Viernes, 21.09.2018 - 14:34 h
En mi molesta opinión
Analista político

El paripé del PNV... o cómo pagando hasta San Pedro canta y vota

El ministro de Hacienda y la Función Pública, el gran chambelán de los Presupuestos Generales del Estado, Cristóbal Montoro, aprovechó su día grande para sacar a pasear sus características banderillas verbales: “Ahora, hay que apelar a la responsabilidad de otros grupos para sacarlos adelante”. 'Casi ná', que diría un paisano del ministro. Eso es lo más importante y lo verdaderamente complicado. Tal y como pinta el patio de butacas del hemiciclo, los apoyos políticos escasean y habrá que sudar sangre para obtenerlos, o recurrir al infalible truco de sacar conejos de la chistera. Es decir, billetes de la caja pública.

Lo de apelar a la responsabilidad de los políticos no lo dijo con ironía el señor ministro, sino que expresó el deseo íntimo de todo el Gobierno presidido por Mariano Rajoy. Sin unos presupuestos nuevos el futuro se puede poner negro para todos. Quizá por ello, el ministro siguió la estrategia quimérica del optimista ZP, si una cosa la deseas mucho y la exorcizas públicamente es muy posible que acabe haciéndose realidad. Pero en el juego del Monopoly estatal, los deseos y las conjeturas no bastan, lo que prima son los apoyos y el parné, que suelen ir del brazo como los enamorados. Tanto tienes, tanto vales. ¿Cuánto me das si te doy mis avales?

Recordemos que los PGE no son una mera lista de gastos, son la ley más importante que un Gobierno promulga ese año. Y lo que también es de gran importancia, condicionan su política real y, sobre todo, su economía estatal. En esta ocasión los presupuestos vienen marcados no sólo por la escasez de apoyos, sino por el horizonte electoral de 2019, lo que hace que sean más expansivos, es decir, Montoro, en calidad de representante generoso del Gobierno, muestra su versión más espléndida y comprensiva con el gasto y con las necesidades de los ciudadanos, por ende, futuros votantes.

Pongamos por caso, funcionarios y pensionistas, ambos colectivos se verán agraciados o compensados –elijan ustedes el término- con unas buenas subidas, si se aprueban estos PGE. Más allá de sus justas reivindicaciones y protestas, los jubilados y los trabajadores públicos son un caladero de millones de votos para el Partido Popular. Y no está el patio ni las encuestas para jugar al regateo. Los Presupuestos de 2018, también traen otros premios menores pero interesantes: sube la partida para la dependencia, crecen las ayudas a la maternidad y paternidad, se amplían las ofertas de empleo público, la política de infraestructuras engorda con fuerza, el gasto de políticas de empleo se incrementa casi un 4%, y así hasta los 451.119 millones de euros, que en términos generales son los gastos previstos para este 2018, lo que supone un incremento del 1,5% respecto a las cuentas de 2017. Como se suele decir con el gordo de Navidad, el premio de los PGE este año viene muy repartido, aunque siempre hay algunos que se benefician más.

Pero dejemos de lado los números, aunque en este caso sean importantes, y vayamos al quid de la cuestión. El Gobierno ya tiene el apoyo de Ciudadanos y de otros partidos menores (Foro Asturias, UPN, Coalición Canarias) pero necesita también los votos del PNV para aprobar los Presupuestos. ¿Los conseguirá? That’s the question. Los nacionalistas vascos, siguiendo con su estrategia de ponerle una vela a Dios y otra al diablo, han anunciado que mientras siga el 155 en Cataluña no apoyarán los Presupuestos. Este es el guión informativo que se sigue estos días, pero qué hay detrás del postureo vasco.

Según fuentes 'monclovitas', el apoyo está atado y bien atado. Es decir, pagado y bien pagado. Y no sólo por el cuponazo ya suscrito, también se incluye en estos PGE un 32% más de inversión en el País Vasco. 'Money, money'… demasiado dinero en juego como para dejarlo escapar tontamente por un quítame de allí ese 155. Sobre todo, para un PNV que practica el soberanismo de boquilla: un día al año se proclama independentista y el resto se dedica constitucionalmente a sus labores, a gobernar la próspera Euskal Herria o Vasconia, lo que ustedes prefieran.

Es cierto que a este Gobierno se le pueden achacar muchos defectos, pero no veo yo a Mariano Rajoy, tan gallego él, tan precavido él, tirándose a la piscina sin garantizarse antes que hay agua. Quedan cerca de tres meses para la aprobación definitiva de los PGE, y aunque el partido vasco deberá pronunciarse antes de ese plazo, todo apunta a que habrá fumata blanca. Pagando, San Pedro canta… y el PNV incluso baila.

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