Domingo, 19.01.2020 - 17:29 h

Cataluña pagaría cinco veces más por ser independiente que UK por el Brexit

Es impresionante ver cómo se hunden todas las diatribas políticas sobre la supuesta independencia de Cataluña cuando pones los números y las consecuencias jurídicas y económicas de tamaña ilusión sobre la mesa. Mientras los barones del PSOE se enfrentan a su propio ‘colega’ de partido catalán, Miquel Iceta, por aquello de si Cataluña es o no es una nación que merece un trato exclusivo y bilateral con el Gobierno del Estado, muy pocos han echado mano de las cifras y la pura lógica para dejar claro (una vez más) que las consecuencias prácticas de una separación catalana del Estado español sería una verdadera catástrofe para miles de personas y empresas, quieran o no ser independientes.

Hay un concepto económico de moda que sirve para unir en un análisis económico muy útil procesos de intento de separación, como el catalán, con procesos de salida como el Brexit británico: es la generación que en ambos casos se produce de guerras comerciales, que tienen su precedente actual en el enfrentamiento entre potencias como EEUU y China, pero que también se reproducen en modelos menores. En todos los casos, quienes defienden romper el orden establecido lo hacen cueste lo que cueste, aunque no hayan querido calcularlo. El catedrático de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de Alcalá de Henares, Alfonso García-Moncó lo ha hecho, en un nuevo libro sobre las consecuencias económicas y fiscales de cada uno de esos procesos, con una conclusión muy clara: nadie gana en ninguno de los casos.

Bajo el título de ‘Las Guerras Comerciales’ (Ediciones Cinca), el profesor García-Moncó analiza las distorsiones que generan en cuestiones como los aranceles, la fiscalidad o la contratación las decisiones políticas o ideológicas que van en contra del devenir económico. Poner trabas al comercio internacional en el siglo XXI o salirse de entornos como la UE, por el Brexit o por querer independizarse, va contra la lógica de los tiempos y la globalización de la economía, que empezó precisamente con el liberalismo británico.

Además de la subida de precios que generarían los aranceles de entrada y salida de productos entre Reino Unido o Cataluña con sus nuevos vecinos, habría que tener en cuenta que en ambos casos se debería recuperar el IVA intracomunitario, que pagarían sus empresas por adelantado. En cuestiones mercantiles, si ambas ‘naciones’ anduviesen por su cuenta, la llamada ‘claúsula desastre’ que se incluya en la mayor parte de los contratos dejaría sin efecto miles de negocios jurídicos por el cambio radical que esas guerras comerciales provocaría en una de las partes contratantes: gran negocio para los despachos de abogados y un desastre para las empresas. Los dos territorios se quedarían sin las garantías jurídicas de pertenecer a un entorno seguro como la UE y estarían abocados a convertirse en paraísos fiscales o zonas de escaso control para el blanqueo de capitales o la financiación del terrorismo.

El reguero de consecuencias que se puede generar llegaría a todos los aspectos de la economía empresarial y doméstica de cada zona, con el gran matiz de que, en el caso del Reino Unido, esas desventajas se podrán suplir en el tiempo por la marcha de una economía fuerte, avalada por la libra y que establecerá acuerdos comerciales ventajosos con EEUU, China y hasta con sus exsocios de la UE. El Brexit puede ser una locura, con efectos durísimos sobre todo en la circulación libre de capitales financieros que ahora domina la ‘City’ londinense, pero con un recorrido a largo plazo que puede llegar a dar la vuelta a la situación o, al menos, establecer una reglas del juego propias.

Más grave es todo ese desastre económico aplicado al caso catalán. Solo un detalle de la obra del profesor García-Moncó lo dejá claro: el coste para los catalanes de separarse de España pasaría por sumar los más de 78.000 millones de euros de endeudamiento que ahora tienen con el Estado y con la banco, a la parte proporcional que les corresponde del billón de deuda pública que sufre España, que estaría en torno a los 300.000 millones de euros más. Es decir, que Cataluña tendría que pagar para ser independiente cinco veces más que los apenas 60.000 millones que le va a costar al Reino Unido, pero con un nuevo Estado fuera de la UE, con una moneda que nacería devaluadísima, por no decir muerta, sin capacidad de emitir deuda, sin tejido productivo para competir y enfrentado a sus mayores clientes comerciales (España y la Unión).

Ya se que hacer una comparativa económica de ambos casos puede resultar un tanto demagógico, porque son realidades económicas distintas, pero en ambos casos se generan unas guerras comerciales ‘contra natura’ marcadas desde el punto de vista económico por unos fenómenos económicos y jurídicos muy similares. Tal vez no estaría de más tener en cuenta este tipo de análisis cuando se negocia un nuevo Gobierno con ERC y las condiciones que se ponen sobre la mesa se saltan el orden constitucional establecido y la lógica económica del momento. O o cuando se pretende que Cataluña sea una nueva nación separada de todo y de todos.

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