Viernes, 21.06.2019 - 01:58 h
En mi molesta opinión
Analista político

Sánchez va ganando: qué puede hacer la derecha para cambiar el resultado

El día que prosperó la moción de censura contra Rajoy, el pasado uno de junio, me encontré en el patio del Congreso con José María Barreda, ex presidente de Catilla-La Mancha y diputado socialista. Mientras decenas de cámaras esperaban con ansiedad la salida de Pedro Sánchez, nuevo presidente del Gobierno, Barreda y yo entablamos una breve conversación. Me dejó muy claro que la moción -que Rajoy no supo ver venir ni tan siquiera oler- era una jugada política brillante para los intereses del PSOE y que les iba a venir muy bien. Primero, porque el partido salía de la mediocridad que sufría desde hacía años por culpa de sus fracasos electorales y su escaso numero de escaños, y también por la competencia amenazante de Podemos.

Segundo, porque tocar poder siempre sienta bien y te da una fuerza y un carisma especiales que los rivales no poseen, además de adquirir un protagonismo social y mediático que hasta entonces ejercían otros. Y que todo ese cambio, a pesar de tener que aceptar algunos apoyos cuestionables, como son los de los independentistas o batasunos, se iba a traducir en una subida de votos para los socialistas en las próximas elecciones. Barreda no contemplaba riesgos, ni tan siquiera que los posibles errores del Gobierno le pasaran factura al PSOE. Estaba convencido de que las ventajas eran superiores a los inconvenientes.

Oyéndole hablar, me acordé de Giulio Andreotti y su celebre teoría de que el poder desgasta, sobre todo al que no lo tiene. Y en esas estamos hoy en esta campaña, viendo que la oposición pedalea con fuerza pero no alcanza al “adelantado” del pelotón. Mientras tanto, el Gobierno, con un perfil mediático bajo, va a la suya, sin mostrar empacho alguno a la hora de hacer electoralismo todos los viernes, aprobando decretos ley no urgentes pero sí útiles para estimular el voto electoral.

Lo predicho por Barreda hace nueve meses, se está cumpliendo a rajatabla y se terminará de cumplir el próximo 28-A, según indican todas las encuestas. Aunque luego habrá que ver si se puede formar Gobierno. Lo único malo, es que el expresidente manchego no supo adivinar con tanta lucidez que el éxito de Sánchez no le sentaría nada bien a él; ya que no supo prever su propia caída en desgracia, la purga que le propinó la dirección del PSOE. A Barreda le defenestraron antes incluso de la disolución de las Cortes y de la convocatoria de elecciones generales. Todo fue por cuestionar esas malas compañías que aceptó Sánchez para ganar la moción de censura, y que luego pedirían a cambio algunas compensaciones.

Barreda se quedó sin ir a la Diputación Permanente por hacer declaraciones en varios medios de comunicación criticando la figura del “relator” que el Gobierno había aceptado para la mesa de partidos sobre el futuro de Cataluña. Su existencia, aunque explicada sin mucha fortuna por la vicepresidenta Carmen Calvo, provocó cierta alarma política, y obligó a suspender todo diálogo con los independentistas y a convocar las elecciones que ahora nos ocupan.

También se convocó, por este mismo motivo, la manifestación que celebraron las derechas (PP, C’s y Vox, principalmente) en la plaza Colón de Madrid, que incluía la protesta contra posibles pactos ocultos entre Quim Torra y Sánchez, que nunca se demostraron. La concentración en Colón fue un éxito de participación. Sin embargo, se convirtió en un arma de doble filo, la izquierda y principalmente el Gobierno, han sabido darle la vuelta y lo que era una concentración contra el Gobierno, se ha convertido en la clara consigna del miedo al posible pacto de las derechas, y especialmente a la entrada de la extrema derecha en las Cortes.

Y esa es la estrategia principal que sigue hoy el PSOE y que de momento le funciona. Esa, y la de no mencionar el problema independentista, que para el presidente del Gobierno es una cuestión que ha desaparecido del mapa, al menos de momento. El término España y sus símbolos tampoco acaban de ser bien digeridos por el socialismo de Pedro Sánchez. El pasado miércoles, se presentaron las 110 medidas del programa electoral del PSOE, y lo hizo el presidente del Gobierno en un escenario teatral rodeado de una veintena de banderas españolas, aunque en ningún momento se atreviera a hablar de la unidad de España, o del problema secesionista. Las banderas sólo eran decorativas y estaban intercaladas con las de Europa para evitar una alergia patriótica en ciertos sectores de la izquierda.

Falta menos de un mes para votar, y parece que el PSOE va viento en popa, salvo que Miquel Iceta se empeñe en lo contrario. El líder del socialismo catalán ha dicho esta semana a la revista “Berria” que si el 65% de los catalanes respalda la independencia, en los próximos 10 ó 15 años, la democracia española deberá encontrar algún mecanismo para encauzar ese sentimiento. ¿Son las palabras de Iceta una irresponsabilidad que le puede salir cara al PSOE, o por el contrario, es una forma de hacer campaña en Cataluña? Una de cal y otra de arena. Muy típico en política electoral.

Las palabras de Iceta coinciden con la postura de ERC, una formación política más dialogante que el PDeCAT, y que llegado el caso los socialistas podrían pedirle el apoyo para conseguir alcanzar el poder. Sánchez no habla de Cataluña para no perder votos, pero ahí está Iceta para mandar mensajes que engatusen a las fuerzas independentistas que tras las elecciones del 28-A pueden ser fundamentales para formar Gobierno. Casi nunca lo que sucede en política es lo que, en principio, parece. Los socialistas huelen ya su victoria, pero necesitarán apoyos de algunos partidos que, ahora en campaña, son malos compañeros de viaje. El dilema está claro: ¿qué teme más la sociedad española, un Gobierno de derechas, con Casado y Rivera en el poder y Vox de apoyo estratégico; o un Gobierno socialista de Pedro Sánchez con el respaldo -y exigencias- de los independentistas? Quien tenga la respuesta, y lo demuestre, ganará las elecciones.

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