Lunes, 20.05.2019 - 15:21 h

Revolución tecnológica y transición ecológica, los nuevos 'bálsamos de Fierabrás'

El tradicional antagonismo entra patronal y sindicatos esta dejando paso en algunos sectores al acuerdo de interés mutuo en busca de ocupar miles de puestos de trabajo para los que hace falta una cualificación muy específica, normalmente relacionados con la aplicación de las nuevas tecnologías de la información a todos los ámbitos de la socioeconomía. Los últimos datos oficiales apuntaban a que hay en España más de 130.000 puestos para los que no se encuentran las personas idóneas, a pesar de que tenemos una tasa de paro que duplica la media de la UE y, tirando del tópico al uso, la juventud española es la mejor formada de la historia.

Cuando el próximo jueves se publiquen los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), apenas tres días antes de votar a un nuevo gobierno y a sabiendas de que la primera trimestral no suele ser buena, va a ser cuando menos curioso ver cómo interpretan el tema las formaciones políticas en liza, ante la imposibilidad de que no utilicen esos datos para lanzarse unos contra otros con el “y tú más” y las verdades a medias. Oiremos como el PP fue el partido que hizo el milagro de los ocho millones de empleos en dos legislaturas y el PSOE ha sido quien ha facilitado la mejora de los salarios indignos que dejó ese milagro, que no sirven para que la juventud pueda buscarse su propia vida. Hay un riesgo muy grande de entrar en el terreno de las soflamas políticas sin soluciones efectivas y una visión del problema pensando más en descalificar al contrario, en busca de rascar algún voto, que en bajar a lo concreto y poner sobre la mesa medidas creativas.

Dos son los ‘bálsamos de Fierabrás’ que salen de la boca de los políticos y que sirven para paliar todos los males del paro y la falta de una formación adecuada de los jóvenes para alcanzar los puestos en liza. El primero es la ya mencionada aplicación de las nuevas tecnologías y el ejército de ingenieros informáticos capaces de desarrollar programas que todo lo automaticen y los solucionen que se necesitan cada año más. El propio Juan Roig ha reclamado doscientos de una sola vez para sus ‘colmenas’ de comercio electrónico de Mercadona (a la vista de que esta será la forma de vender del futuro) y está dispuesto a pagarles un sueldo más que digno para empezar y olvidarse de las prácticas baratas y los precarios.

Esa automatización de todo que se vive en torno al ‘big data’ no es solo cosa de la distribución, está en todos los niveles y todas las empresas y sectores y solo tiene una complicación: la necesidad de saber cuáles son las necesidades reales de cada caso, antes de lanzarse a innovar y buscar informáticos porque todo el mundo lo hace y sin un rumbo propio. Es decir, que la base sigue siendo la misma, la de tener una buena estrategia empresarial, acorde con lo que avanza la sociedad y la economía, y estar dispuesto a rodearse de gente competente y pagarle como es debido. Esa es la mejor forma de no fracasar y los empresarios lo saben, aunque no siempre se pueda hacer. Hace más de tres décadas había un compañero de clase que era capaz de resolver los comentarios de texto mediante la aplicación de algoritmos y derivadas… y algunos, ignorantes entonces de lo que se venía encima, le tomábamos por tonto. Ahora sería una de las piezas más valiosas de cualquier empresa que lo sepa valorar.

El otro bálsamo político que todo lo cura, con el mismo principio activo que el tecnológico, es la transición ecológica. Sirve para todo: generará miles de millones en inversión, cientos de miles de puestos de trabajo, soluciones para problemas sociales como el reparto del agua y, por si fuera poco, es la base para la salvación del planeta de una destrucción segura en manos de los locos del diésel y del plástico. El problema es que esa transición, por más necesaria que sea y con el cambio climático presente, por ahora es solo algo escrito en  un papel que lo aguanta todo. 

Seguro que tras conocer los datos de la EPA volvemos a escuchar a los mismos ‘vendedores callejeros’ en campaña con los dos bálsamos que todo lo curan, aunque nadie sepa cómo. Y llegará el día después de las elecciones y seguiremos enfermos, con un paro inaceptable, los mejores puestos sin cubrir, un motón de nuevas profesiones pendientes de ser inventadas (reconocidas y remuneradas), la brecha salarial de turno y los jóvenes pensando en ir a cualquier sitio donde se reconozca y se pague mejor su preparación. No se trata de negar el progreso ni los efectos beneficiosos de la globalización, pero si de aprovechar ese desarrollo para paliar las desigualdades en las que vivimos. Decirlo es fácil (mea culpa también) y siempre hay quien compra el bálsamo sin más, pero las soluciones imaginativas escasean.

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