Viernes, 15.11.2019 - 11:04 h
Serendipia
Director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

Ambidiestro para ganar: en el Mobile pero también en La Moncloa

El antiguo dios Jano ha llegado a nuestros días en el lenguaje, el mes de enero tiene su etimología en la Roma Clásica ya que se dedicaban los primeros días del año a su invocación, de ahí que del latín Ianuariaius evolucionásemos al primer mes de año en castellano o al vocablo January en inglés. Pero hay algo más que las empresas de todo el planeta llevan un tiempo practicando que tiene su origen en el culto a Jano.

En la mitología romana a este dios se le representaba con dos caras, ambas de perfil una mirando hacia delante y otra hacia atrás. De hecho Jano es el dios de las transiciones, de los comienzos y de los finales. En las puertas y los portales romanos era habitual una efigie de Jano delante de la puerta (para entrar) pero también una representación del mismo dios en la parte de dentro de la puerta (donde se sale). Jano protege, por tanto, en las dos acciones precisamente porque tiene dos caras y cada una de ella sirve para una función.

Desde hace décadas las organizaciones más dinámicas han previsto la incertidumbre del momento actual. Cabe recordar que el concepto de sociedades líquidas fue acuñado por el filósofo polaco Bauman ya en los 80 del siglo pasado o el recurrido acrónimo VUCA (volátil, incierto, completo y ambiguo) se utiliza por la inteligencia americana desde finales del milenio pasado. Por ello para adaptarse a los continuos cambios que cada vez son más rápidos e imprevistos, las empresas globales han pergeñado nuevos perfiles para sus empleados que les permitan gestionar estas situaciones.

Profesionales que gestionen una empresa con estructuras eficientes y optimizadas para servir al negocio actual pero a la vez abiertos al ingente reto de manejar cambios exponenciales y superar cualquier estructura pasada. Directivos que cumplan con las demandas de sus accionistas haciendo crecer la facturación y el beneficio pero que no dejen de monitorizar las innovaciones disruptivas que hoy ya surgen en cualquier lado. Altos cargos empresariales que sean exploradores para descubrir oportunidades en las tecnologías exponenciales pero también guerreros que defiendan el modelo de negocio de su compañía ante agresiones externas. Ejecutivos que soporten rígidos mandatos pero promuevan liderazgos ligeros. Dos caras de una misma moneda, como la representación del dios Jano.

Un líder incumbente que a la vez sea un líder insurgente que solamente puede lograrse en las llamadas organizaciones ambidiestras. Ambidiestras como esas personas que tienen la capacidad de usar aparentemente con la misma habilidad la mano izquierda la derecha. Un deportista ambidiestro, como Rafa Nadal, es diestro con ambas manos, maneja por tanto las dos extremidades con la misma soltura, y a la vista están las consecuencias de esa pericia. Las empresas del futuro serán aquellas que tengan la misma soltura en innovar que en facturar, la misma habilidad en contentar a los accionistas que a la sociedad, la misma pericia en servir con eficacia a sus clientes que a sus empleados.

Por eso han visto ustedes estos días a los mismos presidentes de grandes compañías quitarse la corbata para pasear casi en camiseta y vaqueros por el Mobile de Barcelona como enfundarse en sus más oscuros trajes para comunicar sus resultados y previsiones de dividendos. En esta lógica la presidenta del Banco Santander se declara un día feminista para otro apostar por los emprendedores o las promociones comerciales más agresivas. Por no mencionar a otras grandes corporaciones que se pelean no por estar en la cabeza de los rankings de beneficios sino en los índices de sostenibilidad. Solamente desde la "ambidestreza" se entiende también la carta abierta de este año del consejero delegado de uno de los mayor fondos de inversión del mundo, Blackrock. Larry Fink, conocido por ser uno de los mejores gestores del planeta, no escribe a sus participadas para comentar ratios u otros indicadores sino para pedir diversidad e incorporar “la mentalidad millennial” en las viejas estructuras empresarial. Otro ambidiestro en el panorama de las organizaciones.

Pero la novedad es que este fenómeno se está capilarizando a otras disciplinas y la política española la va a necesitar en buenas dosis y bien aplicadas. Partidos políticos que sean coherentes con su programa electoral pero a la vez tengan capacidad para pactar. Líderes que sean atractivos pero con solidez intelectual. Candidatos que busquen el bien común sin traicionar a su electorado. Coaliciones que permitan la gobernanza pero no a costa del erario público y el bienestar de las siguientes generaciones.

Por eso un aviso final para los aprendices de esta nueva destreza. Un ambidiestro no aparenta simplemente el dominio de ambas manos porque, por ejemplo en el tenis, al cabo de unos intercambios de bolas se deshace el engaño. Las organizaciones y los líderes ambidiestros no se consiguen simplemente con gestos a la galería sino que detrás de esa destreza lo que hay es horas y horas de esfuerzo, lo que hay es coherencia. Prueben sino a escribir con su mano izquierda si son diestros, a al revés en el caso de los zurdos, el partido al que van a votar estas elecciones generales. El resultado les ayudará a pensar en lo difícil que es ser ambidiestro sin mucho entrenamiento detrás.

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