Viernes, 19.07.2019 - 08:48 h
Money on my mind

3D: El software se come al hardware

Hay muchas tecnologías que después de ser el objeto de todas las miradas y de presentarse como el gran ‘qué’, lo que los americanos llaman ‘the next big thing’, pasan a mejor vida y quedan en olvido. Se convierten simplemente en la idea que no triunfó, a veces por ser descabellada, otras por ser tan solo una promesa y muchas otras por no saber encajar en la mente del consumidor. Pero con la impresión 3D, aún no ha pasado ninguna de estas tres cosas.

Si bien es cierto que la tecnología de impresión no es nada nueva, los avances esenciales se produjeron a principios de los años ochenta, no fue hasta principios de la década de los 2010 que la tecnología se popularizó a nivel profesional para el prototipado y a nivel de consumidor aficionado a la materia. La propagación de las impresoras 3D pudo darse con posterioridad al vencimiento de patentes y por el carácter actual abierto, open source, de dicha tecnología, permitiendo que decenas de compañías llevasen al mercado su modelo propio de impresora 3D.

Las grandes expectativas sobre el éxito del sector se produjo entre finales de 2011 y los primeros días de enero de 2014 cuando las acciones de las dos principales empresas, Stratassys y 3D Systems multiplicaron por 4 y 7 veces sus cotizaciones. Cuando los crecimientos de las compañías no cumplieron esas expectativas, el valor de sus acciones empezó a desplomarse, el precio de las mismas ha caído un 80% desde máximos hasta el dia de hoy.

Pero como suele pasar tantas veces en este tipo de situaciones, es muy complicado que las enormes ilusiones de beneficio casen con la realidad, que suele jugar en plazos más largos que los de la euforia generalizada.

¿Para qué sirve la tecnología de impresión en 3D? Existen dos métodos principales para la impresión en 3D; el sinterizado de láser selectivo y el modelado por deposición fundida, SLS y FDM por sus siglas en inglés. Mientras que el FDM es el sistema usado por la mayoría de impresoras basado en la adición continuada de material fundido, el SLS que a través de un proceso complejo basado en moldear resina con láseres puede desarrollar figuras con un enorme grado de detalle. Ambas tecnologías desperdician una importante cantidad de materia prima y son lentas comparadas con otras tecnologías usadas para la fabricación a gran escala.

Los casos de uso real de la impresión 3D estos días son la fabricación de prototipos industriales a partir de plásticos, metales, materiales que reproducen las cualidades de los textiles e incluso alimentos. Esto tiene un impacto en un sinfín de sectores, especialmente en la fase de innovación y diseño para las industrias automovilística, naval y aeronáutica, también en la industria plástica o en el campo de la ingeniería mecánica, la construcción o para muchos bienes de consumo como la moda y el sector textil en general. Se espera que las impresoras 3D aporten un aumento de la eficiencia y reducción de los costes laborales, así como que sean la catapulta hacia nuevos métodos de producción.

Algunos de los avances más interesantes se han realizado en el campo de la medicina ya que la tecnología de escáner unida a la precisión y adaptabilidad del diseño 3D está permitiendo crear prótesis únicas, adaptadas a las necesidades de cada paciente. En mayo de 2013, la revista Nature recogía el caso de un bebé de 6 semanas al que se le había implantado una tráquea artificial realizada con impresión 3D, salvandole la vida y permitiéndole respirar con normalidad. La puerta abierta en el campo médico por esta tecnología nos hace pensar que en un futuro no muy lejano se podrán trasplantar a los pacientes riñones u otros órganos totalmente artificiales, fabricados a partir de células o componentes orgánicos. Esto eliminaría o rebajaria enormemente las listas de espera en trasplantes. La ventaja es que la tecnología FDM actual es que permite realizar prótesis de muy bajo coste, como las manos artificiales recopiladas por la comunidad e-nable.

El problema real de la impresión en 3D es su escalabilidad, a pesar de una mejora continua en la velocidad y precisión productivas, no se trata de un proceso rápido ni mucho menos barato. Ese es el principal motivo por el que fuera del mundo médico y el prototipado, el éxito de este avance haya sido extremadamente limitado. Una de las compañías que pretende dar un giro a esta situación es la omnipresente Hewlett-Packard, el gigante tecnológico tiene dedicada una parte de sus recursos dedicados a investigar y competir en el mercado de impresión 3D. Con unas ventas esperadas de más de 34.000 millones de dólares para el cierre del presente año fiscal, la empresa no hace públicas las cifras de ventas en este segmento, lo que sí es vox populi en el sector es que entre los objetivos de HP se encuentra el de traspasar esta limitación de la escabilidad y llevar la tecnología existente al siguiente nivel, veremos si es capaz de conseguirlo.

Los grandes ganadores de la revolución de la impresión 3D no son los fabricantes de hardware. Después del vencimiento de ciertas patentes, muchas de ellas pertenecientes a la compañía Stratasys, la tecnología de los grandes fabricantes se quedó estancada mientras que los nuevos participantes en el mercado abordaron el problema con soluciones innovadoras, convirtiéndose en el nuevo driver del avance técnico. Por su parte las empresas de software de diseño como la americana Autodesk son las que se han visto realmente beneficiadas de esta pequeña revolución. El software cuenta con importantes barreras de entrada como el efecto red y los costes de transición entre programas con curvas de aprendizaje empinadas, el caso del software de diseño no es diferente y ha sido capaz de absorber una demanda creciente sin que los competidores poco especializados pudieran entrar en el mercado

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