Lunes, 20.05.2019 - 15:15 h
Mano izquierda
ICAE/Universidad Complutense de Madrid. Ex Ministro de Industria, Turismo y Comercio

El impacto del nuevo Gobierno en la economía

La semana pasada, en estas mismas páginas, (véase "La moción de censura y los mercados financieros") tuve ocasión de comentar críticamente la absurda campaña de que la moción de censura de Pedro Sánchez contra Rajoy había desatado la incertidumbre de los mercados financieros, tanto en la bolsa como en la rentabilidad de los bonos y la prima de riesgo. Los datos desmintieron rápidamente esa falacia: los mercados financieros sufrieron un deterioro exclusivamente por la situación política de Italia, que explicó un 100% de ese deterioro.

Esta semana, la historia se repite, pero con otra música diferente. Ahora la campaña tiene una doble vertiente:

a) El nuevo presidente no tiene legitimidad democrática, pues “no ha salido elegido por las urnas”.

b) El cambio político frenará el buen ritmo de crecimiento de la economía española. 

La legitimidad democrática 

No hace falta ser un experto en derecho político para entender que el argumento la falta de legitimidad no tiene ningún sentido. Al presidente del Gobierno le elige el Congreso de los Diputados que, a su vez, es elegido por las urnas. Y con un mandato de hasta 4 años, salvo que el presidente decida disolver las Cortes y adelantar las elecciones. Rajoy nunca quiso hacer uso de esa prerrogativa, y siempre dijo que había que “agotar las legislaturas”. Por tanto, este Congreso tiene toda la validez de las urnas hasta 2020, por decisión personal de Rajoy.

Conviene recordar que Rajoy fue investido en 2016 tras la repetición de las elecciones de 2015. Y lo consiguió gracias a la abstención del Partido Socialista, una decisión responsable, de Estado, que hizo que el PSOE sufriera un profundo desgarro entre su militancia. Y ha sido ese mismo Congreso, con la misma legitimidad que la que tuvo Rajoy para ser investido en 2016, el que ha elegido a Pedro Sánchez. También ha sido discutido que el PSOE no tiene una mayoría en la Cámara para gobernar. Pero tampoco la tenía Rajoy, que en su investidura en 2016 no consiguió el apoyo del PNV, pero más adelante lo logró para aprobar los Presupuestos de 2018. Finalmente, se ha debatido sobe la magnitud del apoyo parlamentario a Pedro Sánchez: “apenas 180 diputados”.

Gráfico Miguel Sebastián uno
    

Pero, tal como demuestra la tabla, 180 no es un apoyo “escaso”, en términos históricos. La media de los apoyos recibidos en las investiduras ha sido de 184 diputados y, si excluimos los dos casos de mayoría absoluta tras las amplias victorias electorales de 1982 (PSOE) y 2000 (PP), la media ha sido exactamente 180, el respaldo que recibió Pedro Sánchez el pasado viernes, 1 de junio.

Desaceleración económica por el cambio político

En cuanto a la segunda vertiente, que “este cambio político va a frenar la recuperación económica”, se suelen utilizar dos argumentos, que se autoalimentan:

(i) La administración se paraliza cuando alterna el color político en el gobierno, al tener lugar un cambio masivo de cargos intermedios y puestos de confianza, retrasarse la aprobación de proyectos en tramitación, frenarse la puesta en marcha de nuevos proyectos, etc.

(ii) Cuando hay un cambio político desde la derecha a la izquierda, se genera más incertidumbre y se retrae la inversión, tanto doméstica como extranjera, a la vez que tiene lugar un retraso en los planes de gasto en bienes de consumo duraderos de los consumidores.

En la tabla a continuación presento las variaciones del crecimiento del PIB en los trimestres cercanos a los 5 cambios políticos (de derecha a izquierda y viceversa) que ha habido en España desde la aprobación de la Constitución en 1978. En la segunda y terceras columnas se recogen los cambios en la tasa de variación del PIB, en términos anuales, en el trimestre siguiente al cambio político (+1 trimestre) y dos trimestres después de dicho cambio (+2 trimestres), para recoger posibles impactos distintos en el corto y en el medio plazo.

De ambas columnas se deduce que, en general, el primero de los argumentos es falso: los cambios políticos no frenan la marcha de la economía. Las dos únicas excepciones serían:  (i) el segundo trimestre de 1996, el inmediato posterior a la victoria de Aznar en marzo de 1996 en la que el crecimiento se moderó en 5 centésimas y (ii) el primer trimestre de 2012, tras la victoria de Rajoy en 2011, en la que la economía se deterioró en medio punto adicional. En efecto, el PIB pasó de crecer un -1,83 en el último trimestre de 2011 a un -2,33% en el primer trimestre de Rajoy, en 2012, y un -2,79% en el segundo. En el resto de los cambios políticos no se detecta ningún signo negativo.

Gráfico Miguel Sebastián dos
   

Si queremos tomar en consideración la “inercia” de la economía, nos debemos fijar, además, en la primera columna, que nos dice cuánto estaba creciendo el PIB un trimestre antes del cambio político, y si se ha truncado dicha tendencia o no como resultado de la alternancia política. Vemos que en 1996 sí tuvo lugar ese efecto, pues la economía sufrió un “bache”: el PIB pasó de crecer un 2,54% en el primer trimestre (las elecciones fueron en marzo) a crecer un 2,48% en el segundo, para luego volver a acelerar hasta el 2,99% en el tercer trimestre. Sin embargo, para ser objetivos, el impacto negativo del cambio de Zapatero a Rajoy parece explicarse en parte por la inercia, pues el crecimiento económico ya se había deteriorado en -0,58 en el trimestre anterior.

En cuanto al segundo de los argumentos, que el cambio de color político de “derecha a izquierda” perjudica a la economía, la tabla también es bastante concluyente. Es cierto que, teniendo en cuenta la “inercia”, es decir, la primera columna, al asumir el Gobierno de Felipe González a principios de 1983, la economía  su crecimiento, aunque a un ritmo menor al que traía de su propia inercia. Pero fue mucho mayor el frenazo con la llegada de Aznar, en el que la tasa de variación del PIB incluso cambió de signo. Y algo parecido ocurrió al llegar Zapatero al Gobierno: la economía se estaba desacelerando a principios de 2004 (las elecciones fueron en marzo), al pasar de crecer un 3,42% en el último trimestre de 2003 a crecer un 3,03% en el primero de 2004. Sin embargo, tras la llegada de Zapatero a la Presidencia, volvió a acelerarse, creciendo un 3,13% en el segundo trimestre y un 3,46% en el tercero.

En conclusión, no parece que los cambios políticos supongan, a corto plazo, un freno a la actividad económica, con la excepción de la llegada de Aznar en 1996. Y, además, no se detecta un patrón regular en el sentido de que el crecimiento se vea perjudicado si el cambio político es “de la derecha a la izquierda”. Por el contrario, si acaso, se encuentra evidencia de que lo que suele ocurrir es lo contrario.

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