Lunes, 19.08.2019 - 06:33 h

En el comercio internacional hay armas, pero no héroes: se gana o se pierde

Si a un experto o alto ejecutivo en temas de comercio exterior, harto de dar vueltas por el mundo, le dicen que por un contrato de armas de 9 millones de euros se va a poner en riesgo una operación de casi 2.000 millones en fragatas y, lo que es más grave, la relación política y comercial con uno de los grandes ‘players’ de las transacciones internacionales y todo su área de influencia en Oriente Medio, se echaría manos a la cabeza pensando que nos hemos vuelto locos.

Sólo el contrato para Navantia es casi el equivalente a todas las exportaciones anuales que España hace a Arabía Saudí, un país del que traemos petróleo cada año por valor de más de 3.000 millones de euros, del que somos totalmente dependientes todavía, nos guste o no. Y una zona en la que nuestro país y sus empresas se juegan inversiones y operaciones multimillonarias y de futuro en temas de infraestructuras, automoción, materiales de construcción, alimentos, energía y medio ambiente, precisamente, la mayor parte de los sectores que conforman la columna vertebral de la internacionalización española.

Es muy loable que la ministra de Defensa, avalada por el propio presidente del Gobierno, quiera someter a revisión todos los contratos de venta de armas al exterior que hace España, para comprobar que cumplen con la normativa internacional y no se usan para matar civiles ni cometer barbaridades como algunas de las que Arabia ha reconocido que ha hecho en Yemen. Ya dijo a mediados de agosto que lo haría, y a todo el mundo le pareció bien. Pero de ahí a convertirnos en los héroes salvadores de las injusticias que en el mundo se hacen con las armas, va un trecho que no sé hasta qué punto corresponde liderar a un solo país. España no es un ‘big player’ ni del comercio mundial ni de la alta geopolítica, y tal vez deba acudir a luchar con un imperio como el árabe de la mano de sus aliados de la Unión Europea, antes que sacrificar sus huestes comerciales y su retaguardia en Cádiz por una decisión aislada.

Si esa decisión -insisto en que es loable- del Gobierno es ser el adalid de este proceso y no vender armas más allá del entorno OTAN y a terceros que cumplan con los estrictos requisitos establecidos en las normas de comercio internacional, que por otra parte, desde el propio Ejecutivo se ha reconocido que son muy difíciles de comprobar después, bien está. Pero no hay que ser un lince en comercio exterior para saber que la respuesta de un sistema personalista y absolutista como el árabe y el de sus homólogos en la zona va a ser drástica y dura: no seremos bien recibidos en ninguna operación más, ni de armas ni de otro tipo, en un lugar donde el dinero es lo que sobra y las infraestructuras, que tan bien sabemos hacer en España, lo que falta. Dicho de otra manera, una zona con cuyo dinero se pueden pagar (como ya se hace) muchos miles de sueldos y de servicios públicos y sociales en España.

Y no nos engañemos, al día siguiente estarán ahí chinos, rusos, coreanos, norteamericanos y hasta algunos de nuestros socios y aliados europeos para venderle a Arabia Saudí lo que los españoles no quisimos. Es más, algunos respirarán tranquilos por no tener que competir con los consorcios españoles en la licitación de grandes vías de transporte ferroviario, más barcos o líneas de metro.

España es Europa. Y la Unión sí es un jugador de nivel para hacer frente a las grandes crisis internacionales en las que se generan conflictos bélicos y se vulneran los derechos humanos cada día. “Si fuéramos inteligentes, iríamos con la UE a jugar la batalla internacional por la venta de armas y su uso posterior, sin tener que romper unas relaciones que dan de comer a mucha gente en nuestro país”, me decía ayer un alto ejecutivo de los que se pasan más días del año fuera del país que en casa. Es evidente que hay que evaluar bien lo que se gana y lo que se pierde con la decisión pendiente sobre las bombas para que no nos explote todo por el flanco de Oriente Medio, con los años que ha costado que tengan en cuenta la tecnología, la excelencia de las empresas y la calidad de todo lo que viene de España en esa zona.

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