La semana fantástica de Montoro... y su improbable triunfo final sobre Guindos

"He fomentado una profunda reforma del sistema financiero español que ha incluido la recapitalización y reestructuración del sistema, así como otras medidas para asegurar que cualquier resolucion bancaria en el futuro se implementa sin recurrir al dinero de los contribuyentes", exponía Luis de Guindos en la primera de las más de 30 preguntas que se le formulaba en el Comité de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo, una comparecencia cuya transcripción acaba de hacer pública la Eurocámara. Una medalla más de esas que el ministro de Economía ya se ponía en su último libro -'España amenazada, de cómo evitamos el rescate y la economía recuperó el crecimiento' (Atalaya, 2016)- y que a su compañero de gabinete Cristóbal Montoro le hacían torcer el rictus.

Y es que el ministro de Hacienda no cena con periodistas. Tampoco recurre al 'Financial Times' para hablar del rescate a la economía española ni presume de sus buenos contactos en Europa a la menor ocasion. Es más, él mismo bromea consciente de que no es el estudiante más popular del instituto. Sin embargo, 'sotto voce' reclama legítimamente sus méritos en la recuperación de la economía española, y recuerda lo que ha supuesto para las comunidades autónomas el fondo de liquidez para el pago a proveedores, así como el esfuerzo de consolidación fiscal y reducción del déficit que ha perseguido. Él -y no otro- es quien visitaba el Palacio de la Moncloa cuando tocaba apretar las tuercas a la economía catalana y quien hizo -junto a los Nadal, Soraya o Báñez- la travesía del desierto en Génova mientras otros se hacían fuertes en el sector privado. Montoro se acuerda. Y, bajito, lo dice.

La callada pugna entre ambos ministros se cerraba esta semana con la escenificación del relevo de Guindos por Román Escolano, tras seis años de filtraciones, críticas soterradas y malas vibraciones entre Economía y Hacienda. En consecuencia, Montoro podría cantar victoria a la vista del adiós de su adversario aunque solo por fuera por ser 'the last man standing'. Sin embargo, lo cierto es que Guindos abandona el barco rumbo a pastos muy, muy verdes, al menos lo suficientemente fértiles como para sacar pecho. La vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE), por mucho que no da al político madrileño capacidad de decisión ni poder ejecutivo alguno, sí es un puesto de relevancia institucional más que notable, sin contar con la nada desdeñable retribucion que lleva aparejada. El triunfo del ministro de Hacienda, por tanto, debe apoyarse en otros lares.

Corría el año 2011 y el Partido Popular se aprestaba a tomar las riendas del Gobierno. Zapatero y los suyos, que se habían cansado de llamar desaceleración a una crisis económica de consecuencias devastadoras, no tenían más crédito. Es más, a la vista de los hechos, fue una pena que tuvieran tanto. Y los populares y sus satélites empezaban a tomar posiciones. Entre ellos, Luis de Guindos, que en un encuentro informal en el diario en el que trabajaba quien esto escribe, dejó claro que saldríamos de la crisis, sí, pero con tiempo, con empleos de peor calidad y con rebajas considerables de los salarios. Economista notable, no se equivocó en nada el que pronto sería ministro, que anticipó el tortuoso camino que la sociedad española -en especial toda una generación perdida de jóvenes- han transitado durante un 'via crucis' que roza la década.

El acuerdo rubricado este viernes entre el ministro de Hacienda y los principales sindicatos de la Función Pública supone un giro radical a esa contención salarial. Con subidas entre el 2% y el 3% anual, el Gobierno liga los incrementos de los funcionarios a la evolución de la economía, un planteamiento de nuevo cuño que entronca mejor con la necesidad de que sea la productividad -y no los precios- la que marque esas alzas. Además, el mensaje no puede ser más poderoso ni oportuno. No en vano, sindicatos y patronal trabajan también a contrarreloj en un pacto para la negociación colectiva. Con incrementos anuales sobre la mesa que rozan el 3%, es evidente que los estertores de la crisis han dejado paso a un afan de vertebración social indisociable de una mejora de las condiciones laborales.

En apariencia, Mariano Rajoy ha tejido su gabinete en base a equilibrios inestables o relaciones peligrosas. Basta recordar la siempre compleja relación de Sáenz de Santamaría con Cospedal, el famoso G-8 que llegó a gestarse en la pasada legislatura o la confrontación en que vivía el área económica. A la espera de que Escolano, un hombre de Guindos, enseñe sus credenciales, Montoro ha cerrado el episodio de los funcionarios y se apresta a dar salida al de los Presupuestos. Ahí está la clave para alargar una legislatura cuya duración parece estar en manos de las encuestas y de cómo le vaya en ellas a Ciudadanos. Como para cantar victoria.

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