Miércoles, 17.07.2019 - 07:14 h

Un acelerón, un frenazo, dos desplomes. Y una sorpresa

Acelerón, el del PSOE: según el sondeo de Metroscopia-Henneo para este diario, en apenas un mes habría aumentado sus apoyos electorales en cuatro puntos. Hoy por hoy, estaría cinco puntos por encima de su resultado de 2016. Este acelerón se debe fundamentalmente a un inesperado viento de cola: el desplome de Podemos (es decir, del conjunto de siglas que concurrieron a las últimas elecciones generales bajo la etiqueta común de Unidos Podemos) se traduce en un trasvase al PSOE de un sustancial caudal de votantes.

El otro desplome afecta al PP, pero a diferencia del que experimenta Podemos, pasa inadvertido. El hecho de que la formación que ahora lidera Pablo Casado pudiera ocupar, en estos momentos, el segundo lugar en el tablero político nacional difumina el hecho de que lo haría con poco más del 20% de los votos: un tercio menos de los que logró en 2016 (entonces le votó el 33% de los españoles).

El frenazo corresponde a Ciudadanos: el 15.4% de votos que ahora se le estima supondría un resultado estimable, visto desde la perspectiva de lo que consiguió en 2016 (13.1%), pero que ahora resulta incluso pobre, considerando lo que le auguraban los sondeos de Metroscopia hace apenas cuatro o cinco meses (27.7% en septiembre, 25.2% en octubre).

La sorpresa es el voto estimado, en el conjunto de España, para Vox: un 12.7% (en 2016, recuérdese, obtuvo…¡el 0.2%!). Nadie lo hubiera pensado hace cuatro meses. De hecho, se trata más bien de la confirmación de una sorpresa, que ya asomó la oreja, y con estruendo, en las pasadas elecciones autonómicas andaluzas. Ese 12.7% admite una doble lectura: por un lado, sugiere que el fenómeno Vox no ha sido un calentón pasajero, referido exclusivamente a Andalucía; por otro, invita a pensar que este estrellato demoscópico de que ahora disfruta la formación de Santiago Abascal (aun siendo de menor entidad que el que, en momentos anteriores no muy lejanos, experimentaron primero Podemos, Ciudadanos después), puede en cambio resultarle más rentable en término relativos pues lo está experimentando en pleno período electoral. Cuando Podemos y Ciudadanos estaban en la cresta de la ola demoscópica, liderando incluso las intenciones de voto, las elecciones quedaban lejos.

Tras estas tres dinámicas básicas se esconde, en realidad, un factor decisivo que, probablemente, es el mensaje de fondo del sondeo: la sustancial fluidez de los actuales alineamientos partidistas. Todo parece, en buena medida, provisional. Ni el PSOE tiene garantizada la aceleración que ahora experimenta (y de hecho, ni siquiera, el mantenimiento del peldaño al que en este momento ha llegado); ni el desplome de Podemos parece forzosamente (aunque por ahora sí difícilmente) irreversible; ni resulta imposible que el PP logre taponar (o incluso revertir, al menos en parte) la sangría de votos hacia Vox —siempre que, superando la añoranza del tiempo mejor ya ido, se reubique en lo que es nueva realidad—; y tampoco parece impensable que Ciudadanos logre reactivar ese electorado centrista que, desorientado, se mantiene en compás de espera y que podría incluso auparle hasta el segundo lugar de la tabla clasificatoria.

En suma: el guión electoral que subyace tras los datos de este sondeo constituye, quizá en mayor medida que en ninguna otra elección de nuestra actual democracia, un boceto primero y aproximado, más que una imagen más o menos nítida, de lo que puede acabar ocurriendo.

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