Lunes, 17.12.2018 - 11:40 h

Malas sensaciones de una gestión económica cuasi improvisada

Montoro ingresos por IRPF
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, enarbola unos papeles en la tribuna del Congreso. / EFE

Improvisa que algo queda… esa ha sido desde hace tiempo una forma de actuar en política, sabida por todos los que han estado cerca del Ejecutivo alguna vez y nunca reconocida por nadie. Es lamentable ver a uno o varios ministros tomar una decisión ‘a salto de mata’ y buscar luego en el entorno de su gabinete y organismos adyacentes la forma de dotarle de contenido o, al menos, de juntar todo lo que se sepa o se esté haciendo en un plan de papel (el ‘Powerpoint’ lo aguanta todo) y lanzarlo a la opinión pública para dar la impresión de que el problema está resuelto o en camino de resolverse.

Primero hizo falta que todos los jubilados de este país salieran a la calle para que el Ejecutivo se diese cuenta de que algo había que hacer y, aprovechando la presión de la ‘oposición amiga’ de Ciudadanos, reformara el IRPF de tal forma que a todos ellos les quedara una especie de ahorro fiscal en forma de paga extra que calmase los ánimos. Después, ha tenido que ser necesario de nuevo el ‘chantaje’ electoral del PNV para poder aprobar los Presupuestos (porque sin ellos no hay legislatura) para que el propio portavoz de la formación nacionalista, Aitor Esteban (y no el ministro del ramo, como corresponde), anunciase una de las reformas para actualizar las pensiones con el IPC y subirlas más allá del vergonzoso 0,25%, que puede ser una de las mayores actuaciones del Ejecutivo del PP en los dos años que lleva mandando.

Resultó curioso ver al portavoz de los nacionalistas vascos, a quien nadie conoce de Burgos para abajo, explicar en el Congreso lo importante que para todos los españoles (vascos incluidos) era el pacto presupuestario y la subida de las pensiones que venía de regalo. A lo largo de tres décadas hemos visto más pactos sobre presupuestos del Grupo Vasco, a modo de partido bisagra, pero siempre a cambio de inversiones reales y finalistas en su territorio, sobre todo en materia de infraestructuras y para avanzar en su autonomía fiscal. Siempre piden la parte que les corresponde de la ‘caja única’ de la Seguridad Social, para que deje de ser única, a sabiendas de que no se lo van a consentir, aunque sí han logrado, junto con los nacionalistas catalanes, que se empiece a hablar de ello en el Pacto de Toledo, que no es poco. Esta vez hay que reconocer que el pacto vasco para aprobar las cuentas públicas se ha saldado con beneficio para todos los españoles, pero no nos engañemos: la actualización de las pensiones lograda beneficia a dos de cada tres jubilados vascos y, además, calma el revuelo social que se había formado en sus calles en contra del maldito 0,25%, en un territorio donde las crisis industriales pasadas y el arraigo sindical (allí nació UGT) han generado una base social de jubilados con mucho peso. El PNV se ha quitado una losa y se ha marcado un triunfo que será muy rentable en forma de votos.

Mientras Ciudadanos y vascos se ponen medallas y les van apretando las tuercas a Montoro y Escolano para que la economía funcione, al menos la doméstica, a los responsables del área económica les toca pensar cómo van a pagar la fiesta en la que les han metido. Y de nuevo entramos en el terreno de la improvisación o, al menos, de la indefinición. Puede ser con el nuevo impuesto que se quiere imponer a las grandes compañías tecnológicas, que todo el mundo parece que quiere en el núcleo de la Unión Europea, pero que necesita consenso, negociación y un acuerdo por unanimidad de los 28 socios. Las pensiones subirán un 1,6% este año, pero ese impuesto, como pronto, no se podrá aprobar hasta el que viene.

Si el impuesto no funciona a tiempo, siempre nos queda el dinero que se puede ahorrar de la responsabilidad patrimonial que al Estado le puede caer por el descalabro de las autopistas, pendiente de saber como acabará el litigio. Y si todo eso no vale, Montoro cree que será suficiente con el dinero que nos vamos a ahorrar en el pago de los intereses de la Deuda Pública, es decir, que se ha puesto de más en esa partida en el proyecto de Presupuestos. A saber.

Y mientras se decide el sistema para sacar los entre 300 y 1.500 millones que cuesta el acuerdo sobre pensiones con el PNV -la cantidad tampoco está clara-, el paro aumenta más de lo que se preveía en el primer trimestre, la creación de empleo para llegar a los 20 millones de ocupados en 2019 no está tan clara como hace un año, cuando se anunció, y el crecimiento ha dejado la senda del tres para acercarse al 2,7% previsto, o menos. Es cierto que gobernar en minoría y pendiente de los pactos con los demás no es fácil, y con el conflicto catalán enquistado menos todavía. Pero la sensación de improvisación y de descontrol que se deriva del devenir económico que conocemos cada día, nos traen a la mente situaciones a la deriva de finales de otros gobiernos que ya hemos vivido más que de un Ejecutivo que tienen las riendas del país bajo control.

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