Jueves, 16.08.2018 - 12:40 h
En mi molesta opinión
Analista político

El gran mosqueo alemán: "Si nos tocan las narices, nos vamos…"

Hace cuatro semanas, escribí que a los españoles no nos vendría nada mal parecernos a los alemanes. Ser más éticos y tener una mayor conciencia social, que no podíamos anteponer con tanta frecuencia el bien partidista al bien común. Que nuestro cainismo tenía que ser desterrado, y había que dar paso a una mayor solidaridad, que fomentara una convivencia más cívica y una cultura de pacto.

En cuatro semanas, lógicamente, no ha cambiado nada. Es más, se confirma el diagnóstico pesimista. Por ejemplo, la educación, que es el gran talón de Aquiles nacional, ha sufrido un nuevo revés. En esta ocasión ha sido el PSOE, aunque bien hubiera podido ser otro partido, el que ha tirado por el suelo todo un año de trabajo al decidir abandonar la subcomisión del Congreso que discute este asunto. El pretexto socialista ha sido la financiación, exigir –no tanto negociar- un inamovible 5 % del PIB.

Nadie discute que la inversión no sea imprescindible, lo que no parece tan razonable es retirarse de una negociación sin haber agotado todas las vías y echarle la culpa al Gobierno por un tema, el gasto, que no está en sus manos sino que está transferido a las comunidades autónomas. Queda claro que lo que no quería el PSOE era alcanzar un acuerdo con el PP. Que su imagen de partido está por encima del interés nacional y de la mejora del sistema educativo. El partido de Pablo Iglesias, Podemos, que exigía el 7 % de financiación, decidió un día después ir a rebufo del PSOE y abandonar también la negociación. Algunos ya huelen la proximidad de unas elecciones, o sienten el hedor de las malas encuestas, y buscan soluciones desesperadas para salvar sus muebles, aunque miles de niños se vean afectados.

A este tipo de egoísmos políticos me refería cuando pedía que los españoles intentáramos ser un poco alemanes. Pero hete aquí que los teutones no sólo nos dan ejemplo democrático desde su país, pactando una nueva gran coalición en aras del bien de la nación, sino que también tienen el detalle de hacerlo en nuestra propia casa.

Como llamar si no a lo que hicieron el martes pasado en el Circulo Ecuestre de Barcelona un centenar de empresarios alemanes pertenecientes al 'Círculo de Directivos de Habla Hispana', que representan a unas 1.300 empresas. Fue todo un detalle que le cantaran las cuarenta en su propia cara a un líder independentista como Roger Torrent. El presidente del Parlament de Cataluña, el que lleva el lazo amarillo incluso en el pijama, bebía mucha agua para poder tragarse todos los sapos y sopapos verbales que le dedicaron en español con acento muy alemán: “Los nacionalistas llevan treinta años mintiendo. Están actuando contra la Ley. Yo voto para que todos ustedes vayan a prisión”, dijo uno de los empresarios, estupefacto por lo que está sucediendo en una región española que tiene más autonomía que ningún Länder alemán.

Es razonable que el empresariado germánico esté asustado, acostumbrados a que en su país las leyes se respeten y las cosas funcionen razonablemente. De repente vienen a Cataluña a invertir su dinero y descubren un enorme sinsentido basado en un fraude legal, y que encima el Gobierno de la nación se lo toma con relativa pasividad, sin ponerse demasiado serio ante asunto tan grave.

Con esa autoridad moral y sin complejos que te da no ser español en España, los empresarios alemanes siguieron aplicándole a Torrent unas buenas duchas frías de realismo y reproches democráticos. Albert Peters, presidente del Círculo de Directivos de Habla Hispana, pidió algo que en Cataluña se está convirtiendo en revolucionario: “Vuelvan a la legalidad, respetando el Estatuto de Autonomía y la Constitución”.

Peters, como responsable del acto, templó gaitas para que Torrent, que hiperventilaba con dificultad, no se desmayara. Pero Peters no perdió su tono de demócrata alemán, y recurriendo a una expresión castiza dejó claro que los líderes de Tractoria, los de la independencia simbólica, están jugando con fuego: “Cataluña vale la pena, pero si nos tocan las narices y si se viola la Constitución, nos vamos”.

Desde aquí les agradezco a los empresarios alemanes que hayan hecho lo que no se han atrevido a hacer la mayoría de los empresarios catalanes. Pero me temo que el recado que le dieron a Torrent no calará en las mentes enajenadas de los políticos separatistas, demasiado ocupados en alimentar su victimismo y en tapar su corrupción con la “estelada”.

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