Viernes, 20.09.2019 - 02:30 h

Tras el 21-D, otro medio punto de PIB menos para 2018, más sufrimiento

Si los catalanes hubieran votado más al constitucionalismo España hubiera crecido más del 3 por ciento en 2018. Después del 1O los analistas redujeron en un 0.5% sus previsiones de crecimiento para el año que viene. Ahora después del 21D calculan otro tanto. Así que el más del
3% que podría haber crecido el PIB, se puede convertir en un “alrededor del 2%”.
Maldito regalo que la política ha hecho por navidad a la economía.

Ambas realidades, economía y política, son como los vasos comunicantes; aquel teorema de física que aprendimos en el bachillerato. Al final tienen que igualar sus niveles. Es lo que ha pasado. El Gobierno creía que bastaba con cuidar de la economía y se olvidó de la política.
Política que ha reivindicado su prevalencia y lo ha hecho con fuerza. De momento el efecto se deja notar en la disminución del consumo en Cataluña y la salida de empresas de esa Autonomía. El frenazo en su PIB será entre el 2 y el 3% o más. Como Cataluña es casi el 20% de España eso
supone entre el 0,4 y el 0,6% para toda ella como mínimo.

Eso fue antes de saber que el 21D iba a discurrir como fue. Ahora esa bajada puede ser mayor, casi el 1% o más ¿Seguro? Nada es seguro en política o sociología y, menos aún, en economía. Dependerá de cómo lo hagan los protagonistas. Los líderes españoles y dentro de ellos los
catalanes. Esa es su responsabilidad.

Porque esa bajada supone menos trabajo, menor subida de sueldos, menos recaudación fiscal, más déficit público, más deuda pública, menos servicios sociales, sanidad y educación... En definitiva, más sufrimiento para la gente modesta, aquella a la que dicen defender y de la que de
verdad se olvidan con frecuencia.

¿Serán capaces de renunciar a sus objetivos de ideología, partido o personales por ellos? De momento las declaraciones de ambos no dan pie a la esperanza. Como dice el refrán: las cosas de palacio van despacio. Hace demasiado poco tiempo para que cambien las posiciones, después
de haberse enfrentado. Pero, a la vez, corre prisa.

Cataluña está dividida por la mitad. Unos gana en votos, otros en escaños. Y en cada una hay quienes se consideran líderes de ellas. Lo importante es que sepan que ser líder de una mitad es ser mitad líder; sólo uniéndolas se puede ser líder de verdad ¿Serán capaces de hacerlo? Lo hicimos una vez en España ¿Por qué no repetirlo?

Se sabe que, dadas las circunstancias, los mecanismos de aproximación entre posturas tan diferentes exigen aproximaciones sucesivas ¿Se estarán produciendo? Esperemos que si. Si no están ocurriendo pensemos en un milagro que lo haga posible. No es casualidad que estemos en Navidad.

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