Domingo, 19.05.2019 - 23:26 h

Sánchez olvidó que los políticos morirían de hambre sin las empresas

Dice la secretaria de Estado de la España Global, Irene Lozano, con mucho acierto, que el libro de Pedro Sánchez sirve, sobre todo, para que se le conozca mejor, porque tuvo la mala suerte de ser prejuzgado por toda la sociedad antes de ser conocido. Seguramente la obra servirá para poner un poco de orden entre los vaivenes a favor y en contra de su figura que se dan incluso entre sus colaboradores más cercanos. Dado que nos estamos circunscribiendo a la actualidad de los últimos cinco años, no es difícil tener conocidos cercanos a Ferraz que apostaron por un nuevo líder bien parecido cuando el PSOE más necesitaba cambiar de imagen (y de todo) tras la nefasta etapa Zapatero; al poco tiempo se lamentaron de la falta de consistencia de su joven dirigente porque decidió suicidarse políticamente al intentar poner de acuerdo a Podemos y Ciudadanos en un tripartito imposible contra Rajoy; luego levantaron algo el ánimo cuando vieron salir adelante una moción de censura en la que no habían creído nunca; y ahora, tras ocho meses de humo y buenos propósitos, tienen un lío tremendo porque no saben si jugarse el futuro dentro del partido apoyando a muerte a su candidato a presidente en las elecciones, o es demasiado riesgo andar siempre al borde del abismo, como suele hacer Sánchez.

A estas alturas de la ecuación, es evidente que este libro reportajeado del periplo personal de Sánchez en el último lustro no es más que una gran operación e marketing político, inteligente donde las haya, para agrandar lo que mejor saben hacer los asesores de los políticos de masas: que se hable de nosotros aunque sea mal, que siempre queda algo que podemos aprovechar en forma de votos. Más que críticas constructivas, al libro lo que le han salido han sido memes, chistes en redes sociales de todo tipo, cargas de saña y de mordacidad de quienes son enemigos de siempre y comentarios condescendientes de quienes son amigos o ‘ni fu, ni fa’. Y es justo a este último tramo de lectores al que se dirige el libro con gran astucia, a quienes están indecisos y quieren saber algo más de Sánchez, pero mezclando cotilleo puro con programa sencillo y fácil de digerir. De ese banco de votos van a quedar muchos en la red, sobre todo en un amplio colectivo social que está harto de los políticos parlanchines y de disparo fácil, sin que les importe si lo que dicen es verdad, mentira o a medias. Creen más o les caerá mejor quien les confiesa que se llevó su colchón a Moncloa, que quien les dice que España está al borde de la ruptura total por las huestes independentistas catalanas.

El mensaje radicalizado, sea de derechas o de izquierdas, solo sirve para fidelizar más a quienes ya están convencidos, pero no para llegar a quienes no se fían, a los que no tienen nada decidido. En estos momentos y tras el paso de un modelo bipartidista a uno en el que juegan hasta cinco formaciones con opciones de ser algo (incluido Vox), es en ese hueco electoral donde puede estar la diferencia para sumar una mayoría en un sentido o en otro. Y eso lo han visto muy bien los asesores de Sánchez, los mismos que quieren dar de él una imagen presidencialista a lo Kennedy para huir del pasado sin entrar en las arenas movedizas de ‘la derechona’ o ‘los rojos’. El libro de Sánchez no es más que una operación inteligente y audaz que barre para casa y en la que sus protagonistas tienen mucho que ganar sin arriesgar gran cosa.

La gran ‘patochada’ que ha estado a punto de echar por tierra ‘la pesca’ de votos que la publicación pretende fue la puesta en escena elegida para su presentación. Parece mentira que quienes están al mando de toda la operación de marketing político en torno al todavía presidente no se dieran cuenta de que no hay nada más contraproducente a la hora de comunicar que juntar a tres o cuatro ‘socios’ afines y entregados a la causa para que se cuenten a sí mismos lo buenos que son. Eso es justo lo que no se cree nadie, el autobombo y la contarse las cosas a sí mismos para no correr riesgos mediáticos, que todo el mundo sabe que, en un directo, siempre existen.

En la presentación del pasado jueves se vio muy claro: por encima del ‘manoseo verbal’ de Mila o la inocencia del montañero Calleja, lo que se clavó en la mente de mucha gente de este país fue lo de “los empresarios a la empresa y los políticos a la política”, cuando se le preguntó por los hachazos a la élite empresarial que lleva implícita la obra, sobre todo porque en su día apoyaron más a Rajoy (que era el presidente) que a él (que era el joven y desconocido aspirante), como es lógico. Si ya había malestar en la cúpula del Ibex 35 por el contenido del libro, tal y como se había advertido al presidente desde este mismo medio horas antes de su presentación, es poco hábil meter el dedo en la herida, seguramente sin pensarlo y, lo que es peor, sin necesidad de hacerlo: el puñado de votos de izquierda a favor que te da el ataque a los ‘maléficos’ empresarios ya estaba conseguido.

Ahora Sánchez tiene una frase que, como la que soltó sobre el uso de sociedades instrumentales para pagar menos a Hacienda, le va a perseguir durante décadas, al menos durante todo el tiempo que esté en primera línea política. Sobre todo porque de esos empresarios depende en gran parte que este país funcione, porque son los que más impuestos pagan o porque de ellos depende en gran medida que los votantes tengamos nominas con las que vivir, créditos con los que comprar una casa, becas de estudio, servicios, educación, sanidad, etc… De entrada, parece mentira que diga algo así alguien que tiene un doctorado en economía y que ha hecho una tesis sobre diplomacia económica exterior, justo el ámbito en el que la empresa y la política van más de la mano.

Aunque a muchos les pese, la empresa es una de las bases del mundo en el que vivimos y en el que se basa nuestro bienestar. Puede mejorarse, seguro, y para eso está en gran parte la política. Pero por lo pronto, a Sánchez y sus asesores se les olvidó al presentar el libro que la empresa puede vivir perfectamente (incluso mejor) sin la política, pero los políticos sin las empresas se morirían de hambre. Tal vez para discutir esta y otras cosillas del libro, estaría bien hacer una segunda presentación, pero con cuatro periodistas enfrente de los que no están de acuerdo en todo lo que Sánchez dice o hace. Si se atreve, claro. 

Ahora en Portada 

Comentarios