Miércoles, 22.11.2017 - 12:27 h

¿Qué esconde la gestión pasiva de fondos de inversión?

La industria de la gestión de activos tiene unos antecedentes muy antiguos, las primeras figuras en este sentido surgen a principio del siglo diecinueve en Holanda, pero su popularización se produjo a partir de los años sesenta y setenta en Estados Unidos y Europa.

Los vehículos más especializados, los hedge funds, conocidos en España como fondos de inversión libre, tuvieron su edad de oro en los años ochenta y principios de los noventa, dando paso a un crecimiento desmesurado de este tipo de vehículos, pasando de unos pocos fondos con espectaculares resultados a una industria por sí misma. Los noventa se iniciaron con tan sólo 610 hedge funds, en el año 2007, coincidiendo con el máximo de mercado se superó por primera los 10.000 fondos de inversión libre registrados.

Los malos resultados y las caídas drásticas de estos fondos, en el periodo post-2008 pusieron en evidencia dos cosas. La magia de los hedge funds se había evaporado, y las comisiones cobradas por los gestores eran excesivas. Esta situación puso sobre la mesa un sano debate sobre la industria de gestión de activos que rápidamente se extendería a todos los tipos de fondos, el clásico esquema de un 2% de comisión de gestión y un 20% sobre los beneficios tenía los días contados.

En este escenario aparecieron rápidamente dos nombres que hoy dominan gran parte del universo de la inversión, Blackrock y Vanguard, actualmente las dos mayores gestoras de fondos de inversión del mundo. A cierre del mes de setiembre acumulaban respectivamente 5,9 y 4,5 Billones de dólares en activos bajo gestión. Aunque existen diferencias significativas entre ambas gestoras, una parte de la estrategia es muy similar; ofrecer productos de inversión pasiva, sin valor añadido más allá de replicar de forma fidedigna un índice de referencia, pero con comisiones cada vez más bajas.

La entrada en escena de estas dos empresas ha sido un gran elemento disruptivo para la industria y los gestores se han visto obligados a justificar las comisiones cobradas con verdadero valor añadido. En España las redes de distribución bancaria aún pesan y son muchos los ahorradores invertidos en productos caros. Por suerte el debate es cada vez más importante, y a mayor consciencia por parte de los inversores más serán los fondos caros y sin valor añadido que veremos desaparecer.

Existe además un debate sumamente importante sobre la gestión pasiva, al replicar los índices sin ningún criterio extra existe un peligro inherente a que se produzcan burbujas de activos y una mayor volatilidad en las caídas cuando los inversores decidan retirar su dinero después de un largo periodo alcista en la bolsa tal y como estamos viviendo actualmente. El mismísimo fundador de Vanguard, John Bogle, de 88 años, afirmó en mayo de 2017 que si todos los inversores estuvieran indexados la única palabra que podría describir esta situación sería caos o catástrofe, los mercados fallarian. Los fondos de gestión pasiva ya poseen el 25% del mercado de valores estadounidense, y a pesar de que el camino hasta alcanzar el límite crítico del 50% es largo, el riesgo está ahí. A pesar de esto, el CEO de Vanguard, Bill Mcnabb afirmaba en una entrevista en el Financial Times el pasado 4 de septiembre que no veía una burbuja en el mundo de la inversión pasiva. Recientemente la firma ha recibido fuertes críticas por no implicarse más en el gobierno corporativo de muchas compañías de la que es el máximo accionista y estar poco atenta a resoluciones sobre propuestas para mejorar la gestión del impacto medioambiental de empresas petroleras como Exxon Mobile.

Pero hay mundo más allá de la inversión en acciones, cambiemos de activo para acercarnos a una realidad que ha pasado completamente desapercibida. Si bien la mayoría de los activos que gestionan estos dos gigantes son acciones de empresas cotizadas, también juegan un papel más que determinante en la renta fija, es decir los valores de deuda, letras, bonos y obligaciones emitidas por gobiernos y empresas con el objetivo de financiarse. Por su parte, y también con datos de cierre de setiembre, Blackrock tiene más de 1,7 billones de dólares en renta fija y Vanguard ha superado recientemente el billón de dólares en esta clase de activo. Para ponerlo en perspectiva, el mayor banco privado del mundo, JP Morgan poseía 0,9 Billones de dólares en préstamos, y el segundo, BNP Paribas, presentó en setiembre un balance con préstamos con un total de 0,7 billones de dólares.

Las grandes gestoras se han convertido sigilosamente en los mayores financiadores de deuda del mundo, por detrás por supuesto, de los omnipotentes bancos centrales, quienes con su poder discrecional sobre la emisión moneda y los tipos de interés mantienen el verdadero liderazgo en este campo. Si esta tendencia se consolida, supondrá un enorme cambio de paradigma con consecuencias muy destacadas, pero la más importante de ellas sería la transferencia de riesgo desde los bancos hacia los inversores por el cambio en el tipo de producto suscrito. Cuando un ahorrador deposita su dinero en el banco, recibiendo, o no, algún tipo de interés por él, quién está asumiendo el riesgo de pérdidas es el banco. Las entidades bancarias mantienen en todo momento la obligación de salvaguardar intactos los ahorros que les han confiado sus clientes. Cuando se contrata un fondo de inversión el cliente asume la posibilidad de pérdida optando a todo el beneficio obtenido.por el rendimiento de los activos en los que se invierte. Esto ayudaría a suavizar el riesgo sistémico ante bancarrotas y pérdidas generalizadas y mitigaría la socialización de pérdidas, ocurridas recientemente tras la crisis financiera y bancaria. Este fenómeno está actualmente ocurriendo en entidades bancarias españolas donde los clientes salientes de depósitos suscriben fondos de inversión monetarios con el objetivo de obtener algo más de rentabilidad por su dinero.

Podemos afirmar pues que la gestión pasiva ha traído algunos cambios muy positivos para los clientes. En primer lugar están consiguiendo rebajar enormemente las comisiones pagadas, beneficiando de una forma inimaginable a millones de pequeños inversores que han visto mejorar su rentabilidad sin siquiera ser conscientes de ello. Además, los fondos de gestión pasiva de renta fija, siempre que lleven al inversor a ser más cuidadoso con sus inversiones en estos activos, están suponiendo una incipiente y sana competencia para los bancos. Finalmente, el aspecto más negativo de la gestión lo encontramos en los fondos que invierten en acciones, ya que de crecer demasiado se convertirían en una amenaza real para la estabilidad y el funcionamiento del mercado de capitales.

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