Inteligencia económica en España: una necesidad tras la crisis de la Covid-19

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos y la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño, durante el coloquio con motivo del Día de la Educación Financiera, en Madrid (España), a 7 de octubre de 2019.
El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos y la ministra de Economía, Nadia Calviño.
EP

Inteligencia económica: Desde el estado para el estado

Es pronto para saber cuáles serán las consecuencias derivadas de la pandemia global provocada por la Covid-19. Sin embargo, sí podemos adelantarnos a la nueva situación que vendrá, preparándonos para el futuro al tiempo que atendemos a sus repercusiones más inmediatas. El mundo va a cambiar, como lo hizo al final de la Guerra Fría y tras el 11 de septiembre. La cooperación entre estados será, sin duda, un elemento fundamental en los años venideros, pero la competición también se acrecentará. Podemos afirmar que esta crisis cambiará el concepto que tenemos de globalización y limitará los intercambios comerciales y la movilidad internacional tal y como la conocemos, por lo menos a corto plazo. 

En este marco de cambio y de incertidumbre, el estado cuenta con una herramienta destacada, como es la inteligencia económica, para mejorar la posición propia en cuestiones económicas y defender sus intereses nacionales ante el posible devenir de los acontecimientos. 

Entender cómo el estado debe proteger sus intereses económicos y el bienestar de sus activos estratégicos (públicos y privados) es hoy en día, una política pública de primera necesidad. De igual modo, el estado, en un entorno altamente competitivo, destina también no pocos esfuerzos en conseguir mejorar su imagen e influencia y, con ello, aumentar la competitividad internacional de productos y servicios ofrecidos por su tejido empresarial entendiendo así, la economía, como parte fundamental de la Seguridad Nacional; más incluso en los difíciles años que se avecinan con las derivadas de la pandemia global que estamos sufriendo. 

Cuando leemos referencias acerca de la inteligencia económica, aún hoy en día, es común en diversos autores la idea de que el término tiene muchos nombres, pero no es cierto. Incluso cuando puedan existir distintas denominaciones, una correcta definición nos lleva a una correcta clasificación y esta a unos cursos de acción concretos. Por este motivo, muchas de las iniciativas relacionadas con los temas de inteligencia económica en nuestro país y en otros, no han tenido éxito. 

Debemos, por tanto, entender qué papel juega la inteligencia económica, para qué sirve, y sobre todo, cuáles son las fronteras y límites de este término para no confundirlo con otros adyacentes; evitando así, duplicar esfuerzos y mejorar la eficacia y eficiencia de las estructuras donde se aplica. Todo lo cual no es óbice para que cada estado y sus estructuras de inteligencia desarrollen este concepto de acuerdo con sus circunstancias e intereses particulares en un momento concreto sin que se altere la esencia del término inteligencia económica. 

Una vez dicho esto, me va a permitir el lector que no entremos en debates ya superados acerca de lo que se entiende por inteligencia y que partamos de la premisa que en términos generales, la inteligencia es una herramienta que ayuda a reducir la incertidumbre inherente en la toma de decisiones. Ayuda a reducir el impacto de sorpresas estratégicas y mejora la posición propia ante riesgos y oportunidades. La inteligencia económica es, en definitiva, una herramienta estatal orientada al bienestar colectivo, al interés general. 

De este modo, el estado con el uso de la inteligencia económica busca también la protección del tejido industrial nacional de carácter estratégico. España se encuentra en posición de adelantarse a los acontecimientos desarrollando una estructura de inteligencia económica que le permita reducir esa incertidumbre presente en la toma de decisiones. 

De la prevención a la promoción: La marca España

La mejora de la competitividad fue una de las líneas de acción claves en el desarrollo de la economía española tras la crisis financiera internacional de 2008, como así se recogía tanto en el último Plan Estratégico del ICEX como en la Estrategia de Seguridad de 2017. Las empresas españolas vieron en los mercados internacionales la posibilidad de recuperar el volumen de negocio perdido durante la crisis en nuestro país. 

Sin embargo, a pesar de que ya se empiezan a atisbar respuestas desde la Unión Europea, la crisis derivada de la pandemia global producida por la Covid-19 es distinta y, por lo menos a corto plazo, supondrá un repliegue de los mercados internacionales y un incremento de medidas proteccionistas; lo que se traducirá en una mayor competición por cuotas de mercado. La inteligencia es importante, pero debemos tomarla con cautela, en España existen ya distintos organismos y departamentos encargados de tratar a nivel macro con cuestiones económicas y a nivel micro en relación a la situación de la competitividad de las empresas españolas. 

No sólo desde el Ministerio de Asuntos Económicos también desde el Consejo de Seguridad Nacional o desde el Gabinete de Presidencia de Gobierno de España, cuenta con distintas direcciones generales como la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia o el Departamento de Seguridad Nacional, o el departamento de Asuntos Económicos y G20. Así, es importante contar con la inteligencia económica como herramienta para reducir la incertidumbre y mejorar la posición propia pero no pretendemos ni descubrir la rueda ni difundir la falsa idea de que la inteligencia es la solución a todos nuestros problemas. De hecho, es evidente, como estamos viendo, que el Gobierno cuenta con distintas estructuras que le ayudan a conseguir superioridad de la decisión a través de la superioridad en la información. 

En estos difíciles momentos el Estado tiene que garantizar con todos los medios a su alcance la estabilidad y competitividad del tejido productivo y empresarial español. Ante esta realidad, la colaboración público privada será una pieza clave en dos sentidos: en primer lugar, para apoyar y acompañar a las empresas españolas en el difícil camino de la internacionalización; en segundo lugar, para promocionar la marca España y los múltiples atractivos que tiene nuestro país en el exterior. 

Por otro lado, cierto es también que los Estados protegen sus llamados sectores estratégicos, por lo que esa dicotomía entre protección y desarrollo de lo nacional y libre competencia no es nada fácil de resolver y determinará enormemente el futuro desarrollo del llamado Sistema de Inteligencia Económica en nuestro país, como ya lo hizo en su momento en Francia o en Alemania. 

Es más, a día de hoy, con la multitud de variables en juego en la esfera internacional, es evidente que ninguna organización puede centrarse exclusivamente en el análisis de la información referente a las amenazas directas. Por el contrario, es necesario un entendimiento claro del entorno y de la situación general en un contexto de repliegue de los mercados internacionales y de un incremento de la competición por cuotas de mercado. Ello, en último término, se traduce en identificar no sólo riesgos y amenazas, sino también oportunidades. 

En España, está todavía pendiente el alumbramiento de un sistema de inteligencia económica que a partir de la cooperación entre poderes públicos y empresas genere y custodie un conocimiento susceptible de constituirse en motor estratégico de progreso económico y garante de la ventaja competitiva de nuestros operadores económicos. Este es un momento único para avanzar en el desarrollo de un verdadero sistema de inteligencia económica en España.

*Gustavo Díaz Matey es profesor de la Universidad Complutense de Madrid

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