OPINION

Aliviar la tensión, ¿simple necesidad o compleja decisión?

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Acudo a la sesión por primera vez. Voy recomendado por Blazquez, Mario Blazquez, el director de Marketing. Para estas cosas, como para otras muchas, es la persona con más visión de la compañía.

-La única manera de quitarte esa contractura de la espalda es yendo. Ya sabes –traducción directa de su habitual you know en las presentaciones ante la matriz-. Tienes que eliminar esa tensión…

Tras unos días valorando convenientemente el tema –mi formación de ingeniero así me lo impone- allá voy. Son las 20.00h del jueves y en lugar de desanudarme la corbata y los zapatos en el salón de mi casa, como cada día, lo hago en una pequeña sala de aroma singular. Sentado en una camilla. Algo dura y fría. Encima de una sábana ajustada que parece recién traída de la tintorería. Afirmo. Recién traída. Observo la bolsa plástica de una reconocida franquicia de lavandería desdoblándose perezosamente en la papelera del rincón. Menos mal que es un cilindro metálico con agujeros. Así la bolsa puede respirar... como yo. También me desdoblo para tratar de sacar los brazos de las mangas de la camisa hecha a medida. El tirón arranca de la nuca y llega hasta debajo del omoplato izquierdo. El plástico crece en volumen en la misma medida que yo me comprimo para extraer la mano del puño, un angosto extremo de tela ahogado por un gemelo en forma de corazón.

-El pantalón. ¿Qué hago con el pantalón? Miro alrededor de la camilla buscando una respuesta. Quizá la toalla geométricamente colocada sobre la silla situada justo enfrente sea la solución. Como en cualquier película. Sólo he de ponérmela alrededor de la cintura, tumbarme boca abajo y esperar. Sin calcetines. Eso sí. No como aquel día que intenté iniciarme en la filosofía yoga para encontrar el equilibrio perdido en mi inestable proceso de separación y divorcio:

–El Saludo al Sol requiere de una total traspiración de tu cuerpo y mente- me recriminó la monitora en un tono tan severo, como seductor y persuasivo. Un tono del que, sin lugar a dudas, debería aprender nuestro director de RRHH. Tengo que recordar hablar con él de este tema.

Un haz de luz roja calienta parte de mi espalda. Debe ser el previo al posterior tratamiento. Como en las retransmisiones de los partidos de fútbol de Movistar Plus. Siempre hay un previo antes del encuentro. Un calentamiento que coincide con el de los jugadores. Como también hay un después. “El día después”, con comentarios y análisis de la jornada. Igual que yo en este momento. El análisis de mi jornada se reduce a una aburrida retahíla que incluye casa, coche, despacho, taxi, restaurante, taxi, despacho, coche…camilla… un cántico hooligan al más radical sedentarismo.

Aprovecho la ocasión para sacar el tema y tratarlo abiertamente con el tipo que me manosea con tanta precisión como contundencia. Profesor de INEF, monitor de esquí, cinturón marrón de thai boxing y maestro Shiatsu, según relata. Esta última actividad es la que más recursos le genera. Difícil panorama para el deporte nacional amateur. Dos pruebas, una tumbada y otra de pie, confirman esta reflexión.

Repaso mentalmente una lista susceptible de actividades físicas que se pudieran adaptar a mis gustos, hábitos y condiciones.

Por gusto, elijo la esgrima –el recuerdo del “El tulipán negro” se cierne sobre mí desde pequeño-. No confundir al superhéroe con el intenso olor a desodorante verde estridente ni con la variante de margarina que se entrometía pegajosamente entre la miga de pan y el chorizo de aquellas meriendas infantiles, años antes de la llegada de la cultura bollycao.

Por hábito, reparo en el tenis. Los pasados éxitos en el torneo de la Ensaladera me empujan a ello. Además, soy un especialista en la de berros y canónigos, con un poquito de queso de cabra. O en la de ahumados con nuez y turrón de yema. No obstante, y para seguir avanzando, he de revisar la relación de la albahaca y el foie con el primer servicio y el drive.

Finalmente, y por condiciones innatas, he de considerar la Play, los dardos y el póquer online. Me revelo ante este hecho y pienso rápidamente –al mismo tiempo que giro sobre la camilla, ya ni tan dura ni tan fría- en el golf. Quizá lo más adecuado teniendo en cuenta mi estado físico y emocional y mi posición profesional. Alberto Rubí, presidente de la patronal, sólo habla de su put en las reuniones del sector.

Continúo añadiendo deportes a la lista –ciclismo, hípica, natación- al tiempo que entorno los ojos –sólo un momento- en la fase final de mi primera sesión de shiatsu. Además de recordar mi conversación con el director de RRHH, queda pendiente tomar una decisión en este sentido.

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