Miércoles, 17.10.2018 - 01:32 h
Serendipia
Director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

Un café hecho por blockchain... a pesar de Roubini

El economista americano Nouriel Roubini desde su cátedra de la escuela de negocios Universidad de Nueva York (NYU) ha emprendido su enésima cruzada personal, esta vez contra las criptomonedas y la tecnología que la soporta, el blockchain. Confieso que a pesar de la corriente global a favor del blockchain, he leído varias veces sus tres últimos artículos, el último este mes de mayo, en el que de un modo inmisericorde ridiculiza las expectativas que se han puesto en la tecnología de la cadena de bloques y sus aplicaciones, en especial el bitcoin pero también en las ICO (initial coin offering) y los smart contrats. En estas reflexiones, todas escritas en este año 2018, el profesor de la Escuela Stern de NYU, hace méritos de nuevo para recuperar el apodo por el que durante mucho tiempo se le conoció: “doctor Fatalidad”.

Su conclusión es que el bitcoin es un gran fraude del que detrás solo hay, como poco, evasores fiscales. Tampoco queda bien parado el blockchain que es considerado como una gran tontería defendida por embaucadores puesto que no aporta ventaja alguna, y así lo demuestra Roubini, en campos como la desintermediación o la eficiencia. Un dinosaurio lento y derrochador, termina el profesor una de sus frases sobre el particular, que por otra parte labró su prestigió precisamente por ser de los pocos que alertó de la crisis de las subprime en 2007.

Quizá porque el apellido del profesor Roubini es muy parecido al del famoso escapista del siglo XX, Harry Houdini; quizá porque el profesor y el mago ejercieron sus profesiones en Nueva York; quizá porque ambos nacieron en la vieja Europa pero encontraron su fama en Estados Unidos; quizá porque Houdini, el mago, nos asombró con sus trucos para salir indemne de una caja fuerte lanzada al rio Hudson y Roubini, el economista, nos sorprende con sus mágicos análisis o quizás por ninguna de las cuatro anteriores y simplemente porque me encantan las serendipias me he acordado del gran Houdini leyendo a Roubini.

Harry Houdini nació en Budapest en 1874 pero emigró con su familia a Wisconsin con cuatro años de edad. Muy joven abandonó su casa para enrolarse en un circo gracias a sus dotes atléticas que usó en el trapecio y toda su vida en la natación. Enamorado de la magia y del espectáculo ha pasado a la historia, a pesar de morir con apenas 50 años, por sus números escapistas de los que siempre salía vivo como estar atado con una camisa de fuerza boca abajo en el Empire State o en pocos segundos liberarse de toda suerte de candados, cuerdas y baúles cerrados.

Roubini quiere que nos escapemos de la trampa del blockchain. El profesor es capaz, en los pocos minutos que tardamos en leer sus brillantes artículos, de desatar y abrir los candados que encierran las supuestas utilidades de la cadena de bloques para demostrarnos que estamos ante un gran engaño de charlatanes. Pero no todos tenemos las habilidades de los 'primos' Roubini-Houdini y por ejemplo, en mi caso, si me encierran atado de pies y manos en un baúl solo podría salir con la ayuda de los bomberos. Como también, lo siento, tiendo a creer en aquellas empresas que admiran el blockchain y que se han asociado en un consorcio de nombre Alastria para que España disponga de la infraestructura necesaria para beneficiarse de esa tecnología. Banco Santander, Repsol, Endesa, Metrovacesa, BBVA, Sabadell, Gas Natural y Garrigues son algunos de los socios de esta red de empresas que defienden que el blockchain cambiará para bien el mundo de los negocios. Hoy ya se está aplicando esta tecnología (más allá de las polémicas criptomonedas) en seguros para cancelaciones de viajes, en la trazabilidad de la cadena de suministro, en votaciones electrónicas, en préstamos corporativos, en complejas operaciones de comercio exterior o en subastas online, por solo citar algunos ejemplos.

No tengo claro si otra vez el 'doctor Fatalidad' volverá a acertar y el blockchain morirá, pero hasta entonces no veo mucho riesgo en invertir esfuerzos concertados entre tecnólogos, corporaciones y emprendedores para perseguir un loable objetivo: menos desintermediación. El momento que vivimos exige salir del ensimismamiento y sumar fuerzas para mejorar las bases de nuestro sistema económico. La cadena de bloques parece que permite resolver el problema de la desconfianza de forma colaborativa, no podemos dejar de explorar esa oportunidad.

Hace unos días celebramos un seminario en Deusto Business School junto a Accenture sobre este asunto y entre las utilidades que ya se estaban aplicando, además de las ya citadas y otras como acreditación de pasaportes, títulos universitarios y expedientes sanitarios se habló de una cafetera. Una máquina para hacer café alimentada no por la corriente eléctrica sino por el calor de los millones de ordenadores que al día de hoy trabajan colaborativamente en el blockchain. Así que si Roubini nos asombra de nuevo desatando todos los candados que esconde el blockchain por los menos nos quedará una taza de café caliente para afrontar con fuerza el siguiente reto económico.

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