En mi molesta opinión

Algo huele a podrido en 'la corte' de Galapagar

Sánchez Iglesias
Algo huele a podrido en 'la corte' de Galapagar.
EFE

Al poder político le ocurre lo mismo que al dinero: si lo ganas fácilmente lo pierdes fácilmente. El partido de Pablo Iglesias, Podemos, llegó al estrellato por tener la habilidad de estar el día oportuno en el lugar oportuno. O sea, por estar Iglesias en la tele oportuna diciendo las hipérboles oportunas los días precisos. Eran los tiempos de la crisis económica, el 15-M y las tertulias políticas convertidas en espectáculos televisivos.

De repente, gente joven sin un pasado conocido -aún- pero con mucha ideología a flor de piel, se dedicó a señalar las goteras y las grietas de la política española que durante casi cuarenta años protagonizaron dos partidos. Y claro, todo en boca de Pablo Iglesias sonaba a nuevo y bueno, a verdades como puños que se estampaban en la boca de PP y PSOE, que eran los viejos y malos de la película. Siempre es más fácil denunciar y destruir desde fuera, que corregir y construir desde dentro.

Sin embargo, en muy poco tiempo -menos de cinco años- se ha visto que la nueva franquicia de Unidas Podemos tiene más de Izquierda Unida -y todo lo que ello significa de cara a un negro futuro- que de partido nuevo y regenerador que nació para traer aire fresco a la política española del bipartidismo. Ellos, que presumían de no ser castos, es decir, de no pertenecer a la “casta” de la política española, se han convertido en un lustro en un viejo partido de la vieja casta, repitiendo los errores y defectos que ellos denunciaban en los otros. En definitiva, y tras los resultados electorales de Galicia y País Vasco, se han transformado en un partido de extrema izquierda con tintes comunistas, residual y conflictivo, al que sólo le crecen las desgracias.

Ahora están instalados en medio de un proceso judicial que apunta a un presunto blanqueo de capitales y a una financiación ilegal del partido. Una vez más, como ya ocurriera en otros partidos, un excolaborador despechado, el abogado José Manuel Calvente, ha decidido tirar de la manta y denunciar supuestos delitos cometidos en UP. Aunque ni Pablo Iglesias ni otros camaradas como Echenique o Monedero utilicen la presunción de inocencia para los demás -por ejemplo, al Rey emérito le han llamado de todo sin estar imputado en nada-, es bueno y muy higiénico, desde el punto de vista judicial y democrático, utilizar esa consideración hacia Podemos. Aunque ellos, insisto, utilicen métodos cuasi mafiosos -de cloaca partidista- con sus rivales, o excolaboradores.

Contra Calvente presentaron una denuncia -falsa- por acoso sexual cuando éste decidió comunicar las irregularidades de Podemos. Incluso Iglesias acusó en televisión al exabogado de acosador y le retó a presentar una denuncia en los juzgados si realmente tenía alguna prueba contra Podemos. En pleno mes de agosto, la denuncia por acoso sexual está archivada por falsa y la justicia investiga la presunta Caja-B de Podemos. Y todavía colea, es decir, se investiga lo que ocurrió realmente con Pablo Iglesias y la tarjeta del teléfono de su amiga Dina Bousselham, que él ocultó durante meses. Otro grave asunto que salpica seriamente al líder de la formación morada.

De repente, Pablo Iglesias y Unidas Podemos se están convirtiendo en el cazador cazado. Ellos, que iban de pulcros e intachables, disparando a todo lo que se movía y se pasaban la vida señalando a los demás como culpables de casi todo, ahora tienen que afrontar serias acusaciones, ante las cuales no reaccionan como en su día ellos exigían que hicieran los demás: dimitiendo. Es la doble vara de medir, tan frecuente en su política. Lo que si hace UP es recurrir a todas las estrategias para desactivar las acusaciones de Calvente. Incluso el equipo legal del partido de Pablo Iglesias, actual vicepresidente segundo del Gobierno, ha interpuesto un recurso de apelación ante la Audiencia Provincial de Madrid aduciendo que las pruebas aportadas por Calvente fueron obtenidas de forma “ilícita” mientras trabajaba para ellos.

No satisfechos con inventarse una grave acusación de acoso sexual contra el exempleado, ahora intentan cerrarle la boca con argucias legales que servirán de poco, según la legislación europea. El recurso de UP está condenado al fracaso porque las leyes de la UE, que nada tienen que ver con la 'ley del embudo' que tanto utiliza Unidas Podemos, protegen a las personas que informen sobre infracciones del Derecho de la Unión. Es más, hay una directiva específica que protege de manera especial el derecho a denunciar la corrupción, como un derecho fundamental a la libertad de expresión y de información.

Los serios problemas judiciales del UP de ahora empezaron hace tiempo, incluso antes de que alguien tuviera la mala idea de crear una Caja B. Todo empezó con la gran casa de Galapagar. Para ser más precisos, cuando el matrimonio Iglesias-Montero, muy de izquierdas de toda la vida, decidió aprovechar una ganga y comprar un lujoso chalé con piscina. El problema, más allá de la bañera o aljibe que uno tenga en casa, radica siempre en lo básico: no puedes criticar, por ejemplo, a los políticos de derechas por tener un chalé, y a la mínima ocasión que se presente comprar tú uno como si fueras un 'parvenu' o nuevo rico de derechas, cuando te ganas los votos apelando a la conciencia de izquierdas y proclamando que tu siempre vivirás en Vallecas.

Un problema que a Pablo Iglesias y Unidas Podemos le suele pasar con frecuencia: acaban haciendo lo mismo que critican. Lo peor para ellos es que hay testimonios filmados de todas sus incongruencias. “Me parece vergonzoso. Que un diputado se pueda meter seis mil quinientos euros en la cuenta cuando la mayor parte de los ciudadanos de su país no llegan a mil, me parece una barbaridad”, le dijo Iglesias a Albert Rivera en un programa de televisión. Y añadió el líder morado: “Si la mayor parte de mis ciudadanos están cobrando mil euros, nosotros tenemos que ser ejemplo. Y es verdad que eso no soluciona los problemas, pero eso es una actitud. Es una manera de decir, mientras en mi país la mayor parte de la gente no se puede ir de vacaciones y no cobra más de mil euros, yo no puedo cobrar cuatro mil…”.

¿Dónde está hoy el vicepresidente del Gobierno? ¿Cuánto cobran hoy Iglesias e Irene Montero? Como recordará todo el mundo, Iglesias modificó en marzo los estatutos de su partido para poder perpetuarse él como líder, más allá de los doce años estipulados, y cobrar mucho más de los cuatro sueldos básicos que le correspondían. Es lo que tiene el comunismo, que cuando alcanza el poder se olvida de las promesas que hizo cuando estaba en la oposición. Algo huele mal en Galapagar y alguien lo tendrá que aclarar. 

Mostrar comentarios