Lunes, 24.06.2019 - 20:25 h
Capital sin Reservas

La derecha cobarde y el socialismo envalentonado

La espantada de Daniel Lacalle ha dejado al Partido Popular descompuesto y sin un portavoz claramente identificado para dar réplica a las ministras del PSOE que, a buen seguro, seguirán copando las principales carteras económicas del próximo Gobierno socialista. Quienes conocen al personaje venían cruzando apuestas acerca del tiempo que tardaría el rutilante economista liberal en dar el esquinazo a Pablo Casado tras la estrepitosa derrota del 28 de abril. Algunos optimistas esperaban que, al menos, calentase el escaño hasta mitad de legislatura. Los más incrédulos aseguraban que a las primeras de cambio dejaría el Congreso de los Diputados. Lo que no pensaba nadie es que Lacalle sería capaz de salir por piernas antes incluso de las triples elecciones europeas, autonómicas y locales de este domingo.

El que dicen que estaba llamado a convertirse en ilustre ministro de Economía, delirios de grandeza aparte, ha repetido la historia de otro singular representante de las flamantes huestes populares, como es Adolfo Suárez Illana, del que pocos quieren recordar estos días su precipitada salida de la política cuando fue vapuleado por José Bono en las elecciones de Castilla-La Mancha allá por el año 2003. Menos mal para Pablo Casado que en esta ocasión Daniel Lacalle, haciendo gala de su natural y desinhibido desparpajo, ha salido por la tangente en un intento de convertir el defecto en virtud, justificando su renuncia al acta de diputado como un acto de generosidad, ahí es nada, con otros correligionarios del PP que se quedaron a las puertas del escaño y, más en concreto, con Marimar Blanco.

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Lacalle ha dejado a Casado y al PP descabezados en materia económica. / EFE

Lo de Suárez Illana fue bastante peor en términos políticos porque su despedida a la francesa estuvo acompañada de un gesto de displicente honorabilidad motivada con una sentencia que a día de hoy hubiera resultado demoledora para el actual presidente del PP: “Cuando se fracasa, se dimite”, afirmó con todas las consecuencias para dignificar, se supone, su deserción del partido y de la política. Dieciséis años después la farsa se repite para desautorizar en menos de un mes el insolente atrevimiento de José María Aznar en su denuncia de esa derecha cobarde simbolizada en los sucesivos gobiernos de Mariano Rajoy. A fin de cuentas, los dirigentes del Partido Popular liquidados tras el último Congreso de julio permanecieron siete años en la oposición a Zapatero antes de tomar el poder para enfrentarse al peor momento de la historia económica de España.

Probablemente sea complicado discernir el sentido que diferencia una valentía real de otra impostada y a buen seguro que es más fácil arengar desde una autoridad resentida que tras una depresiva retirada. Aznar y Rajoy encarnan las dos motivaciones de un conflicto antropológico, pero al margen de disquisiciones científicas existe un principio esencial para identificar la fortaleza e integridad de un político como servidor público y éste no puede ser otro que el cumplimiento responsable del mandato otorgado por los electores. La gran evasión de la Lacalle, cualquiera que sea la explicación o la coartada, supone un ataque a la línea de flotación del PP, un daño enorme para su credibilidad y liderazgo, comparable si cabe al que fue manifestado con expresivo duelo cuando hace un mes el expresidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, decidió pasarse a las filas del acérrimo rival que es Ciudadanos.

La economía, terreno abonado para Ciudadanos

El Partido Popular se ha quedado vacío en materia económica, sin un jefe de filas experto en la materia que pueda contestar desde el Congreso de los Diputados y con un escaño de postín a esa batida de gasto público que a buen seguro va a desplegar Pedro Sánchez en colaboración, explícita o tácita, con sus aliados de Podemos. Es ahí precisamente, en la discusión de los grandes asuntos que afectan al bolsillo del contribuyente, donde Pablo Casado ha dejado todo el terreno abonado para que Albert Rivera siembre los primeros esquejes de los que se considera la oposición a la oposición. Para ello el grupo parlamentario de Ciudadanos cuenta con un nutrido equipo de espadas económicos desde Marcos de Quinto a Francisco Latorre pasando por Toni Roldán o Melisa Rodríguez, sin olvidar a Luis Garicano en su papel de coordinador y cabeza de cartel de la formación naranja al Parlamento Europeo.

La devastación del PP, al margen los ajustes de reestructuración que haya que adoptar desde la sede de Génova, ha supuesto la eliminación de todas y cada una de las figuras parlamentarias que durante los últimos quince años llevaron el timón de lo que se supone es una política económica de derechas en España. La última en despedirse ha sido Fátima Bañez, pero antes se quedaron también por el camino Cristóbal Montoro y Álvaro Nadal. En el caso de Alberto Nadal, hermano del anterior, esta misma semana ha decidido volverse a su puesto de la Airef (Autoridad Fiscal Independiente) harto de calentar banquillo a la espera de que le buscaran un sustituto. Algunos piensan que será Isabel García Tejerina, flamante jefa de campaña para las elecciones europeas, la que tome el relevo, pero la exministra de Agricultura tiene también otras ofertas bastante más interesantes del sector privado que probablemente induzcan a un cambio de aires siguiendo la estela de sus antiguos compañeros de fatigas.

El gran beneficiado de esta diáspora será el Gobierno socialista que ha heredado además el cuadro macro más sano de la historia reciente de España, con seis años seguidos de superávit en la balanza de pagos y cinco de inflación por debajo de la media europea. Con estas credenciales nadie dentro del Parlamento le va a toser a Pedro Sánchez su política económica, por muy arriesgadas o populistas que puedan resultar sus decisiones. El presidente del Gobierno tiene en su mano un cheque en blanco y los que se lo han proporcionado están muy lejos del Congreso. La 'derecha cobarde' se ha convertido en el mejor aval del socialismo envalentonado porque no es lo mismo gestionar la economía sin dinero que hacerlo con la despensa llena. La clave ahora consiste simplemente en saber si el PSOE se marcha de parranda con Podemos o aprovecha que todavía hace buen tiempo para terminar de arreglar el tejado.

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