Jueves, 18.10.2018 - 20:45 h

Figueruelas como ejemplo 

La votación de los trabajadores de PSA favorable al preacuerdo firmado entre el Comité negociador de los sindicatos y la Empresa es un ejemplo de las relaciones industriales modernas. Los trabajadores han votado favorablemente. El Comité de Empresa ha salvado la cara. Pero in extremis. Eso debería ser un aviso para todo el sector automovilístico de España, incluidos los sindicatos.

Como se sabe las factorías españolas de montaje de coches son muy importantes. Suponen una fuente de divisas para el país, dado que una buena parte de su producción se exporta. Además son clientes de una pléyade de empresas auxiliares que crean muchos puestos de trabajo y, a su vez, exportan componentes. España es muy competitiva en este sector por la eficacia, la calidad de su producción y los costes.

Pero esa competitividad depende de cada factoría. Factoría que no compite solo con las de otras marcas en España, sino con otras fábricas de la misma marca a nivel internacional. Figueruelas compite en realidad con la factoría de Vigo de PSA, pero también con la de la misma marca de
Marruecos, Francia... y compite según el coste de cada unidad que sale por la puerta de la fabrica. Aquellas factorías que sean más eficientes ganarán la batalla y la “central” le programará producción, lo que se conoce como adjudicación de modelos. En este caso en Figueruelas se trataba del modelo Corsa, que la empresa amenazó con retirar si no había acuerdo. Si había acuerdo lo produciría, en caso contrario se cerrarían cadenas de producción, y disminuiría la plantilla.

En ese coste está incluida la mano de obra, que se mide en euros/hora de empleado. La planta de Figueruelas es bastante eficiente, pero no lo suficiente si aumentas los costes de personal. Por eso, la negociación ha girado sobre los aumentos salariales. Mejor dicho, sobre la congelación de los mismos y el crecimiento del 50% del IPC en próximos años.

A la vista de esta situación el lector se podrá preguntar: ¿si tenemos que competir con plantas como la de Marruecos, como hacerlo sin bajar los salarios a sus niveles y empobreciendo a nuestros trabajadores industriales del automóvil? La respuesta está en Vigo. Esa factoría tiene costes laborales superiores a los de otras, pero PSA no piensa reducir su producción ¿por qué? Porque la eficiencia de la cadena, la combinación de I+D+i, las ayudas de la Xunta de Galicia a esa innovación y la situación geográfica, cerca de un puerto, la hacen muy rentable y útil para toda
la empresa.
Para PSA Vigo es un lugar de aprendizaje para ser más
eficiente a nivel global.

La conclusión es clara: si queremos tener empleos industriales bien pagados, nuestras empresas, en combinación con las Administraciones, tienen que crear zonas de innovación permanente. Ya no vale sólo tener mano de obra disponible eficaz, hay que acompañarla con cabezas pensantes. Toda la fábrica debe estar en un proceso de “mejora continua” en combinación con el entorno que le rodea.

Un desafío para directivos y trabajadores. También para los sindicatos. Una política sindical a largo plazo es la que ayuda a este crecimiento de esa eficiencia. Entonces será mucho más fácil negociar buenos salarios. Porque en está economía global competimos también con los trabajadores de todo el mundo, incluidos los de nuestra propia empresa.

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