Luz de cruce 

Por un sistema tributario más justo: los mínimos exentos en el IRPF

Agencia Tributaria
Por un sistema tributario más justo: los mínimos exentos en el IRPF. 
EFE

Lo sepa o no, el presidente Sánchez es, respecto a su política fiscal, un discípulo de José María Aznar. En su reforma del IRPF de 1998, el sucesor de Fraga incrustó en nuestro sistema tributario un concepto hasta entonces desconocido: el mínimo personal y familiar. Como dice el vigente artículo 56.1 de la Ley del IRPF, “el mínimo personal y familiar constituye la parte de la base liquidable que, por destinarse a satisfacer las necesidades básicas y familiares del contribuyente, no se somete a tributación por este Impuesto”.

En la época de Aznar, la cuantía del mínimo personal y familiar se descontaba íntegramente de la base del tributo. Como el IRPF es un impuesto de naturaleza progresiva y el importe de los mínimos era igual para todos los contribuyentes (al margen de la renta de cada uno), la aplicación del mínimo exento favorecía más, de forma ascendente y gradual, a los individuos con ingresos más altos. No era lo mismo dejar fuera del Impuesto un mínimo de diez mil euros para una persona con un tipo medio de gravamen del 40% que para otra con un tipo efectivo del 12%.

El sistema de mínimos permaneció incólume hasta 2006. En la primera legislatura de Rodríguez Zapatero, su ministro de Hacienda, Pedro Solbes, dio nueva planta al IRPF en noviembre de ese año. Solbes mantuvo el concepto de los mínimos establecido por Aznar para medir la capacidad económica de los contribuyentes según sus circunstancias personales y familiares. Sin embargo, modificó su operativa dentro del proceso de liquidación del Impuesto. El mínimo personal y familiar dejó de reducir el importe de la base, y su cuantía final pasó a depender de la aplicación de la escala de gravamen, en negativo, sobre las cantidades asignadas previamente a la atención de las necesidades familiares (cantidades que continuaron siendo iguales para todos).

Con este método tan sutil (los mínimos se trasladaron de la base liquidable a la cuota íntegra), Solbes consiguió dotar de mayor justicia a la aplicación del mínimo exento. Dio entrada a cierta “subjetividad”: la renta obtenida por cada persona. A pesar de ello, el mínimo personal y familiar continúa siendo un elemento regresivo del Impuesto, aunque en menor medida que antes de 2007 (año de entrada en vigor de la “Reforma Solbes”). Sin embargo, los contribuyentes de hogaño somos el último eslabón de la cadena fabricada por José María Aznar y Rodrigo Rato. Seguimos teniendo un IRPF muy injusto ¡Quién lo iba a decir después del acceso al Gobierno del PSOE y Unidas Podemos! Por no hablar de los PGE de Montoro, que aguantan más que el conejito de Duracell.

En la actualidad, el mínimo personal importa 5.550 euros anuales (más 1.150 euros para los mayores de 65 años, y otros 1.400 adicionales si el contribuyente supera la edad de 75 años). El mínimo por descendientes oscila entre 2.200 euros y 4.000 por cada vástago, en función del número total de descendientes. El mínimo por ascendientes es de 1.150 euros anuales (para los mayores de 65 años, más 1.400 euros adicionales si tiene más de 75). Todo ello sin contar el mínimo por discapacidad y los mínimos personales y familiares establecidos por cada comunidad autónoma.

Como es obvio, la aplicación del mínimo personal y familiar comporta una sangría para la recaudación del Impuesto, tanto en relación con la parte estatal como respecto a la autonómica. Aquí pueden consultar las estadísticas de la Agencia Tributaria del ejercicio 2017.

Tratar de forma igual a los desiguales aumenta la discriminación de los más débiles y enerva la redistribución de la riqueza mediante la aplicación de los tributos. Atribuir legalmente un mínimo personal idéntico (5.550 euros anuales) a una persona con una renta anual acumulada de 120.000 euros y a otra que solo devenga 15.000 euros anuales es una aberración.

La escala general del IRPF tiene cinco tramos (en la parte del Estado):

-hasta 12. 450 €

-desde 12.450 € hasta 20.000 €

-desde 20.000 € hasta 35.200 €

-desde 35.200 € hasta 60.000 €

-a partir de 60.000 €

Los individuos que más contribuyen a la recaudación del IRPF pertenecen a las clases medias y medio altas. El tramo de renta comprendido entre 35.200 € y 60.000 € aporta más del 36% del total. Los contribuyentes con una base liquidable situada en la horquilla de los 60.000 € y los 150.000 € contribuyen con un 22%, aproximadamente. Traspasado el umbral de los 150.000 euros anuales, los contribuyentes más prósperos aportan alrededor del 17% de los ingresos públicos por el IRPF. Del lado contrario, las personas con rentas entre 21.000 € y 30.000 € anuales aportan cerca del 16% del total. Los contribuyentes incluidos en el segundo tramo (entre 12.450 € y 20.000 €) participan en la recaudación con un 9% y los del primer tramo (menos de 12.450 €) solo lo hacen con un exiguo 0,79%.

En mi humilde opinión, el Impuesto sería mucho más justo y también más potente en términos de recaudación si el legislador le dotara de una estructura distinta respecto al cómputo y aplicación del mínimo personal y familiar. Mi propuesta pasaría por dejar como están actualmente los mínimos, pero solo en relación con el primer tramo de la escala. Las personas incluidas en él (y sus familias) son pobres y el coste de los mínimos para el Tesoro es irrelevante.

A partir del segundo tramo, los mínimos, tanto los estatales como los autonómicos, deberían reducirse gradualmente en función de la renta neta ingresada por el contribuyente. De tal forma que, a mayor renta, mínimos más bajos. Para las bases liquidables superiores a 100.000 o 120.000 euros anuales, la suma del mínimo personal y familiar sería de ceros euros (son individuos que cubren de sobra sus necesidades básicas sin la ayuda del sistema fiscal)

Lo mejor es enemigo de lo bueno (o de lo menos malo, según se mire). A medio plazo, deberemos emprender una modificación radical del IRPF, tan profunda como extensiva para ampliar las bases imponibles sujetas a gravamen. Pero, en la actualidad, la Hacienda Pública no cuenta con los medios humanos y materiales necesarios para sacar a la luz gran parte de la economía sumergida e investigar muchas estructuras jurídicas que ponen a buen recaudo el

dinero de los ricos. Mientras tanto, no se dejen engañar por las milongas de siempre. A corto plazo, los pecheros serán las clases medias. Lo único que pretende mi reflexión sobre los mínimos exentos es redistribuir con más equidad las cargas fiscales dentro de dicho sector social y fortalecer la recaudación tributaria ante el desastre que se nos viene encima. Los mínimos exigen una revisión urgente.

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