Miércoles, 23.01.2019 - 05:08 h
Capital sin Reservas

¿Quién teme a Rodrigo Rato? El rescate de Bankia y los que salieron de rositas

En la zona noble que engalana el Ministerio de Economía acaban de descolgar esta misma semana el viejo cuadro de Rodrigo Rato para sustituirlo por el más reciente de Luis de Guindos. El actual vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE) tiene pleno derecho a formar parte de la galería de hombres ilustres que han ocupado la cartera gubernamental, pero su ascensión a la posterioridad no debería haber coincidido con la retirada del cuadro que ha adornado durante más de una década la imagen del que fue considerado como la encarnación del milagro económico español. A los asesores de la ministra Nadia Calviño o bien les ha faltado tacto o a lo peor les ha sobrado sutileza porque el cambio de pinturas encierra en estos momentos un especial significado del que más de uno preferiría no tener que acordarse.

La continua y constante caída a los infiernos que viene protagonizando el preso más ilustre de Soto del Real convierte a Rodrigo Rato en una amenaza latente para todo el establishment político y económico del país que ahora trata de sacudirse el polvo de las sandalias aprovechando el auto de fe con que el presidiario pidió perdón públicamente a las puertas de la cárcel el pasado 25 de octubre. Rodrigo Rato hizo alarde de buena voluntad antes de empezar a pagar su primera condena por las famosas tarjetas black, pero su deseo de redención no está reñido con la defensa a ultranza de su responsabilidad en el segundo juicio al que ahora se enfrenta por la no menos célebre salida a bolsa de Bankia en julio de 2011.

El grupo de abogados penalistas que encabeza Ignacio Ayala está preparando a conciencia un alegato para demostrar que las actuaciones llevadas a cabo por el defenestrado presidente de Bankia estuvieron inducidas, favorecidas e impulsadas con la complicidad -más que necesaria, indispensable- de los dos principales organismos reguladores del mercado financiero, como son el Banco de España y la CNMV. La comparecencia de Rato ante el tribunal de la Audiencia Nacional prevista para enero puede resolver muchas de las dudas que suscitó la fiscal Carmen Launa cuando el primer día del juicio anunció la posibilidad de modificar sus conclusiones provisionales para aumentar el número de imputaciones y de imputados.

Rato tiene ya muy poco que perder y ha recuperado además mucha de la documentación que le fue incautada en los registros de su domicilio particular. No es de extrañar que en los mentideros financieros se hagan cruces pensando en lo que todavía pueden dar de sí sus declaraciones, máxime si van acompañadas de pruebas irrefutables para poner en evidencia al rey desnudo de Bankia . Si la salida a bolsa fue un engaño convencionalmente aceptado no sería por falta de conocimiento público. No en vano el propio Gobierno de entonces, bajo la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, y las instituciones más renombradas del sistema financiero trabajaron de consuno y con la consigna de salvar al soldado Bankia como aval de garantía de todo el sector bancario en España.

La OPV fue verdaderamente una cuestión de Estado, una de esas pocas veces en las que dirigentes de muy diversos pelajes e intereses se ponen de acuerdo en un objetivo teóricamente encomiable. La prolongación de la crisis hizo que el disparo saliera por la culata y que muchos de los presuntos implicados corrieran raudos a guarecerse tras las bambalinas, dejando que Rato siguiera fumándose un puro sobre el barril cargado de pólvora que contenía Bankia. Con una cabeza de turco tan espléndida algunos han conseguido irse de rositas, pero hasta el final del proceso nadie podrá sentirse dichoso de haber escapado a la resaca que todavía perdura después del tsunami financiero y el consiguiente rescate bancario en nuestro país.

Mientras la Fiscalía Anticorrupción resuelve con los jueces la estrategia a seguir y antes de que el incendio pueda propagarse de nuevo, en el Banco de España han decidido dar un paso al frente poniéndole buena cara al mal tiempo, como si la cuestión que se dilucida en la Audiencia Nacional solo fuera un mal sueño, producto de aquella fatídica mañana de verano de hace siete años cuando Bankia tuvo la triste ocurrencia de dar el salto a bolsa. El nuevo equipo supervisor que encabeza Pablo Hernández de Cos no ha tenido siquiera el más mínimo inconveniente en rehabilitar como director del Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) a Mariano Herrera, uno de los inspectores de Bankia que incluso llegó a ser inicialmente imputado junto a Miguel Ángel Fernández Ordóñez y otros compañeros del Banco de España en la instrucción del juez Fernando Andreu.

El nombramiento pone de manifiesto el poder efectivo que maneja dentro de la institución Margarita Delgado, equivalente al que ostentó en su día Fernando Restoy durante el mandato de Luis María Linde. La nueva subgobernadora ha llegado al cargo con las bendiciones de la ministra Nadia Calviño y el aval que otorga su experiencia en el Banco Central Europeo (BCE) como directora general adjunta del Mecanismo Único de Supervisión. Con estas credenciales Delgado trata de activar un cortafuegos que permita al Banco de España recuperar el tronío de antaño o, por lo menos, superar el mal trago de la etapa nefanda que ha vivido estos últimos años la venerable institución ubicada en el caserón de Cibeles.

La clase política ha actuado con el Banco de España como la sartén con el cazo, apártate que me manchas, pero lo cierto es que las críticas despiadadas vertidas estos días desde la comisión de investigación parlamentaria se han cebado con un organismo regulador que actualmente es un simple mayordomo distinguido al servicio de esos caballeros de horca y cuchillo que habitan en Fráncfort. El BCE es el vigilante de la playa financiera en toda Europa y la delegación española corre a este paso el riesgo de quedarse para vestir santos. Por todo ello, y antes de que sea demasiado tarde, los inquilinos del Banco de España han rescatado los últimos retales que faltan por cortar y están intentando coser algún traje que refuerce su capacidad de gestión y renueve algo de crédito ante las autoridades internacionales.

Los primeros pespuntes se están dando estos días con la pretendida fusión de Unicaja y Liberbank, una de esas parejas de baile que se han arrimado alguna vez que otra por los más concurridos salones financieros de antaño. El proceso de consolidación en el sector no permite ya muchas otras quinielas, de modo que esta vez el flirteo puede terminar en un banquete de perdices. Para el Banco de España sería una gran solución, el contrapunto feliz a la película de terror que empezó con la salida a Bolsa de Bankia y que no terminará hasta que Rodrigo Rato diga su última palabra en sede judicial a la vuelta de Navidades. Atentos a la pantalla

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