Martes, 10.12.2019 - 06:03 h

Los grandes temas de la campaña... en los que equivocarse es perder

Quedan seis semanas para que los españoles votemos por quinta vez este año, un periodo apretado para hacer un gran despliegue por parte de los partidos políticos, a no ser que lo tengan muy preparado de antemano, aunque solo sea porque llevamos en campaña ‘de facto’ casi cuatro años. Es más, hay un escenario en el que fijarse que fue casi idéntico, cuando el 3 de mayo de 2016 se convocaron elecciones para el 26 de junio, después de que fue imposible investir a nadie tras los comicios de diciembre del año anterior. También era un plazo apretado y con un detalle importante a tener en cuenta: en esas elecciones generales fallaron de forma estrepitosa todas las encuestas previas. Tal vez sea esa la razón por la que nadie se cree los datos precocinados del CIS ni las tendencias que están marcando el resto de las encuestas, aunque sean positivos para su formación.

Está vez está más justificado que nunca que vaya a ser en la recta final de la campaña cuando los votantes tomen la decisión de optar por un partido u otro, dentro de las varias opciones que van a tener en la derecha y en la izquierda. También serán clave las encuestas que se conozcan el mes que viene, para las que algunos de los principales gurús políticos de los partidos en liza vaticinan más de una sorpresa, aunque después se equivoquen, como en 2016.

Con ese escenario de incertidumbre y el descrédito total que los políticos tienen entre la opinión pública, cualquier fallo clamoroso o salida de tono que se produzca se va a pagar muy cara en las papeletas. La gente está demasiado harta como para aguantar más estridencias y quiere ver políticos sensatos, que no se nieguen a negociar entre ellos y que incluso estén dispuestos a quedarse a un lado en su propia formación, si es necesario, para llegar a una solución que ofrezca seguridad y estabilidad a la gente. Eso es justo lo que ha faltado (y todavía falta) en la batalla política española, nadie sabe ceder, todos quieren ganar y, al mismo tiempo, aniquilar al enemigo.

Los partidos más asentados en el territorio nacional, como PSOE o PP, van a apostar por los grandes temas de Estado, los que de verdad importan a la gente, sin hacer apologías raras ni presentar medidas radicalizadas o fuera de lugar que les puedan costar votos seguros. El paro, el freno de la economía, las pensiones, los impuestos o la mejora de los salarios van a estar más valorados que nunca, y desde el Gobierno en funciones, que tienen la sartén por el mango en todos esos temas para manejarse como convenga, están tomando posiciones: Calviño ya a cambiado el discurso para reconocer que el enfriamiento llegará y nos tocará el bolsillo, sabedora de que cualquier ocultación al electorado en ese tema, como ocurrió hace una década, se puede pagar muy cara.

Tampoco se pueden prometer más puestos de trabajo de los que el crecimiento económico, claramente a la baja, nos va a permitir. La comparativa entre lo que se decía hace un año y lo que se prevé en el último trimestre evidencia que España sigue teniendo un problema grave: sin haber aliviado todavía el lastre de parados que cargó durante la crisis, podemos empezar de nuevo a llenar las filas del desempleo, algo que puede ser muy desesperante para los ciudadanos, pero que tampoco se va a poder ocultar durante la campaña electoral. Sánchez garantizaba esta semana los principales fondos de inversión mundiales en Nueva York un crecimiento continuado del 2% en España y, con ello, más empleo, pero desde algunos organismos mundiales ya se vaticina una caída por debajo de ese nivel el año que viene. Habrá que esperar al maná de las inversiones para la transición ecológica, si llega y si hay un Gobierno estable para impulsarlo, para que todo no se quede en un mero PPT. Alguien se lo dirá en campaña.

La economía será un gran tema electoral, pero no el único. Nos queda mes y medio de hablar del problema catalán a diario, con la sentencia del procés en plena campaña. Ahí tampoco se les va a permitir a los políticos equivocarse ni lo más mínimo, tanto a la hora de respetar la sentencia, como no puede ser de otra manera, como a la hora de interpretarla o de vaticinar cuáles son sus consecuencias. Cataluña ya ha sido el tema principal de las últimas seis citas electorales, pero en esta ocasión tendremos a los líderes del proces muy cerca de quedarse un tiempo en las cárceles catalanas (sea rebelión o sedición), pero también muy cerca de obtener los beneficios penitenciarios que les va a ofrecer la Generalitat, algo que se va a utilizar como arma arrojadiza sin piedad hasta el 10-N.

Pendientes de todos esos grandes temas y de lo que pueda acarrear el Brexit en las cuentas de resultados de las empresas españolas con grandes intereses en la economía británica, lo que es difícil de entender para mucha gente es el revuelo social que se ha montado con la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos, si bien ese es un tema en el que la implicación y el empeño socialista y de las fuerzas de la izquierda contrasta con la indiferencia que le da el resto de las formaciones de la derecha, con la excepción de Vox. De nuevo, nadie quiere equivocarse en campaña, y menos con algo de lo que no va a depender el futuro de nuestro bienestar.

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