Martes, 23.07.2019 - 16:04 h
Money on my mind

Nuevo mundo, nuevos riesgos

Nuestra vida es inherentemente incierta, por eso estamos dispuestos a pagar más de lo que deberíamos para conseguir cierta seguridad. Imagine que su hijo está llegando tarde a casa y usted empieza a pensar qué le puede haber ocurrido. Lo más probable es que se haya
entretenido con sus amigos, pero tendemos a juzgar las probabilidades remotas como si fueran posibilidades reales.

La humanidad ha sido capaz de desarrollar métodos para lidiar con la incertidumbre en el mundo físico, y los seguros son una buena muestra de ello. Actualmente, tenemos seguros contra catástrofes naturales, accidentes, robos, impagos, naufragios, médicos, de vida, hasta seguros para cuando nos quedamos sin trabajo. Pero existe un mundo en el que también vivimos donde aún lidiamos con un alto nivel de incertidumbre. Me refiero al mundo digital.

El mundo digital es algo relativamente nuevo si lo observamos desde un prisma histórico, un fenómeno con un recorrido de menos 30 años es tan sólo una chispa en la vida de la humanidad, y a pesar de ello, su impacto ha sido inconmensurable. Tal y como ocurre con las innovaciones y los problemas derivados de estas, aún estamos aprendiendo a interactuar en este nuevo mundo, y es que, como le hacen decir a Steve Wozniak en un anuncio, “todos somos unos novatos en la era digital”.
Y como en cualquiera de los mundos, en él hay crímenes. Tan sólo en 2015, el impacto de las pérdidas provocadas por ciberataques a nivel mundial se cifraron en 556.000 millones de dólares, equivalente al 50% del Producto Interior Bruto español. El cenit de los ciberataques lo vivimos en mayo de 2017, cuando el ransomware WannaCry atacó a más
de 200.000 empresas e instituciones en todo el mundo poniendo e jaque incluso al sistema hospitalario de todo el Reino Unido.

¿Existe una manera real de protegerse contra este tipo de ataques? Los expertos aseguran que disponer de las últimas actualizaciones de software y contar con un buen antivirus es esencial, pero nadie asegura una invulnerabilidad total. A principios de 2017, las compañías de seguros empezaron a comercializar productos contra ciberataques para empresas con los que cubrir las pérdidas por responsabilidad civil y los efectos económicos de los ciberataques. Se trata de un seguro tan nuevo, que no existen aún primas estandarizadas y todos los presupuestos se hacen a medida del asegurado, el cual es esencial que tenga cierto nivel de seguridad previo para poder acceder al servicio.

Piense tan sólo un momento. ¿cuánta gente gestionaba su vida a través de un smartphone hace 10 años, justo cuando salió el primer Iphone, y cuánta gente lo hace ahora? Nuestra vida ya es en gran parte digital; nuestra información personal, nuestras vivencias, las cuentas bancarias, todo. Usted accede a todo ello con el móvil o directamente lo comparte en una red social. A la vez, el ritmo de crecimiento de estos ataques es enorme, y con cada dispositivo o gadget extra conectado a la red el riesgo al que estamos expuestos crece exponencialmente.

En julio de este año saltó la noticia de cómo la compañía iRobot, fabricante del aspirador Roomba, se disponía a vender los planos de las casas de sus millones de clientes a compañías como Google, Amazon y Apple. Mucha gente se lo tomó como un ataque a la privacidad, cuando habían accedido a ello mediante su contrato con la compañía.

Precisamente estas tres últimas compañías son las que a partir de sus numerosos servicios dominan nuestra información en la red, que es donde nos mostramos tal y como somos por esa sensación de falso anonimato que nos proporciona la red. Nunca pensamos que los
datos de nuestra navegación son continuamente guardados y analizados.

Pero no son sólo las grandes empresas tecnológicas las que deberían preocuparnos. Son de sobra conocidas las controversias protagonizadas por agencias gubernamentales, como la norteamericana Agencia Nacional de Seguridad (NSA por sus siglas en inglés). Hace
unos meses se viralizó un video donde el asistente personal de Amazon, Alexa, se apagaba cada vez que le preguntaban si estaba conectado a la CIA. La situación en sí es bastante inquietante y no hubo ninguna respuesta oficial al respecto.

A pesar de todo, defiendo firmemente que alejarnos de la tecnología nunca será una solución real a dicha cuestión. La problemática a la que nos enfrentamos es global, y apartarnos de la digitalización probablemente nos dificultará nuestro día a día. La solución pasa por tomar conciencia de la información que facilitamos y restringirla en función de los riesgos que estemos dispuestos a correr. Las instituciones son algo vivo, fruto de un largo proceso de aprendizaje y de centenares de pruebas y errores, a través de ellas se forman relaciones e interactúan los individuos. Con el mundo digital no va a ser diferente, igual que estamos aprendiendo cuáles son las normas sociales más adecuadas cuando tratamos con nuevas tecnologías (cómo no utilizar el móvil mientras comemos con la familia o tomamos un café con un amigo o cuándo y de qué manera es adecuado responder a un mensaje recibido por whatsapp), también aprenderemos a lidiar con nuestra identidad digital y todo lo relacionado con ella. Aunque en la era del cambio constante parezca increíble, lo habitual en nuestra sociedad es que con cada disrupción tengamos que enfrentarnos a todo tipo de
dilemas.

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