un tratamiento beneficioso que incluso podría vulnerar la neutralidad tecnológica al contemplar únicamente un esquema de ayudas económicas para este tipo de movilidad. Se olvidan así de que existen otras muchas tecnologías de igual o menor poder contaminante y que aportan más activos económicos para el país. La automoción es uno de los pocos sectores industriales en los que España juega en la primera división mundial.

Está claro que la energía está cambiando de color. Del negro petróleo estamos pasando, poco a poco, al verde renovable. Para alcanzarlo tendremos que pasar, irreversiblemente, por el púrpura. Un color cardenalicio que deberá primero evangelizar en el presente para ganar adeptos a los que convencer en el futuro.

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