Martes, 17.07.2018 - 23:09 h

No podemos permitirnos una transición lenta

La situación española actual ante el reto de la Transición Energética no deja de provocarme un pensamiento agridulce. Por un lado, el rápido avance tecnológico de los últimos años ha acelerado un cambio de comportamiento en la forma en la que creemos que debemos relacionarnos con la energía. Una reflexión dulce que se ha visto agriada porque no ha sido secundada por la voluntad política. Hasta ahora –esperamos que las cosas cambien- España ha seguido apostando por el carbón, por el gas natural en la generación de energía eléctrica o por el diésel y la gasolina en el transporte.

Urge acelerar la Transición Energética y prescindir sin dilación de las fuentes de energía que no disponemos y que, además, son contaminantes y sustituirlas por una apuesta decidida por la eficiencia y por fuentes de energía renovables. El año pasado, las emisiones por generar electricidad en nuestro país aumentaron un 18%. No solo no hemos apostado por las energías renovables sino que se ha falseado la realidad manifestando que cerrar las centrales térmicas de carbón y las nucleares conllevaría un aumento del precio de la factura eléctrica.

La apuesta por un modelo energético más sostenible y respetuoso no pasa exclusivamente por esperar a la aprobación de una Ley de Cambio Climático y de Transición Energética, sino por tomar posiciones lo más pronto posible desde el poder Ejecutivo para iniciar el cambio: 

- La necesidad de derogar o modificar sustancialmente el RD900/2015 que limita el desarrollo del autoconsumo debe ser uno de los primeros pasos para que la ciudadanía recupere los derechos como consumidor que han sido cercenados y se permita con todos los grados de libertad las transacciones entre consumidores de energía.

- La puesta en marcha del plan de cierre real de las centrales de carbón y nucleares, sin dilación y sin poner por delante la necesidad de sesudos estudios sobre transición justa de actividades que han sido injustas no solo con el entorno sino con la hipoteca que todos parece que tendremos que pagar en el futuro.

- La propuesta de transposición de las distintas directivas europeas algunas con más de 10 años de retraso.

- La apuesta por la electricidad como vector eficiente, no contaminante, si su origen es renovable, y que supone un mayor grado de libertad para el consumidor

- La apuesta por que las ciudades asuman el papel que están teniendo a pesar de las limitaciones que la ley de bases del régimen local impone.

- La apuesta por el vehículo eléctrico y por crear la infraestructura necesaria y dar grados de libertad para comprar/vender energía eléctrica por particulares.

- La apuesta por la rehabilitación y por el desarrollo normativo de la Ley 3R de 2013, la base legal existe y debería llevar como primera medida la modificación en profundidad del RD 235/2013 sobre certificación energética.

- Permitir como derecho ineludible el acceso a la información de los contadores digitales que estamos pagando los consumidores sin que el incremento del coste haya supuesto poder gestionar las necesidades energéticas que todos tenemos.

- Necesitamos una señal de precio de los productos energéticos que refleje su origen, disponibilidad, comportamiento medioambiental, generación de valor… De esta forma, tanto empresas como personas físicas podrán elegirán la mejor forma de ahorrar y tener un consumo responsable de energía. Lo que sí es una realidad es que hoy tenemos tecnología para poder reducir el consumo de energía por eficiencia más de un 40% y tenemos tecnología para que la electricidad sea de origen renovable al 100%. Descargar la tarifa eléctrica de partidas absurdas ayudará sin duda a que la señal precio sea lógica y racional.

- La transformación urgente para recuperar organismos, como el IDAE, el CIEMAT… que han perdido el empuje que en su día tuvieron a pesar de disponer de equipos humanos con experiencia y ganas de aportarla

El Gobierno va a tener a su favor no solo todo nuestro apoyo sino también el del sector renovable, y seguro que la del sector eléctrico tradicional, de manera que permita posicionar a cada empresa en un futuro cierto y no en la incertidumbre permanente en la que hasta ahora hemos estado instalados.

Necesitamos que se gobierne pensando en los ciudadanos y en los compromisos internacionales adquiridos para combatir el Cambio Climático, no en beneficio de unas cuantas compañías aferradas a un modelo con fecha caducidad.

Electrifiquemos, pues, con renovables, y apostemos por actuar de manera prioritaria sobre la demanda. Busquemos la autosuficiencia, garanticemos el autoconsumo sin cargos injustos y administrativamente realizable en plazos razonables, aseguremos el control de los usuarios con acceso a la información de los contenedores inteligentes, cambiemos la cultura energética. El momento es ya, desde la actuación inmediata del poder ejecutivo a la puesta en marcha de iniciativas en el legislativo.

No podemos permitirnos una transición lenta

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