Capital sin Reservas

El anticlásico Barça-Madrid: Sonrisas y lágrimas de una nueva y hermosa amistad

El papel de Laporta fue decisivo para evitar en verano la disolución de la Superliga y luego el Barcelona obtuvo dinero fresco y barato con una fórmula equivalente a la utilizada por Florentino Pérez para el Nuevo Bernabéu.

Florentino Pérez y Joan Laporta se han hecho inseparables en su batalla contra los clubes-estado que quieren dominar en Europa
Florentino Pérez y Joan Laporta se han hecho inseparables en su batalla contra los poderosos clubes-estado que quieren cambiar la historia del fútbol europeo
EFE

Unidos en el dolor de sus descomunales compromisos de pago financieros, uno más que otro claro está, el Real Madrid y el Barça han decidido juntar también sus fuerzas en esa lucha contra los grandes clubes-estado que desde los omnipotentes imperios de Oriente Próximo extienden su incontenible lava de petrodólares sobre el deporte rey en el Viejo Continente. Una conflagración que viene larvada desde el día en que el presidente qatarí del PSG, Nasser Al-Khelafie, rechazó la participación del campeón francés en la Superliga porque no estaba dispuesto a admitir el más mínimo control económico en la adquisición de todos y cada uno de los grandes fichajes que orbitan cada temporada en el entorno del planeta fútbol. A partir de ahí Florentino Pérez comprendió quién era su verdadero rival y quien podía convertirse en su principal aliado para una batalla que se promete intensa y encarnizada en los próximos años.

La confraternización con el Madrid permite que el Barcelona pueda seguir presumiendo de ser más que un club sin tener que encarar su conversión obligada en sociedad anónima como paso previo para reclamar una inyección de capital a sus eventuales accionistas. Una solución que fue considerada una quimera dado el agujero patrimonial de la entidad. Joan Laporta ha conseguido el favor de Florentino para acercarse a la puerta de Goldman Sachs y replicar con este banco de inversión una operación del mismo calado que la gestionada con JP Morgan y Merrill Lynch para el Santiago Bernabéu. El crédito del que goza el club blanco se mantiene todavía intacto y servirá para ampliar el presupuesto del nuevo estadio, disparado hasta los 800 millones de euros tras la incorporación del césped retráctil y de la renovada tecnología de sonido que han de convertir el coliseo madridista en mucho más que un campo de fútbol.

Florentino Pérez tendrá que llevar a la próxima asamblea de socios compromisarios los 200 millones largos que va a costar de más el proyecto, aunque como suele ser habitual no tendrá mayores problemas en obtener la aprobación masiva para hacer del viejo Chamartín el nuevo Palacio de Congresos y Exposiciones en el centro de la capital. En el Ayuntamiento que dirige el atlético José Luis Martínez-Almeida se frotan los ojos pensando en lo que puede convertirse en un verdadero tótem de atracción turística para Madrid, equivalente a lo que representa la Torre Eiffel para París. En el plano estrictamente deportivo se puede asegurar que el futuro Bernabéu es el arma nuclear que va a tener el Real Madrid para acaudillar ese movimiento de resistencia contra los dragones de siete cabezas llegados de países foráneos con el propósito de dar un vuelco a la historia del fútbol europeo.

En los entornos madridistas de Valdebebas aplauden la valentía de Laporta al rechazar los 270 millones que les ofrecía Tebas para asegurar la continuidad de Messi

En el Barcelona, donde no hay harina todo es mohína, los objetivos son mucho más terrenales y pasan por recomponer la estructura financiera, y a poder ser la deportiva, al tiempo que tratan de superar el duelo por la marcha de Messi. El club azulgrana ha padecido con el crack argentino una especie de mal holandés, que no tiene nada que ver con la obsesión institucional por mantener contra viento y marea el legado de Johan Cruyff. Se trata de una situación parecida a la que colapsó la economía de los Países Bajos a mediados del siglo XVII debido al precio escandaloso que alcanzaron los tulipanes en el mercado internacional. La crisis se desató cuando los costes de producción de los demás artículos se vieron presionados al alza por un tipo de cambio inusual que dio lugar a la pérdida de competitividad de todas las exportaciones.

Los estratosféricos contratos de Messi han impulsado una inflación en las fichas anuales de toda la plantilla y Laporta no ha tenido más remedio que deshacerse de su ‘tulipán rosarino’ para rebajar el coste salarial del equipo en cumplimiento de los límites impuestos por la Liga de Fútbol Profesional (LFP). En el entorno del Madrid consideran que el presidente blaugrana ha demostrado una especial valentía eligiendo el camino más conveniente, aunque no resulte el más agradecido, a fin de evitar que el club quedara hipotecado para los restos y en una situación de clara insolvencia. El presidente blaugrana estuvo a punto de caer en la tentación de los 270 millones que le ofrecía Javier Tebas en virtud del protocolo firmado con el fondo de inversión CVC Capital Partners, pero decidió rechazar la propuesta cuando comprendió que el ‘regalo’ podía resultar envenenado si a cambio tenía que ceder durante los próximos cincuenta años una décima parte de su más preciado tesoro, como son los derechos de imagen televisivos.

La incorporación del Barcelona al acuerdo financiero de la llamada Liga Impulso constituía además un impedimento insalvable para obtener la inyección monumental de esos 595 millones de euros gestionados a través de Goldman Sachs en unas condiciones incluso mejores que las suscritas por el Real Madrid hace un par de años. El club catalán abonará un interés anual inferior al 2% y tendrá diez años, con dos de carencia, para hacer frente al 50% de la deuda. La otra mitad corresponde a un bono bullet que será efectivo con el pago único de una última cuota pero que podría ser refinanciado a la vuelta de una década, cuando la entidad se supone que habrá pasado a mejor vida económica. Con este balón de oxígeno el Barcelona ha conseguido, al menos, afrontar pagos atrasados de anteriores contrataciones y disponer de un ‘saquito’ para lanzarse la temporada que viene en pos de algún fichaje que ilusione a la parroquia.

En los aledaños de Valdebebas la posibilidad de que el rival se refuerce ha dejado de ser un mal indeseable para convertirse en un bien necesario porque, como dicen en el club blanco, “la competencia con el Barça es lo que nos hace también más fuertes a nosotros”. Sabido es que el Madrid cuando pierde da la mano, tal y como versa su histórico himno, aunque en esta ocasión detrás de tan exquisito espíritu deportivo subyace también una señal de agradecimiento a Laporta por no haberse cargado el plan de la Superliga este verano. Los detalles que nutrieron la alianza del célebre G-12 constituyen uno de los secretos mejor guardados, pero hay aspectos claves que están siendo desvelados poco a poco y entre ellos destaca la opción que se reservó el mandatario azulgrana para trasladar a la asamblea de socios la decisión final de participar en el proyecto.

Las últimas asambleas de socios en el Barça demuestran que Laporta no tiene, ni de lejos, la capacidad de influencia y manejo que atesora Florentino Pérez en el Real Madrid

Más importante aún, la European Super League Company, constituida con carácter jurídico de sociedad limitada y radicada en Madrid, sólo puede ser disuelta a partir de la decisión firme, que no de boquilla, de once de sus doce miembros fundadores. Y con un añadido que resulta determinante para entender las actuales relaciones de los dos grandes clubs españoles porque la posición del Barcelona tenía hasta hace unos meses carácter decisivo, de manera que su eventual renuncia bastaba para dar al traste con todo el proyecto, siempre y cuando la negativa de los socios se hubiera hecho efectiva antes del 30 de junio. Así se entiende que Laporta evitase que la Superliga fuera sometida al voto de sus compromisarios en la asamblea que celebró el pasado 20 de junio.

El presidente azulgrana hizo bien en no tentar la suerte, como se ha demostrado tras el conclave interruptus de compromisarios que tuvo lugar la pasada semana para aprobar el llamado Espai Barça. Un proyecto equivalente en su financiación al del Estadio Bernabéu y para el que la entidad barcelonista solicita otros 1.500 millones adicionales del ala a través de su citado banco de cabecera Goldman Sachs. Laporta intentó en vano sacar adelante la operación por vía asamblearia pero la reacción contraria de algunos socios compromisarios ha motivado que la propuesta tenga que ser sometida a un referéndum general con el fin de diluir las responsabilidades entre toda la masa social. El mandatario blaugrana tiene el techo de cristal y su capacidad de influencia y manejo del club dista mucho actualmente de la que atesora Florentino Pérez en el Real Madrid.

Está muy claro, no obstante, que los actuales dirigentes de Can Barça tratan de replicar el modelo de gestión del presidente blanco, a ver si así se les pega algo de una estrategia financiera destinada a asegurar un chorro de dinero barato y a largo plazo a la espera de que lleguen tiempos mejores. Esta unidad de destino es lo que mantiene viva y coleando la peregrina idea de la Superliga, un instrumento de enorme controversia pero que puede resultar muy útil como señuelo para forzar un entendimiento con la UEFA. El Madrid y el Barcelona confían en que tras la tempestad llegue la calma en las relaciones con el principal estamento del fútbol europeo. Con esta misión los encarnizados rivales futbolísticos se darán este fin de semana su más sentido abrazo en un clásico de atípica semblanza y que muchos presienten como el comienzo de una nueva y hermosa amistad. Todo sea para evitar que la mítica Copa de Europa de Campeones pase a convertirse en una versión exótica, al estilo árabe, de lo que Jesús Gil, en sus célebres mofas, llamaba la Liga de Champiñones.

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