En mi molesta opinión

España necesita políticos inteligentes… pero no los hay

Pedro Sánchez conferencia de presidentes
España necesita políticos inteligentes… pero no los hay.
EFE

La inteligencia siempre ha estado valorada, aunque sólo sea por sus indiscutibles ventajas frente a su antagonista, la cortedad o la estupidez. Incluso en España, donde aún resuena el grito de “¡Muera la inteligencia!”, atribuido falsamente -según algunos historiadores- a Millán Astray, se tiene un alto concepto de la inteligencia humana. El reconocimiento y la valoración a esta facultad mental le vienen dados por tratarse de un bien escaso entre nosotros, a la vez que sumamente necesario. En estos tiempos necios y tan contaminados por la Covid-19 y por la estulticia que no cesa, la carestía intelectual se hace aún más evidente, para desgracia de todos.

Y no digamos si bajamos al terreno político, donde cualquier atisbo de inteligencia es considerado de mal gusto por la mayoría sectaria, y una verdadera amenaza para la supervivencia del líder, que a lo único que aspira es que le aplaudan lo más posible, sin que le cuestionen lo más mínimo. Vivimos tiempos en España en los que toda critica se ve como una amenaza y no como un ejercicio de análisis, y ese es el primer síntoma de que la falta de inteligencia campa a sus anchas por estos lares: se persigue y se aniquila la discrepancia con la excusa de proteger el bienestar de todos -en el fondo es por defender al líder o caudillo-, y se ensalza el aplauso como gran contribución política y gesto patriótico.

El miércoles pasado, el Grupo Socialista regresó al hemiciclo del Congreso saltándose las restricciones impuestas por el Covid-19 que el mismo había votado, al acudir al completo y renunciar al uso del voto telemático. Todos los partidos de la Cámara, incluido el PSOE, pactaron que sólo asistiría el 50% de los diputados de cada partido. Sin embargo, los socialistas fueron los únicos que decidieron incumplir la norma para poder ¡aplaudir! más fuerte a Pedro Sánchez.

Sí, lo han leído bien, se saltaron lo pactado para que los palmeros del presidente fueran más y se oyeran mejor. Este es el nivel de inteligencia y sagacidad al que me refería antes, y que los del PSOE adornaron con la explicación de que el PP ha incumplido esas normas en ocasiones anteriores. ¿En serio que esta es la altura mental de los actuales diputados? Que los errores de los otros te dan derecho a cometer a ti los mismos errores porque te conviene y te da la gana. Algo falla en esta clase política. Los hay menos cínicos y más sensatos, como el portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, que tras quejarse sin éxito a la presidenta Batet, dijo una sencilla frase que sonó a inteligente, como si la hubiera dicho Churchill: “Difícilmente vamos a hacer cumplir las normas a los ciudadanos si las incumplimos nosotros”. Puro sentido común.

¿Por qué se saltan las normas y actúan con esta prepotencia el Gobierno de coalición de Sánchez e Iglesias y sus respectivos partidos? Se diría que su único interés es tener desactivada a la oposición, que ese es su principal objetivo, aunque el país se esté hundiendo en la miseria. Parece que les preocupa únicamente la propaganda, y que lo de la crisis sanitaria y económica ya si eso lo dejamos para septiembre. Toda esta vergonzosa desidia recuerda a las míticas imágenes del Titanic, en las que mientras el barco se hundía la orquesta seguía tocando como si nada ocurriera, para amenizar y acallar los gritos de la catástrofe.

Este mismo miércoles, Pedro Sánchez anunció, para disgusto de la oposición, que la legislatura iba a ser larga. Pero se olvidó de añadir un dato fundamental: que iba a ser también muy dura. Ayer salían los datos del INE que anunciaban un desplome histórico de España en el segundo trimestre: la economía se ha hundido un 18,5%, convirtiéndose en los peores datos de nuestra historia moderna. Como las desgracias nunca vienen solas, he aquí otro dato escalofriante, que más que a dar palmas invita a salir corriendo: De los 39,5 millones de personas mayores de 16 años que residen en España, menos de la mitad, el 47%, tenían empleo a finales de junio. Es decir, para que todo el mundo se entere bien: ya hay más españoles sin trabajo que trabajando.

Se ha cerrado el curso político en medio de la mayor crisis económica que se recuerda, con récords históricos en la destrucción de empleo y en la caída del PIB. Por si fuera poca la desgracia, la pandemia del Coronavirus vuelve a coger fuerza en toda España, pero, sin embargo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se va de vacaciones el próximo martes, como si los graves problemas que tenemos fueran solo una anécdota temporal que cambiara por sí misma con el paso de las semanas. Queda claro que a estos gobernantes les apetece más figurar que trabajar.

El propio Sánchez dijo en sede parlamentaria que la cumbre europea le había supuesto “cinco días de trabajo extenuantes”. Se nota que nunca ha trabajado de verdad. Cinco días de duras reuniones, con serias discusiones con otros políticos, y le parecen a Sánchez extenuantes, como para pedirle que se dedique a asfaltar carreteras en pleno mes de julio. ¡Vamos hombre! Tenemos el peor Gobierno y la peor oposición en el peor momento económico y social de la historia de España, que llevará a la miseria a millones de familias, y en cambio estamos entretenidos en si el Rey Emérito ha pagado todos sus impuestos. Es evidente que hay que investigar los tejemanejes económicos del Rey Juan Carlos, que son importantes, pero no seamos imbéciles, el verdadero problema de España es otro -u otros- mucho más graves, y Sánchez lo sabe, pero se va de vacaciones.  

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