Martes, 11.12.2018 - 10:55 h
Tabula Rasa
Analista político y socio de MAS ConsultingGroup

Una nación en guerra: el nuevo plan de Trump frente al terrorismo

Así es como se define la situación que vive Estados Unidos en la Estrategia Nacional contra el terrorismo presentada en Washington. El documento, además de exponer las líneas maestras de la política de seguridad americana, da un paso adelante en la táctica de comunicación del presidente Trump, caracterizada por su emoción y efectividad, aunque en algunas ocasiones raye en el sensacionalismo.

Nos encontramos ante uno de esos informes esenciales en la configuración de la acción exterior estadounidense. La realidad nos dice que este tipo de textos suelen pasar desapercibidos y que sólo nos acordaremos cuando suframos algún tipo de ataque terrorista en suelo europeo. Es evidentemente que afecta al resto del mundo a la hora de analizar la nueva aproximación americana hacia el terrorismo internacional.

El documento parte de un hecho clave: el cambio de fase en la lucha global contra el terrorismo. En el pasado, la intervención directa sobre el terreno protagonizó las acciones de los expresidentes Bush y Obama. Durante todo ese tiempo, los principales actores, léase Al Qaeda, Al Shabaab, Boko Haram o incluso el Daesh, han mutado considerablemente con respecto al 11S. Tanto las nuevas formas de terrorismo, como los escenarios geográficos en los que se está desenvolviendo, distan mucho de los solitarios desiertos y las abruptas montañas afganas del pasado.

Todo esto hace que se requiera una nueva estrategia para combatir y prevenir el terrorismo. La nueva aproximación parte de una realidad cuando menos incierta en un panorama global caracterizado por la inestabilidad. El objetivo americano en la lucha contra el terrorismo es, por un lado, parar el golpe, es decir poner todos los medios al alcance de Estados Unidos para evitar verse golpeada de nuevo en su territorio por la zarpa del terror, pero también comparte protagonismo con el freno a las captaciones de nuevos terroristas, especialmente mediante el reclutamiento a través de las redes sociales. Nos encontramos ante una combinación del efecto terapéutico y profiláctico en un mismo documento.

El nuevo escenario incluye las redes propias de organizaciones como Daesh o Al Qaeda, pero también a aquellos Estados que en mayor o menor medida prestan su apoyo a estos grupos, bien sea de manera directa o incluso potencial. Estados Unidos pone nombre a estos Estados y señala directamente al que parece ser la bestia negra de la administración Trump: Irán.

Llama especialmente la atención la advertencia recogida explícitamente por el presidente americano: "Irán y sus representantes han bombardeado embajadas e instalaciones militares estadounidenses, han asesinado a cientos de miembros del servicio estadounidense y han secuestrado, encarcelado y torturado a ciudadanos estadounidenses".

Evidentemente el establishment político y militar americano siempre ha situado a Teherán como uno de los países que más directamente alentaba (cuando no apoyaba directamente) el terrorismo internacional, pero una mención tan expresa y directa revalida la teoría de que los americanos consideran este eje de acción política y de seguridad como prioritario en su dimensión exterior.

Según se recoge en el texto, “Irán es el Estado más importante que apoya el terrorismo internacional a través de su red global de agentes y su apoyo constante a grupos terroristas”. Estados Unidos no suele avisar dos veces y esta expresión parece una advertencia en toda regla a las autoridades iraníes para que cesen su apoyo sobre el terreno en Siria, Yemen o Irak a grupos cercanos al terrorismo yihadista o incluso islámico.

Los atentados del 11S demostraron que Estados Unidos debe hacer mucho más que eliminar o capturar terroristas. La prevención pasa, en los próximos diez o quince años, por desmantelar en su totalidad las redes de apoyo en sus dimensiones logísticas o incluso financieras. Dada la atomización del fenómeno terrorista mundial, la administración Trump se preocupa en señalar que, en esta ocasión, no van a entrar en disquisiciones sobre si deben luchar contra una u otra forma de terrorismo. Van a combatir en su grado más extremo a cualquier grupo o individuo que tenga capacidad para poder atentar contra los Estados Unidos, sus ciudadanos o incluso, simplemente, sus intereses a lo largo y ancho del mundo.

En buena lógica, todo relato político necesita dotarse de coherencia. El famoso America First, con el que Donald Trump trata de agrupar todas sus acciones, aparece también reflejado en la estrategia. El reforzamiento de las fronteras exteriores estadounidenses, el fortalecimiento de todos sus puertos de entrada de personas y mercancías, la protección de sus infraestructuras estratégicas, y la concienciación entre la ciudadanía, son los ejes de actuación de la nueva estrategia en su dimensión interior.

Es de destacar el giro que ofrece el Ejecutivo americano a la hora de abordar la colaboración de sus aliados.

En lugar de negarla, precisamente aprovecha el mantra político del presidente para señalar que “América First” no significa “America alone” y marca el terreno de juego con el que van a tener que lidiar sus (nosotros) aliados. Estados Unidos buscará la cooperación en aquellos campos que ayuden a eliminar el terrorismo islamista, el apoyo que presta Irán a los grupos terroristas y - esto es novedad – cualquier otra forma de violencia extremista.

En cuanto a las formas señala la cooperación y mejora de las capacidades de los países aliados en la lucha contra el terrorismo. También apoyará la intervención directa de terceros Estados siempre que su objetivo final sea la eliminación directa o indirecta de grupos o individuos calificados como terroristas.

Como se ha señalado anteriormente, la capacidad de reclutamiento de los grupos terroristas merece especial atención en la nueva estrategia americana. La creación y captación de terroristas a través de las redes sociales es una realidad cotidiana.

Estados Unidos parece haberse dado cuenta de la importancia que juega la red en la búsqueda de un espacio libre de contenidos audiovisuales que puedan servir de banderín de enganche a jóvenes radicalizados, dentro y fuera del territorio estadounidense.

Con este objetivo, la administración americana tiende sus brazos a la colaboración público – privada para “tomar un papel decisivo en la prevención y la lucha contra el terrorismo internacional”. La utilización de datos y vigilancia de la red parece haberse puesto como principal prioridad de la actividad contraterrorista americana.

Próximamente asistiremos a la firma de acuerdos y espacios de encuentro entre los grandes de la industria tecnológica y de comunicación. El núcleo fundamental del debate será de nuevo la sempiterna búsqueda de equilibrio entre privacidad y seguridad en la red. Es un debate que nos compete a todos los usuarios de Internet, independientemente de nuestro pasaporte.

Baste finalizar este artículo con una cita del presidente Trump sobre los nuevos tiempos: “Nuestros aliados nunca dudarán de nuestro apoyo, nuestros enemigos nunca lo harán de nuestra determinación”. Podremos cuestionar la eficacia del mensaje presidencial, pero desde luego no su claridad, que ya quisiéramos en algunos temas para nuestro país.

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