Jueves, 21.02.2019 - 17:51 h
Doctor en Ciencias Sociales y analista de Metroscopia

El franquismo genera hoy rechazo y equidistancia a partes iguales

Según la RAE, transición significa pasar de un modo de ser a otro. Ejemplo: España, 1975-1978. La Transición política articuló el paso de una España franquista a otra democrática. Burdo microrrelato, de acuerdo. Quizá lo mínimo que se despacha en conocimiento político de la historia de España. Pero puestos a simplificar, cabría preguntarse cómo ha asimilado en general la ciudadanía española ese cambio de modo de ser. Viviera o no la transición, la pregunta es pertinente ¿Cuál ha sido el rastro general dejado por la Dictadura en nuestra memoria? ¿Qué imagen del franquismo, por difusa que sea, se transmite y perdura hoy en día?

Según los datos de Metroscopia, la percepción negativa de la Dictadura aumenta. Si se analiza la tendencia de los últimos 35 años, entre 1985 y 2018, se aprecia que cada vez son más los españoles que consideran el franquismo como una etapa perjudicial para el país. En porcentaje, el aumento es de 20 puntos: del 27% al 47%. Unas cifras que permiten decir que prácticamente la mitad de la ciudadanía expresa un claro rechazo hacia lo que fue y significó el Régimen. La siguiente pregunta es pues evidente: ¿qué piensa entonces la otra mitad?

La otra cara de la moneda es que persiste la idea de que, en mayor o menor medida, el franquismo fue un periodo positivo para España. Pero cuidado, este imaginario benévolo existente en la otra mitad de la sociedad está sustentado mayoritariamente (44%) por un enfoque más bien equidistante, es decir, el de quienes piensan que el franquismo dio en realidad una de cal y otra de arena, tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas. Así, son una clara minoría (7%) quienes evalúan la Dictadura como una etapa única o fundamentalmente beneficiosa para el país.

Estos datos pueden o no sorprender y las causas de que este sea el escenario actual en España probablemente sean múltiples. Pero a nivel estrictamente descriptivo, si se analiza la estructura subyacente de estas opiniones (1), lo primero que se observa es que existen rasgos individuales diferenciables detrás de cada una de estas opiniones. Y no todos se intuyen con facilidad.

Ser una persona de izquierdas aumenta la probabilidad de tener una opinión negativa del franquismo, así como ser de derechas la disminuye. Esto sería quizá lo más obvio. El componente ideológico es justamente uno de los que más influencia ejerce en el proceso de moldeo de la percepción sobre lo que significó el franquismo. Visto desde el ángulo partidista, entre los votantes de PP y Cs la percepción equidistante es la mayoritaria (69% y 58%, respectivamente) y es en ellos donde se localiza la mayor parte de las opiniones positivas (20% y 8%). En cambio, entre los votantes de Unidos Podemos predominan claramente las opiniones negativas (83%), siendo la equidistancia una perspectiva minoritaria (16%). Los votantes del PSOE son quienes se encuentran más divididos: la mitad expresa una opinión negativa (50%) y la otra mitad es en gran medida equidistante (45%).

Sin embargo, contrariamente a lo que pudiera pensarse a priori, la edad no parece ser un factor que influya demasiado en la disposición de una percepción u otra. Quienes nacieron ya en democracia y tuvieron noticias de la Dictadura de manera indirecta a través de la familia, el sistema educativo y los medios de comunicación, no piensan de forma excesivamente distinta respecto a quienes, por ejemplo, vivieron la Transición. En todo caso, es menos probable tener una opinión positiva del franquismo si se tiene menos de 60 años que si se tiene más. Pero no se detectan diferencias significativas, por ejemplo, entre quienes muestran opiniones negativas y equidistantes en función de la edad. Aparentemente son otros los factores que intervienen con más fuerza, como la ya mencionada ubicación ideológica, el nivel de estudios alcanzado o la orientación religiosa.

Es más, si se combinan todos estos atributos a la vez (edad, ideología, estudios, etc.) podría dibujarse de manera aproximada el perfil que representaría cada uno de los tres campos de opinión. Una descripción que puede orientar a quien profundice en las verdaderas causas de que no exista en España una opinión realmente hegemónica respecto a las consecuencias de la Dictadura.

Por ejemplo, si nos preguntásemos por el tipo de persona que hoy cree que el franquismo fue un periodo bueno para España, probablemente nos encontraremos con un hombre de más de 60 años, con una orientación ideológica de derechas, creyente y con bajo nivel de estudios.

Metroscopia 2

En cambio, una persona de menos de 60 años, que se define de izquierdas, cuenta con un alto nivel de estudios, se declara no creyente o, si es católico, no es practicante, es la que tiende a tener una opinión negativa de lo que supuso el Régimen de Franco. Se trata también de una persona cuyos familiares probablemente simpatizaban más con el bando republicano que con el nacional durante la guerra civil. De acuerdo al análisis realizado, la simpatía familiar por uno u otro bando es una variable incluso más significativa que la edad para pertenecer a este tipo perfil. Además, nos referiríamos a un individuo con un alto grado de descontento con la situación actual de España, especialmente por su visión estructural de la corrupción en la clase política.

Por último, el perfil del equidistante español lamentablemente se presta menos a la delineación. No presenta rasgos tan diferenciables ni marcados como para dibujar un perfil claro. Aun así, podría decirse que comparte algo más con la primera figura que con la segunda, pues su orientación ideológica está más cerca del centro y la derecha que de la izquierda, es más probable que sea creyente que no creyente y también que cuente con estudios medios o primarios antes que universitarios.

(1) La descripción que aquí se presenta se apoya en un análisis estadístico de regresión logística multinomial, en el que la variable dependiente es la opinión sobre lo que significó el franquismo (positiva, negativa, equidistante) y las variables independientes definen las características sociodemográficas de la población (género, edad, nivel de estudios, ocupación, orientación religiosa, ideología). También se incluyen dos variables de control: una que recoge la simpatía familiar con alguno (o ambos) de los bandos de la guerra civil; otra que mide el grado de desconfianza y descontento respecto a la clase política (si la corrupción es estructural o afecta solo a una minoría de políticos). El ajuste del modelo se puede considerar aceptable, con un porcentaje de clasificación correcta del 70% y un R cuadrado de Nagelkerke de 0,45.

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