Domingo, 15.12.2019 - 07:34 h
Capital sin Reservas

Sánchez en el diván, entre la magia de Tezanos y el escapismo de Zapatero

Pedro Sánchez, o para ser más exactos Iván Redondo en su condición de primer lugarteniente presidencial, ha anticipado a este próximo lunes el gran debate electoral televisivo para que no coincida con la presentación del paro registrado mensual, que está prevista para el martes siguiente. De igual forma, los estrategas de la campaña socialista retrasaron tres días, del 21 al 24 de octubre, el ‘necroshow’ del Valle de los Caídos para que eclipsara, esta vez sí, la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al tercer trimestre. Una estadística que más allá de Cuelgamuros ha dejado un rastro siniestro para el mercado laboral, con algunos de los registros más malos malísimos que se recuerdan desde el año 2012, cuando España atravesaba los peores momentos de la gran recesión.

La momia de Franco ha dado paso al fantasma de Zapatero. El expresidente socialista se fue de rositas hace ocho años tras purgar todas las culpas de su nefasta gestión con la mayoría absoluta obtenida por el Partido Popular de Mariano Rajoy. Sin embargo, su recuerdo perdura en el tiempo hasta convertir su legado en alfa y omega de una crisis de la que todavía España no ha terminado de recuperarse y que amenaza ahora con un rebrote de consecuencias insospechadas a menos que los aspirantes al trono de La Moncloa demuestren un ejercicio de Estado realmente insólito. El historial que adorna a los actuales yogurines de la política española no es precisamente el más indicado para esperar grandes soluciones a los grandes males que aquejan al país.

Comparada con otras aflicciones estructurales que están al cabo de la calle y parecen haberse enquistado en las entrañas del acendrado folklore nacionalista, la economía patria parece aletargada en lo que algunos consideran un remanso de paz y otros entienden como la típica calma chicha que precede a la tormenta. Interpretaciones para todos los gustos dentro de un mundo virtual en el que los políticos y otros outsiders interesados se mueven a su antojo tratando de confundir la realidad con sus deseos. Precisamente el gran problema económico del país, otra vez a tropezar en la misma piedra, reside en la mezcla explosiva que implica el exceso de confianza con una capacidad insolente para el autoengaño como la que llevó al antaño Gobierno de Zapatero a negar una y otra vez la crisis antes de caer de bruces en ella.

Sánchez ha empezado a tomar un camino parecido, acomodado en el rebufo de los últimos vientos de cola y la coartada de las grandes tensiones internacionales. Una forma como otra cualquiera de mirar al dedo y guiñar el ojo para ocultar la luna del ángulo de visión focalizado exclusivamente en el 10-N. Ni la reprimenda de la Comisión Europea sobre la milonga presupuestaria elaborada por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha permitido a su colega de Economía, Nadia Calviño, reconocer una 'miajita' de la situación de crisis a la que puede verse abocada la economía española. La responsable de lidiar con Bruselas trata de observar el panorama con la misma miopía que su jefe, buscando un enfoque cortoplacista al estilo ‘tente mientras cobro’ patentado en su día por Pedro Solbes.

Ninguno de ellos, y de ellas, ha tenido que enfrentarse a una cuenta de resultados como les ocurre a otros dirigentes del partido que fueron ascendidos hace año y medio a la cúpula ejecutiva de las grandes empresas estatales. Muchos de los que se tomaron a pecho los nuevos retos profesionales sienten ahora en sus carnes la incertidumbre de una situación que ha alterado muy gravemente sus planes estratégicos. Sin ir más lejos, en la huérfana Sepi, tras la inmolación de Vicente Fernández Guerrero, están ahora a la cuarta pregunta, poniendo velas para que el enfriamiento al que alude Sánchez no se traduzca en un principio de congelación que eche por tierra la fiesta pactada con los sindicatos a golpe de ofertas de empleo, incremento de la tasa de reposición y programas varios de jubilaciones anticipadas.

Sombras de duda sobre la estadística oficial

Aunque los más complacientes aseguran que la economía todavía no está rascando en el bolsillo de los españoles está muy claro que la desaceleración es a día de hoy un hecho consumado que obligará a un nuevo ajuste del cuadro macro a la vuelta de unas semanas. El crecimiento estimado ahora oficialmente en el 2,1% para este año cada vez es menos de creer y el Banco Central Europeo (BCE) ya ha advertido a los responsables del actual Gobierno en funciones que harían mal en mantener a ultranza una pose falsa para no convertirse en portadores de malas noticias en vísperas electorales. 'Con las cosas de comer no se juega' es la moraleja que sustenta la advertencia de las autoridades de Fráncfort porque las estadísticas económicas tienen un caldo de cultivo muy denso y no se pueden condimentar como si fueran las mantecadas encuestas del CIS.

En los últimos días José Luis Escrivá, el presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF), ha vuelto a poner en tela de juicio la calidad y transparencia del material con el que trabaja el Instituto Nacional de Estadística (INE), una denuncia que está pasando bastante inadvertida, pero que arroja evidentes sombras de duda sobre los últimos datos de la Contabilidad Nacional, que esta misma semana situaban el incremento del PIB en el 0,4% durante el tercer trimestre. Un ratio que choca frontalmente con el diagnóstico de la EPA, en virtud de la cual el empleo medido en términos desestacionalizados ni siquiera ha llegado a subir un 0,1% en el mismo periodo. Sobre esta base mucho más fiable y teniendo en cuenta la correlación de la economía con el mercado de trabajo, no parece que el crecimiento trimestral haya ido más allá del 0,2% o 0,3%, lo que sitúa la evolución anual de España claramente por debajo del 2%.

La pócima del mago Tezanos quizá permita inducir el voto a favor del PSOE y facilite una victoria, más o menos precaria, de Sánchez en estas enésimas elecciones. El problema llegará a partir del día siguiente, cuando el supuesto y flamante presidente tenga que tragarse los datos reales de una economía que no da más de sí. El Gobierno ocioso de los últimos meses se ha movido con la inercia de las pasadas reformas estructurales, pero la evolución más reciente demuestra que se ha acabado lo que se daba. La situación es muy parecida a la de 2008, cuando Zapatero decidió esconder la cabeza bajo el ala a la espera y con la confianza de que amainase el chaparrón. Con él llego el diluvio para todos los españoles tres años más tarde. Esperemos que la maldición no se cumpla de nuevo porque, como es sabido, los países que ignoran su historia están condenados a repetirla.

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