Miércoles, 18.09.2019 - 01:44 h

No se lo van a creer: ¡España es de centro- derecha!

Desde la Transición había un principio sociológico indiscutible: España era de centro-izquierda. Si querías situar el electorado entre el 0 (derecha) y el 10 (izquierda) se suponía que la media ponderada de su situación era entre el 6 y el 8; una encuesta tras otra. Solamente ganaba el PP si los votantes de izquierdas se abstenían de votar.

Pues bien, las últimas encuestas dan un sorprendente cambio de tendencia. La suma de Ciudadanos y PP (primero y segundo partido en preferencia del electorado según las dos últimas) es más del 50%. En alguna de ellas casi el 60% ¡España se ha vuelto de centro-derecha!

¿A que se debe ese cambio sorprendente? Después de los acontecimientos del último trimestre, que han sido la sido la frontera del cambio de tendencia, no es difícil sospechar que se deba un efecto defensivo de algo que parecía dormido en la época Constitucional: el sentimiento de unidad nacional español. La izquierda siempre ha pensado que eso era algo rancio, propio de la derecha reaccionaria. Algo que se asociaba al franquismo. Pero se equivocaban. Por debajo de la apariencia de indiferencia la conciencia histórica del Estado moderno más antiguo de Europa se mantenía viva. Solo estaba dormida y ¡ha despertado y con fuerza!

En la Transición y después de ella decir España no estaba de moda. Se prefería la frase: Estado Español. En realidad una expresión de origen franquista. No hay que olvidar que Franco era el Jefe del Estado. Todo debido a un complejo frente a los nacionalismos periféricos que se
consideraban la modernidad
. Algo también erróneo, porque sus orígenes, lo quieran o no, se remontan al Carlismo más reaccionario. No es extraño que el independentismo más genuino se refugie en las zonas rurales de Cataluña o los caseríos y barrios urbanos dispersos del País Vasco. Zonas donde el Carlismo mantuvo el sentimiento de un tradicionalismo rancio frente al liberalismo español. Tampoco es extraño que parte de ese independentismo se defienda por una parte del curato rural contrario a un cambio de costumbres que, según ellos, minaría su “poder espiritual” (que transcendía lo puramente religioso).

El sentimiento de la España Constitucional entronca con el liberalismo del XIX, aquel que quería una nación de personas”libres e iguales”. Una expresión que hace unos pocos años ha vuelto a renacer y se quiere extender al resto de España. En conclusión, frente al pesimismo sobre el
futuro de España y el complejo con nacionalismo periférico, la nación empieza a reaccionar. Las próximas elecciones lo demostrarán. Por eso los independentistas catalanes tenían tanta prisa. Su olfato político les avisaba que su situación en septiembre pasado era la cumbre de su éxito y, a partir de ella, decrecería.

Efectivamente, estamos ante la segunda transición. Pero el resultado va a ser muy diferente del que deseaba el llamado “progresismo”. La nación de naciones, el Estado federal y otros inventos pueden quedar arrumbados frente a este renacido sentimiento de unidad nacional ¡Quien se lo iba a decir a los independentistas! A base de estirar la cuerda se pueden quedar sin ella. El PNV lo sabía y, por eso, negoció el cupo en la mejor situación para ellos. Los catalanes arrastrados por el fanatismo de la CUP se equivocaron, podían haber sacado otra tajada igual que el PNV, pero se pasaron de radicales.

Ahora empieza otra vez el juego y si hubiera nuevas elecciones generales el Congreso tendría una mayoría partidaria de la Constitución mayor que la actual.

Ahora en Portada 

Comentarios