Viernes, 16.11.2018 - 20:05 h
La huella de la mirada
Editor y escritor

Libertad, bendita libertad... ¿A quién provocas?

Rivera dijo que iría a Alsasua a homenajear a los guardias civiles agredidos y fue. Bien hecho. Y, como era de esperar, le liaron el follón. Pero hizo bien al ir, moleste a quien moleste, que así es la bendita democracia que consagra la libertad de manifestación. Manifestación pacífica, además, a diferencia de los que trataron por todos los medios de boicotearla. La manifestación fue legítima y oportuna. ¿Por qué, entonces, ha molestado tanto? Ya lo dijo él mismo. ¿Es que acaso precisa permiso para visitar Alsasua/Navarra/España? ¿Es que existen puntos rojos donde la libertad de manifestación no existe para los demócratas?

Entra dentro de lo habitual – que no de lo normal - que los filoetarras se indignen y protesten por ello. No lo hacían cuando los suyos mataban a inocentes con un tiro en la nuca, o cuando segaban vidas, piernas, manos y ojos con coches-bomba masivos. Defender y justificar a los terroristas, para ellos, es democracia. Apoyar a los guardias civiles o a cualquiera de las muchas víctimas de ETA les resulta faccioso, totalitario y antidemocrático, vaya por Dios. Ya conocemos sus monsergas delirantes y, desgraciadamente, nos hemos acostumbrado a ellas. Hasta ahí, de acuerdo. Pero, ¿por qué el gesto ha irritado a otros partidos democráticos? ¿Por qué lo han criticado considerándolo como una provocación?

Alsasua. Un partido constitucionalista convoca un acto en apoyo a los guardias civiles que fueron agredidos junto a sus parejas cuando tomaban una copa en un bar de la localidad. Se les unen, testimonialmente otros dos partidos y varias organizaciones sociales. Es lo mínimo que las fuerzas democráticas podían hacer, desde luego. Apoyar a los que nos defienden cuando son vilmente agredidos. Pero, muchos lo han considerado una provocación. ¿Provocación? ¿Quién se siente provocado? ¿A qué provocación se refieren? Nada más natural que el apoyar, libre y pacíficamente, a las fuerzas de seguridad del Estado allá donde sean atacadas. ¿O es que sólo los filoetarras pueden manifestarse allí donde desean? Alsasua es tan española como Vigo, Manises, Badalona o Torre-Pacheco. Cualquier partido político español puede solicitar permiso y manifestarse libre, pacífica y democráticamente en cualquier localidad española. ¿Cuál es el problema, entonces? ¿Qué molesta a los que odian a la guardia civil o a la bandera española? ¿Acaso se teme ofender a los Bildu-hooligans? ¿O es que algunos se ponen nerviosos al advertir que las cosas han cambiando y que los que hasta ahora han guardado silencio desean exteriorizar, prudentemente, su sentir español? ¿Y a quién provocan con ello? ¿A quién ofenden?

Defender democrática y pacíficamente los valores en los que se cree no es ninguna provocación. Y si alguien se siente provocado, es cosa suya, que en una democracia hay que tolerar lo que piensa el vecino, aunque no guste, siempre que cumpla la ley. No, lo de ir a Alsasua no debería ser percibido como una provocación. Lo verdaderamente indignante y provocador es que los mismos de siempre hayan tratado de impedir la concentración, con piedras y palos, que al parecer es como entienden la democracia. Menos mal que la guardia civil y la policía foral protegieron a las personas que legítima y democráticamente decidieron concentrarse en Alsasua y que venían a ejercer su libertad. Y si alguien se siente provocado, es su problema.

Algunos dicen que la manifestación ofende el dolor de las familias de los encarcelados por la agresión a la guardia civil. Pues que no hubieran atacado a personas inocentes, que si están en la cárcel no es por capricho de nadie, es como fruto de la justicia democrática que nos protege de bárbaros como ellos. Si no hubieran apaleado a los guardias civiles estarían tan contentos en sus casas, que así es el estado de derecho. En todo caso, cuando se manifestaron en favor de esos presos agresores, nadie fue a boicotearles el acto. Pues bien, es necesario que comprendan que la democracia es igual para todos. Ellos tienen derecho a manifestarse legal y pacíficamente, faltaría más, pero idéntico derecho lo tienen quienes defienden el papel de la guardia civil. Y hacen bien ejerciéndolo.

¿Por qué ha inquietado tanto a algunos el acto de Alsasua? Pues porque evidencia que algo ha cambiado. Hace tan sólo dos o tres años nadie se habría atrevido a manifestarse en Alsasua o en Barcelona o en tantos sitios en los que se persigue al constitucionalismo español. Por miedo, por apatía o por el que dirán, nadie se atrevía a sacar una bandera española y salir a manifestarse. Hasta ahora siempre fueron los que estaban en contra de la constitución los que mayoritariamente se manifestaban, disfrutando del derecho constitucional de la libertad de expresión y de manifestación, que para eso está. Pero idéntico derecho poseen los que desean una España unida y con igualdad de derechos para todos. Pueden manifestarse dónde y cuándo quieran, siempre que soliciten los permisos correspondientes. Hacen bien en hacerlo, si lo desean, y si lo consideran de su interés. ¿Electoralismo? ¿Y qué acción política no conlleva un reflejo electoral? Pero antes no se hacía y ahora sí, señal inequívoca de que algo ha cambiado.

Sí, algo ha cambiado desde la asonada de los independentistas de Puigdemont y compañía. Algo que ha sacudido la pasividad que nos atenazaba cuando de defender la constitución, la bandera o la unidad de España se trataba. Y muchos han dicho basta. Y van a salir, democráticamente, a la calle a defender su creencia en una España unida, al igual que durante muchos años han salido en solitario los que querían dinamitarla. Tan democrático es querer la independencia de un territorio como el querer mantener España unida. Pero somos muchos más los que respetamos el espíritu de concordia y convivencia que la constitución consagra. Y, en democracia, la diferencia de pareceres se arregla votando. Y lo que dice la mayoría se hace. Pues eso. Votemos, pero votemos todos, cuando la materia afecta al conjunto nacional. Eso es lo que garantiza la constitución que nos acoge y protege. Pero eso no gusta a quiénes desean leyes y países a su particular medida y no a la medida de las mayorías. Votemos, pero votemos todos. Y somos más, muchos más, los que deseamos vivir en una España para todos. Por eso, la constitución provoca a quiénes quieren anularla. Pero también por eso, las mayorías que entienden que su convivencia está en peligro van a salir a la calle a mostrar su apoyo a los símbolos que la garantizan.

Sin embargo, algunos aún se sorprenden cuando grupos de ciudadanos se manifiestan pacíficamente en defensa de la constitución, de la convivencia, del respeto para todos o de la bandera española. Pues que se vayan acostumbrando, porque cada día, más españoles van a salir a defender a lo que consideran su patria, a la que aman. Ya lo vimos en el otoño pasado cuando, ante las dudas de un timorato Rajoy, centenares de miles de banderas comenzaron a surgir espontáneamente en ventanas y balcones de ciudadanos anónimos, que clamaban en silencio por su derecho a seguir unidos, por su derecho a decidir sobre el futuro de su país, a no permitir que una minoría hurtase el derecho de la mayoría.

Hasta ahora los independentistas dominaron las calles, es posible que, a partir de ahora, tengan que compartirlas con los que no lo son, que son muchísimos más y que idéntico derecho tienen a manifestarse para defender aquello en lo que creen. Y eso va a pasar, fenómeno que se incrementará en medida que el gobierno Sánchez no sea percibido como garante de la unidad de España y de los principios constitucionales. Esperemos que esto no ocurra y que nuestro presidente sea el primer defensor de la unidad nacional, como le corresponde en función del alto cargo que ostenta.

Malos tiempos corren, cuando hay que pedir perdón para defender pacíficamente a la bandera y a la constitución que nos garantiza la democracia, la libertad y el bienestar que algunos quieren dinamitar por sus delirios independentistas. Sólo existe libertad cuando ampara por igual a todos, y no sólo a unos cuántos. Rivera estaba en su legítimo derecho de apoyar a los guardias civiles en Alsasua y ha hecho bien, pero que muy bien, en ejercerlo. Quién debería hacérselo mirar, en verdad, es a quién, sin ser independentista, se ha sentido ofendido ante este legítimo ejercicio de libertad. Libertad, bendita libertad… ¿a quién provocas?

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