Domingo, 25.08.2019 - 09:46 h

Un 'forensic' con luz y taquígrafos... si no hay nada que ocultar

Una de las claves de la información económica de este verano va a ser conocer los resultados del ‘forensic’ que se ha realizado en el BBVA para  el poder evaluar el alcance real de los trabajos que el expresidente del banco, Francisco González, encargó al excomisario Villarejo, ahora en prisión preventiva. De entrada, hemos esperado ya un año desde que saltara el caso a los medios y se iniciara la primera investigación interna para recopilar datos por parte de los despachos de abogados y profesionales de mayor nivel de este país. Pero eso es algo que , aunque pueda parecer una garantía, ha enfriado mucho el tema ante la opinión pública que, a falta de saber algo más, ya se ha hecho su juicio paralelo y ha condenado al banco, al menos en su etapa anterior con FG al frente. Y en este caso no se puede culpar a nadie por dejarse llevar por lo de “piensa mal y acertarás”. Cualquier profesional de la comunicación sabe que solo con datos y buena información se puede parar la mala información, y en este caso, después de tanta gente trabajando para escudriñar documentos y datos durante tanto tiempo, se sigue sin saber nada a ciencia cierta de lo que hizo o dejó de hacer FG cuando era líder único del banco.

Eso sí, desde el día uno de la investigación abierta tras publicarse las escuchas y los documentos que relacionaban a FG y su entorno más cercano en el banco con Villarejo, la estrategia estaba marcada: eso fue cosa de otra época y de otro equipo que estaba al frente de la entidad y ya no está. Cierto es, pero no sé hasta que punto esa premisa exculpa al presidente actual de la entidad, que siempre ha llevado por bandera lo de ser discípulo, admirador y amigo de su antecesor. Es seguro que si al final se demuestra que FG incurrió en algún posible delito societario o surge alguna posible responsabilidad jurídica del supuesto espionaje que encargó a Villarejo, Torres y su actual equipo se desvincularán totalmente de esos hechos. Pero no nos engañemos, no tienen otra.

Al año de ‘enfriamiento’ de la información para calmar los ánimos y el planteamiento inicial de que los que pudieron ser, ya no están en el banco, se añade ahora una tercera línea estratégica: estamos ante una investigación judicial, con un sumario secreto, y cualquier información que surja o se filtre puede perjudicar a ese proceso. Es más, Carlos Torres aprovechaba un reciente curso de verano patrocinado por su propio banco para advertir que lo importante no es tanto lo que salga de su ‘forensic’, sino lo que lleguen a descubrir la Fiscalía Anticorrupción y la Audiencia Nacional en la pieza separada del caso Villarejo en la que se están indagando los hechos. Bien, cierto... Pero tampoco nos despistemos: una cosa es el secreto de sumario del juez y otra cosa es el ‘forensic’ del banco. Es lógico además que se comparta con las autoridades judiciales toda la información (grave sería lo contrario), pero eso no obsta para que también se de a conocer a la opinión pública con luz y taquígrafos, al menos si se pretende levantar la pesada losa que este asunto supone para la reputación de la entidad y de quienes la dirigen. 

Para que aflore alguna responsabilidad sobre lo que pudo hacer FG con Villarejo, hay que encontrar en alguno de los documentos sobre los últimos diez años (o más) de actividad del banco analizados, algo que demuestre que puedo haber una conducta punible. Y eso es muy difícil. Los expertos que dirigen el ‘forensic’ lo sabían antes de empezar y seguro que lo están corroborando en el año que llevan encima del caso, viviendo prácticamente en la sede del banco más que en sus despachos. El propio FG tendrá recopilado y documentado todo para demostrar su inocencia. Pero todos ellos deben tener en cuenta que la gente que tiene sus ahorros en el banco o su hipoteca, o simplemente el hecho de que se trata de una entidad fundamental y que supone un riesgo sistémico para el sector financiero español, hacen que toda la sociedad tenga derecho a saber si el equipo que gestionó la entidad durante tanto tiempo lo hizo con todas las de la ley, o saltándosela a la torera.

Es muy común estar en un debate sobre el sector financiero o la gran aportación que los bancos hacen al crecimiento y la economía de un país (que es cierto) y acabar discutiendo del gran problema que supone la mala imagen social que tienen las entidades y la baja reputación que sufren, de la que en ocasiones se culpa al mensajero, a la falta de buenas informaciones (a favor) de los periodistas. Es un problema que hay sobre la mesa y que los expertos del sector están analizando e intentando paliar. Es más, los periodistas también debemos colaborar para mejorar la información que se ofrece, pero a sabiendas de que sobre ese propósito pesa mucho en demasiadas ocasiones la falta de transparencia. El ‘forensic’ del BBVA sobre el caso FG y Villarejo es una ocasión perfecta para demostrarle a toda la opinión pública que no hay nada que ocultar y que la reputación, con buena información se recupera mejor.

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