Sábado, 20.10.2018 - 00:39 h
Serendipia
Director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

El trabajo permanente revisable será la salvación

E

n muchas ocasiones nos quejamos que los debates en el Congreso de los Diputados están muy alejados de las preocupaciones de la ciudadanía así que cuando pasa lo contrario hay que reconocerlo. Esta semana los partidos políticos debatieron en Cortes Generales dos asuntos que a una mayoría nos quitan el sueño y que afectan al futuro de los más débiles. El bienestar de las personas mayores con la sostenibilidad de las pensiones y la seguridad de nuestros hijos con la prisión permanente revisable. La Carrera de San Jerónimo se ha hecho eco de las discusiones y cuitas que los españoles hemos tenido esta semana en nuestras casas pero también en la calle. Buena noticia.

Los dos asuntos están pegados a la actualidad pero más allá de la coyuntura que nadie dude que serán estructurales en los próximos años. Me explicaré. Los demógrafos nos recuerdan que cada año ganamos tres meses de esperanza de vida, de modo y manera que si hoy en España alcanzamos de media los 84 años, será una realidad que los que nacimos en los años 70 vivamos hasta los 95 años. Una vida tan larga no estaba prevista por nuestro sistema de previsión social, diseñado cuando pocas personas (y pocos años) sobrevivían a la jubilación. Tampoco el código penal se diseñó pensando en vidas casi centenarias. Cumplir condenas de muchos años de cárcel suponía un tercio de la vida en el siglo pasado y de facto una cadena perpetua; hoy es muy diferente y por las buenas noticia de los avances médicos y la mejora de la calidad de las instituciones penitenciarias, ponerse al día con la justicia no es incompatible con tener largos años posteriores de vida en libertad. 

Dejando de un lado las connotaciones éticas del debate,  me centraré en esta reflexión semanal en otras consecuencias económicas que tiene el alargamiento de la vida. Porque no sólo afectará al sistema de la seguridad social, que parece evidente, sino que como acabamos de ver hay más asuntos sobre los que impactará que no son tan previsibles. La salud, el ocio y el consumo pueden estar en ese primer bloque de asuntos que tenemos en la cabeza porque, como reza un reciente informe de BNP Paribas, en el año 2020 el 40% del consumo mundial vendrá de los mayores de 65 años, pero también hay que recordar que la tasa de dependencia será en España en 2040 de un 79% frente al 53% actual. Por ello entre los asuntos que se verán afectados por el alargamiento de la vida y quizás no tenemos todavía en la cabeza estarán la formación y los empleos. En el mundo, nos dice la ONU, hay 900 millones de personas que superan los 65 años pero en 2050 serán 2100 millones. Solamente en España hoy son el doble los mayores de 50 años que los menores de 18 años.

La longevidad exigirá más años de vida laboral –porque nos lo podremos permitir por salud y nos lo exigirá nuestro bolsillo- lo que unido a la velocidad de los cambios tecnológicos hará imposible trabajar sin actualizar la formación recibida en la universidad. De hecho volveremos cada pocos años de nuevo a las aulas incluso siendo sexagenarios porque será la única vía para seguir en el mercado laboral. Surgirán nuevos empleos para adaptar las ciudades a una población envejecida por ejemplo con casas inteligentes, coches autónomos y hasta exoesqueletos. Las administraciones no tendrán otro remedio que penalizar las jubilaciones anticipadas e incentivar que los más mayores sigan en activo con empleos por cuenta propia o a tiempo parcial. El informe GEM atestigua que los mayores de 65 años tienen ya una tasa de emprendimiento del 13% superior al 11% de los jóvenes españoles de menos de 29 años. Las empresas, especialmente en nuestro país con apenas un 29% de ellas con planes de retención del talento sénior frente al 52% de la media europea, pondrán en valor la experiencia acumulada, la ética y la capacidad de solucionar problemas de la generación de las canas –como ha sido bautizada por la OCDE-.

Una persona mayor trabajando será algo a cuidar e incentivar porque no solo garantizará más ingresos para su familia y, conforme cada vez más estudios confirman, mayor felicidad, sino que además apuntalará el estado de bienestar. Pronto este debate también debería llegará al Congreso. Porque trabajar más años, en diferentes empleos y con diferentes regímenes, no será una condena sino que será la salvación.

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